El periodismo como una de las malas artes

Cruz(Nota: Por problemas técnicos ajenos a la redacción, este texto no se pudo publicar ayer; remediamos hoy la falta).

Un periodista austriaco se cubrió ayer de gloria (y aún sobró gloria para cubrir a una parte de la profesión)

27 de Febrero.- Llevo viviendo muchos años en Austria y tengo que reconocer que, gran parte del amor que le tengo a este pueblo y a sus gentes radica en que nunca dejan de sorprenderme. Esta tarde pasada, en la redacción del Joite, diario gratuito de gran circulación en esta capital, Herr Clemens Oistric (según las fotos de la güeb del Jeute, apenas un chavalín), se debió de sentar delante de su ordenador, hizo crujir las articulaciones de sus dedos (cras, cras) y escribió este titular que a mí me parece grande, pero muy grande:

“Sí, yo embalsamé a Jörg Haider”

Y después:

“Heute encontró a la embalsamadora”

Como si la señora hubiera sido llevada a lugar en donde reposaba el político estampanado por dos tipos de traje negro con pinganillo en la oreja, hubiera restaurado la faz del muerto, hubiera remetido las entrañas en la cavidad abdominal (¡Hasta eso lo cuentan!) y luego, la hubieran hecho desaparecer, cambiándole el nombre y la identidad y la hubieran enviado a Guatemala.

¿Puede haber algo más prodigioso? Es el periodismo puro, considerado como una de las malas artes, en la misma tradición de William Randolph Hearst o de Jorge Javier Vázquez. Desde sus tumbas (bueno, Jorge Javier desde su plató) los dos paradigmas del noticiero le susurraban a Oistric:

-Plumillas, si no hay noticia…pues macho ¡Te la inventas!

-¿Y si no es verdad?

-Lo importante es llenar la página.

-¿Y si no es importante?

-Pues tú haces que sea importante. La importancia de las cosas se mide por el tamaño de la letra en que están impresas.

-Ah, vale

Es hacer un titular del aire, de la nada, es como una sonata de Bach…Es…Es…Es para quedarse sin palabras. De verdad que Oistric se merecería un “manolito” de piedra en algún lugar importante.

Como este ciudadano anónimo que comentó, a mi lado, en el metro, la reciente prohibición de fumar en todas las dependencias del Ejército Austriaco (incluso al aire libre):

-¡Se puede ser más tonto! ¡Qué van a hacer los reclutas entonces! Cuando yo estaba en la mili nada más que fumábamos como carreteros, bebíamos como cosacos y hablábamos de follar.

Como para hacerse pacifista, señora.

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