Momentos de alta tensión para un español en Austria

Mickey MausDel «tierra trágame» al «si mi madre me estuviera viendo» un ranking de momentos en los que un español, en Austria, no sabe dónde meterse.

1 de Marzo.- Da igual el tiempo que lleves viviendo aquí. En el trato diario con los austriacos siempre hay momentos que al español se le hacen raros, porque van un poco en contra de la manera en que hemos sido educados, o de los usos comunes en España. Al principio, uno pone cara de “profesional”, mira a un lado, mira a otro, y piensa “ojalá que no me esté viendo nadie” o, peor, “si mi madre me viera”. Pero luego, al cabo de los años, uno termina por acostumbrarse hasta que deja de importarle o bien hace lo posible por hacer una labor pedagógica y enseñarle a los austriacos a hacer las cosas como Dios manda (o sea, para muchos españoles, esta frase significa “como en España”). He hecho un pequeño ranking. A ver qué os parece:

En el número cuatro de los momentos de alta tensión para un español está el tema de los saludos. Los españoles, al principio, lo tenemos muy claro. Hombres, estrechamiento de mano (abrazo en su caso, besos –dos- en caso de familia o de hombres gays que se saluden entre ellos), con las mujeres, dos besos si te las presentan y, si hay alguna relación laboral, la mano. Vale. Hasta ahí bien. Pero es que resulta que el concepto de los austriacos de lo que podríamos llamar “espacio vital” es mucho más restringido que el nuestro. O sea, en plata: los austriacos se tocan mucho menos que los españoles (entre ellos, se entiende). Y esto, claro, hace que los besos se conviertan en un tabú. Así que, mano para ellas, mano para ellos. Besos solo en casos muy de familia. Pero es que también a los niños, en cuanto pueden, los educan también para estrechar la mano de los adultos. Y claro, a todos nos ha pasado que nos digan: “Este es mi  Hansi” y tienes ahí a un niño de siete u ocho años que te tiende la mano firmemente como si fuera Florentino Pérez deseando cerrar un trato con un jeque de Qatar. Este, además, es un momento de alta tensión de doble filo, porque se vuelve contra el español cuando ese español vuelve a España y eso de que le planten dos besos se le hace un signo de promiscuidad intolerable y, cuando se los plantan, se queda con cara de “oiga usted, de qué nos conocemos para que me deje sus babas en la mejilla”. Momento de alta tensión ambiental.

En el número tres de esta pequeña lista de esos momentos que te hacen apretar los esfínteres está lo que yo llamo “el superpoder austriaco para las salsas”. Para explicar este superpoder hay que dejar claro que en Austria no se come pan. “Pero comen pan negro”, dirán algunos. Ya: pero eso, señora, no empapa. O sea, que no sirve para mojar y, por ende, para eliminar las salsas que llevan algunos alimentos. Di que aquí, por ejemplo, te sirven el gulasch con pasta. Tallarines, por ejemplo. Y claro, mientras tú estás intentando no ponerte hecho un cerdo con los tallarines (cosa que ya es una proeza cuando los tallarines vienen nadando en algo), los austriacos no solo siguen impolutos, sino que han dejado el plato, inexplicablemente, más limpio que una patena ¿Cómo lo hacen? Científicos de todo el mundo están estudiando el fenómeno y aún no han llegado a ninguna conclusión.

En el número dos de nuestros momentos de alta tensión ambiental está el momento en que, en verano, te llevan a bañarte a alguna zona de esparcimiento público y empiezas a ver las carnes del personal colgando por ahí “al vent” (bueno ¡Y si solo fueran las carnes!), y tú te miras justo debajo de la cintura y ves que llevas bañador y sigues bajando la mirada y ves las siglas FKK, que delatan el principio de la zona nudista y te dices: “pues va a ser que ahora me toca a mí”. Y,sin pensarlo, porque estas cosas es mejor hacerlas sin pensar ¡Raca! Te bajas el bañador y te quedas como tu madre te echó a funcionar por este pícaro mundo. Este momento de alta tensión, si bien se mira, no es, así de primeras, de tanta tensión. Cuando de verdad la tensión sube es cuando, de pronto, te encuentras con tu vecino que te saluda llevando por toda vestimenta un sombrero (que ya se sabe que lo de coger insolaciones no está bien) o con alguna compañera de trabajo a la que tú, en horario de oficina, conoces como persona seria de aire matronal. O peor, di que tú vas en bolas por la Lobau (siendo blanco de todos los mosquitos, que mira que son dañinos) y te encuentras, un poner, con tu jefe que va completamente vestido y que lleva de la mano a sus niños. Eso sí que es un tierra trágame total.

Y por último, en el primer lugar de nuestro ranking de momentos embarazosos para un español está uno que ni los propios austriacos tienen resuelto. Es ese momento en que tú llegas a una fiesta a la que te han invitado y claro, no quieres que te tomen por un gorrón y no te presentas con las manos vacías y en esto que los anfitriones te saludan ( “Ay, Paco, qué delgado te has quedado ¿No estás menos calvo desde la última vez que nos vimos?”) y tú, con la bolsita en la mano como si fuera una granada de mano que no sabes dónde soltar, ni cuándo, pero tú sabes que tienes que soltarla en algún momento. Tengo visto que a los austriacos esto les produce también mucho estrés. No es de extrañar que, una vez pasado el trago de soltar la bolsita con los “moncherís” se lancen sobre el bufé de las bebidas y se sirvan un gintonic bien cargado. Bueno, yo siempre he pensado que era por eso ¿No?

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Un comentario a Momentos de alta tensión para un español en Austria

  1. Raul dice:

    Yo añadiría otro momento, para mi el peor, que en realidad en un posible derivado del momento 4: Cuando saben que eres español y que saludas a las chicas con 2 besos, y ellas están dispuestas a ello en honor de tu españolidad, pero sin embargo, tú quieres cumplir con los usos y costumbres del lugar ofreciendo la mano… y se produce ese terrible momento en que la austriaca te intenta dar los 2 besos, pero tú intentas dar la mano, y al ver que ella te intenta dar los 2 besos tú rectificas intentando los 2 besos, pero ella a su vez al ver que no es el cálido y besucón español que esperaba ya ha cambiado de opinión avergonzada de su atrevimiento y te ofrece la mano y al final queda una extrañísima mezcla entre besos y mano difícil de describir…
    No exagero si os comento que miles de veces me ha pasado esto con las amigas de mi mujer, y a día de hoy nunca estoy todavía seguro de como saludarlas…

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