La incomodidad del canciller austriaco

ManifestanteCuando los periodistas le preguntaron al canciller austriaco su reacción fue la esperable, pero no dejó de ser curiosa.

8 de Abril.- Querida Ainara (*) : una de las consecuencias del encogimiento que, en los últimos años, han experimentado los dos grandes partidos políticos austriacos (antaño hegemónicos) es que sus dos cabezas, que comparten el Gobierno de esta nación, se presentan juntos a la hora de dar cuenta a la prensa –y, a través de ella, a los ciudadanos- de sus opiniones a propósito de las cosas que pasan en el mundo y que afectan a Austria.

Hoy, naturalmente, el tema de la rueda de prensa ha sido la visita del primer ministro griego a Rusia.

La actitud de los sus dos compañeros de profesión austriacos ha sido la esperable, pero no por eso ha dejado de ser curiosa.

El conservador, sobra decirlo, ha sido fuertemente crítico con la visita de Alexis Tsipras al Kremlin; mientras que el socialdemócrata ha sido muchísimo más indulgente (llamativamente más indulgente) y, de hecho, se le notaba en graves aprietos para criticar lo que puede calificarse de muchas maneras y casi ninguna buena ¿Qué hace un político europeo de visita en un país que tiene un concepto tan curioso de las libertades –por calificarlo de alguna manera- y que lleva años envuelto en una deriva ultranacionalista, religiosamente fundamentalista y económicamente despiadada? Pues todos lo sabemos. Combine usted en la misma frase “bajada” y “pantalones” y tendrá usted la solución, diría un malpensado.

No conozco demasiado a Alexis Tsipras aunque me puedo imaginar que, en la situación desesperada en la que se encuentra Grecia, es probable que haya decidido que vender su alma al diablo es la última posibilidad que le queda para sortear el peligro de la bancarrota (es legítimo: para eso le pagan los griegos, para que les salve) pero la incomodidad del canciller austriaco sí que me parece muy sintomática de la doble empanada mental que aqueja a una parte de la izquierda europea.

La primera parte de la empanada mental es la de considerar a partidos como Syriza primero, como correligionarios, cuando en realidad son una mezcla de reacción, populismo, fantasía y estrechez (y ahora me refiero a la económica de sus votantes); la segunda parte de la empanada mental es la que identifica la Rusia actual primero, con lo que fue la Unión Soviética y, segundo, con una especie de contrapeso al poder del capitalismo supuestamente demoníaco que representan en ciertos caletres los Estados Unidos (y la Unión nuestra como una extensión de dicho poder transoceánico).

De resultas de esta doble confusión, se dan casos como los de los españoles que se fueron a Ucrania a luchar del lado ruso y portaban banderas tricolores republicanas españolas con incongruentes estrellas rojas. Los pobrecicos estaban en la película que no era y no se habían dado cuenta, ya que las autoridades de lo que ahora se llama Novorussia (un término, por cierto, desempolvado de la de los zares) había prohibido en las elecciones para elegir a su Gobierno títere las candidaturas comunistas; o el llamativo silencio de los medios españoles más afines a Podemos a la hora de informar de la visita de Tsipras a Moscú, o la misma incomodidad del canciller austriaco que se limitó, durante la rueda de prensa de hoy en el Hofburg, a recomendarle a Grecia “que hiciera los deberes” (sí, esa tontada también ha colado en el lenguaje político austriaco).

¿Es esta confusión el rasgo más llamativo de los tiempos que vivimos? Pues Ainara, no lo sé. Aunque quizá todo se reduzca a que hay gente que lee demasiado y gente que lee demasiado poco.

Besos de tu tío

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Un comentario a La incomodidad del canciller austriaco

  1. Charls dice:

    Hut ab! No podría estar más de acuerdo. Esta clase de estereotipos e idealizaciones supone sin duda un serio problema para la credibilidad de la izquierda.

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