Un estudio de la fauna austriaca

MozartLa mayoría de los austriacos son encantadores pero hay algunos que, en presencia de un español, empiezan de pronto a hacer cosas raras

9 de Abril.- Hoy, mientras esperaba el metro, pensaba yo que los españoles en Austria somos, en algunas situaciones, como las personas que sufren alguna discapacidad.

La mayoría de las personas se comportan con nosotros (bueno, hablo por experiencia personal) con toda la naturalidad del mundo y, si uno tiene suerte (como es mi caso) el ser español o extranjero puede ser, en muchas situaciones, una circunstancia positivísima y un punto a favor nuestro. Yo siempre digo que, a favor de los españoles, juega siempre el factor país. O sea que, en general, a los austriacos les caemos fenomenal.

Ahora bien, lo mismo que algunas personas que gozan del uso normal de todas las partes de su cuerpo y de su mente, no pueden evitar sentirse torpes y conscientes de sí mismos en presencia de alguna persona con movilidad reducida o con algún tipo de discapacidad intelectual hay algunos austriacos que, mal comparado, sienten este tipo de timidez que incluso llega al pánico, en presencia de un español (o de cualquier otro extranjero).

Por la reacción del aborígen ante el español me he entretenido en elaborar la siguiente clasificación que no pretende, por supuesto, ser ninguna tesis académica:

El austriaco “Whisper XL”: ya saben mis lectores (sobre todo los que asitieron a la gozosa aurora de Tele 5), o sea “alto y claro”. Estos austriacos sospechan que, como el español habla con un acento raro es que lo que le pasa no es que sea extranjero, sino que está como una tapia y, en cuanto uno se pierde alguna palabra, se lían a gritos con uno. Lo mejor es soportarlo con toda la paciencia del mundo. Y sonreir, sonreir mucho.

El tipo “anglófilo”: este es un tipo especialmente desconcertante porque es el que, por impaciencia, por ansiedad o, a lo mejor, por demostrar que han ido a colegios de pago, son los que se apresuran a romper el tabú que se establece invariablemente entre el español y el austriaco. Dicho tabú es que, aunque tenga un acentazo, el español habla un alemán que es medianamente comprensible o que, por lo menos, sirve para la comunicación. El tipo “anglófilo” en cuanto te ve tropezar en alguna piedra del idioma en el que le parieron, empieza a hablarte en inglés. Y cuando tú quieres volver al alemán, demostrándole que tú lo hablas y que le entiendes, él erre que erre, te sigue hablando en inglés, para que tú te sientas cómodo.

El “Ian Gibson”, bautizado así por el célebre –y coñazo- hispanista inglés. Estos son los austriacos que presumen de saber más de España que tú mismo (en algunos casos tienen razón, no se puede negar, porque hay por ahí cada Jessica y cada Jonathan que Dios tiembla, pero en otros casos, como quedará demostrado más adelante, no). Los “Ian Gibson” son de varios tipos. Los hay expertos en la problemática vasco-catalana, que piensan que España es un lugar en donde se tiene esclavizada a una parte de la población. Los hay que piensan que con Franco vivíamos mejor –suelen ser los más jóvenes-. Los hay –hijos de español y austriaca- que son austriacos o españoles según les va conviniendo (en general, cuando están en España gustan de ser austriacos y cuando están en Austria gozan españoleando). En fin, que hay una variedad.

El “alto alemán” (y no nos estamos refiriendo a ningún tiarrón de Hamburgo). El “alto alemán” asume que tú lo que tienes que aprender es la lengua de Goethe en su forma más pura y, por lo tanto, tratan de hablarte con una pronunciación fuera de este mundo, confiando en que tú algún día sabrás imitarla. Como contraposición y ya por último está, naturalmente:

“El dialectal”: esto es: el que pasa completamente de la gramática, de la pronunciación y de los academicismos y quiere mentalizarte de que lo que tú necesitas en la vida es aprender el alemán que habla la gente por la calle, en su casa, en el trabajo, con sus niños. Esto es, el dialecto. Lo malo de esto es que tú terminas contagiándote y, como las palabras en un idioma extranjero, para el que lo aprende de mayor, es inevitable que pierdan su peso, pues a veces terminas soltando cosas inconvenientes en las situaciones más inhóspitas.

Y tú ¿Con cuáles de estos tipos te has encontrado?

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3 Responses to Un estudio de la fauna austriaca

  1. Iria dice:

    yo me he encontrado con todas las variantes. Mi encargada pertenece a la dialectal jjj. Pero me hace gracia la de hablar gritando porque hace poco tiempo di a luz y la enfermera que me dio el alta me chillaba un montón!! Señora, soy extranjera, no sorda!!! Además me dio las indicaciones por escrito también !

  2. Charls dice:

    El “anglófilo” no es exclusivo de Austria. Yo lo sufro en Alemania. Y lo peor es cuando uno se encuentra en ese “valle lingüístico” en el que todavía no domina el alemán pero sabe lo suficiente como para echar a perder sus conocimientos de inglés si no los practica a diario; sigue siendo más fácil escucharlo, pero no hablarlo. Para muestra: “yeah [mezcla de “ja” y “yes”] but I’m… arbeiting… on Dienstag”.

    El “dialectal” es también otro buen especímen, yo en concreto he sufrido uno que por serlo pasaba automáticamente al modo “anglófilo”. ¡Esto da para un buen estudio!

  3. Raül (RaulMuroc) dice:

    Todos los que enumeras en variantes XDDD!!

    Añado pero en el “Ian Gibson”, me he encontrado en grupos de practicar el alemán donde va gente de todas nacionalidades, que te salta por ejemplo un Hindú (suelen ser ellos, o los chinos) que domina ya bastante el alemán porque lleva un par de años dándole, y te pega rollos sin dejarte participar en la conversación, monólogos vamos, todo en Alemán explicándote la historia de España. Así que supongo que esto es un “Ian Gibson importado” 😉

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