El extranjero como «Nini»

ViennaSegún la OCDE la prueba de cómo funciona la integración en un país son los parámetros que muestran el grado de éxito educativo de los hijos de los inmigrantes. Veamos cómo está la cuestión en Austria.

2 de Julio.- Desde que vivo en Austria, una de las palabras que más he oido es “integración”. Como la Micebrina antiguamente: por lo menos, una vez al día. Se podría decir incluso que todos los austriacos, desde el que habita en palacio al que pesca en ruín barca, tiene un concepto claro y personal de lo que deberíamos hacer los extranjeros para “integrarnos”. Naturalmente, cuanto más a la derecha, más debemos esforzarnos los extranjeros en convertirnos en sigfridos rubios (o sea, que seamos extranjeros, pero que no cantemos mucho) y cuanto más a la izquierda, pues menos debemos los extranjeros en ser como se supone que es el austriaco estándar.

En fin. Yo, soy un gran amante de todo lo austriaco. Amo este país con todas mis fuerzas, con un cariño entrañable, de verdad, y todas estas quisicosas me hacen bastante gracia. Por eso, cuando, un poner, me pongo a cantar canciones de Danzer o les hablo a los austriacos de la historia suya propia (que, en algunos casos, desconocen) y los ciudadanos aborígenes se hacen cruces y me preguntan:

-Y tú, Paco ¿Cómo es posible que sepas esto?

Yo, les contesto, irónicamente:

-Porque estoy muy integrado.

No lo pillan, claro, porque el cerebro austriaco, en algunos especímenes, no registra la ironía (nacen, los pobres, con este defectillo genético y, los que no, pues se casan o se lían con alguien del sur, por eso somos tantos).

Hombre con barba

Ironías y bromas aparte, creo que, como extranjero es importantísimo integrarse. Conservando cada uno lo suyo, naturalmente (que es con lo que nosotros ayudamos al desarrollo de la sociedad austriaca y a su enriquecimiento) pero hay que intentar por nuestra parte adquirir algunas de las muchísimas costumbres buenas que este país tiene.

Esto de la integración resulta particularmente complicado en algunas edades tontas y, naturalmente, en algunos medios económicos. Austria, en esto, tiene un problema y la OCDE no deja de advertir sobre esto. La sociedad austriaca (cada vez menos, afortunadamente) es muy clasista y muchísimo menos impermeable por lo general que la española y los hijos de los inmigrantes tienen muchísimas probabilidades de convertirse en “Ninis” (Ni estudia, ni trabaja) que un chico que tenga sus padres austriacos. También, en los chavales con lo que aquí se llama “Migrationshintergrund” tienen una tasa de abandono temprano de la escuela un diez por ciento mayor que las de los austriacos.

Grafitti

La ultraderecha piensa que los chicos de los inmigrantes no se integran porque están esperando a tener la edad para sacarse el carnet del ISIS (o sea, que no se integran y abandonan la escuela porque no les sale de los pelenguendengues estudiar y prefieren vivir a costa del Estado), las personas normales pensamos que es una cuestión de los recursos que el Estado destina a “repescar” a los jóvenes que se salen del sistema. También hay un punto importante y decisivo a la hora de que un joven hijo de inmigrantes se integre y tenga éxito profesional en el país de acogida o se convierta en un Nini: el nivel educativo de los padres.

Por cierto, un dato curioso: en Austria, los ninis hijos de inmigrantes triplican aproximadamente a los ninis hijos de autóctonos. En España, que es el segundo país con más Ninis de toda la Unión, apenas hay diferencia (aunque ganan por poquito los ninis hijos de extranjeros) ¿Será que están más integrados?

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