Sacando punta

sacando puntaEn el periódico podrido hay un diamante escondido. O de cómo la información más interesante salta, a veces, en los sitios más inverosímiles.

16 de Agosto.- Ayer murió Rafael Chirbes, escritor español autor, por ejemplo, de Crematorio. Yo le conocí personalmente, y tuve oportuidad de tratarle (lo que él se dejó, que no fue mucho, porque era un caballero bastante borde al que la responsabilidad de ser consciente de lo mal que iba el mundo no le dejaba vivir) durante un fin de semana en el que, invitado por una salada fundación valenciana, fui a recoger un premio (!Ay, entonces no había ni crisis ni nada!).

En una de las sobremesas (creo recordar que de una comida) Chirbes decidió que ya era hora de notar mi existencia y, dirigiéndose a mí con notable condescendencia (muy justificada, dada mi nula importancia como escritor) me preguntó lo que, supongo, le hubiera gustado que alguien le hubiese preguntado a él cuando empezaba:

-Y ahora, los jóvenes ¿Qué es lo que leen?

Yo podría haberle dicho cualquier nombre de los muchos escritores a los que leo (o „releo“ que aparte de quedar más fino, es verdad) pero como no me gusta ser pedante, le dije:

El Pronto. Los jóvenes de ahora, leemos el Pronto.

Rafael Chirbes me miró con cara de pensar que yo era un gilipollas y se volvió hacia otro de los ganadores del concurso el cual, en aquellos momentos, estaba ya bastante pedo (!Alcohol y literatura! Tradicional binomio). Supongo que se pusieron a hablar de cualquier oscuro escritor centroeuropeo.

Mi respuesta no iba con intención de ser una boutade sino de constatar una de las constantes de mi vida: yo soy una persona a la que le gusta moverse por los márgenes de la realidad, porque lo que se escribe y se dice en los márgenes dice mucho del tiempo en que vivimos.

Aprendí a leer en el Pronto (mi madre me enseñó) y creo que por eso también escudriño los periódicos gratuitos austriacos, tan alejados de aquella revista barata en donde las folklóricas de mi infancia revendían una y mil veces sus memorias por capítulos y Jorge Javier Vázquez hizo sus primeros pinitos como plumillas (y no hago el chiste que me pide el cuerpo sobre las plumazas actuales porque quedaría un poco Fernando Esteso).

En fin: hoy el Österreich trae, entre todas las mierdas habituales, una pepita de oro.

Es un artículo que, como aquellos sueltos del Pronto de mi infancia podría ser catalogado en la sección de „Curiosidades“ pero que demuestra que la única fuerza que entiende cómo funciona el mundo de la comunicación actual es aquella en la que están representados los partidarios de Mordor: o sea, la ultraderecha.

Hoy, en el Österreich explican cómo funciona el perfil en Facebook de HC Strache y cómo él se aprovecha de la conversación global para llevar el agua a su molino.

Naturalmente, y a pesar de lo que dice el periódico, que asegura que Strache está detrás del cincuenta por ciento de los contenidos, el político no es el autor de todas las cosas que se publican, sino que su perfil lo lleva un equipo de personas, que son seis.

En España, a este oficio se le llama „Comunity manager“ (una denominación por cierto desconocida totalmente por estos lares). Se turnan durante el día para cubrir de las ocho de la mañana a las diez de la noche, que es el horario de máximo número de visitas.

De vez en cuando, con un ten con ten muy bien llevado (porque una cosa no quita la otra), este grupo de personas dicen una burrada calculada para provocar una reacción en los medios que dé notoriedad al perfil (es aquello que pasaba indefectiblemente cuando, de pequeños, en el recreo alguno de nuestros condiscípulos decía una palabrota, faltaba tiempo para que alguien fuera a los demás y dijera: „!Fulanito ha dicho pu y lo que sigue!“ pues ahora, en vez de puta, pues pongan mis lectores cualquier cosa racista o similar).

Cuando se genera la consiguiente reacción pública de repulsa (que es lo que ellos quieren, que el ojo público se dirija a Strache) se borra el comentario que la provoca y se pone algo que a Strache le interese.

Es una estrategia simple pero que da unos resultados estupendos, sobre todo considerando el nivel del electorado al que Strache se dirige. Además, las variaciones de temática están muy bien llevadas y obedecen a una estrategia perfectamente calculada. La última, por ejemplo, empezó hace días, con un post en el que Strache insinuaba que Haider, su mentor (aquellos de mis lectores que no estén informados sobre su persona pueden pinchar aquí) había sido asesinado por oscuras fuerzas a causa de haberse atrevido a decir la verdad sobre los inmigrantes y los refugiados y tal y tal.

Este post le servía a Strache para dos cosas: a) para recibir algo de luz reflejada de un político como Haider y b) para hacer sutilmente un comentario racista.

Es un post diseñado para generar debate sobre algo que está ya cerrado (o sea, Haider se estampanó contra un muro porque iba borracho como una cuba) y, sobre ese debate, presentar a Strache de una determinada manera ante el público (sé que es retorcido, pero es que el mundo de la comunicación funciona así).

Hoy, para remachar, Strache le ha dado una entrevista al Österreich, el cual ha elegido como titular „Vivo desde hace diez años con amenazas de muerte“.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Sacando punta

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