Para qué sirve la ortografía

BibliotecaEscribir bien es, aunque no lo parezca, un arma poderosa con la que todo inmigrante debería poder contar.

25 de Noviembre.- Querida Ainara (*) : en el mundo conviven dos maneras de sentir el tiempo y se puede entender la vida humana como el trayecto que va de la una a la otra. Por un lado, está el tiempo de los niños, que es un tiempo de paso largo, en el que todo es presente y la realidad es como una esfera que no tiene costuras ni grietas. Por otro lado, el tiempo de los adultos, que va corriendo cada vez más rápido, que se va acelerando uniformemente hasta que uno tiene la sensación de que las semanas le duran un suspiro y los meses, dos.

En el tiempo largo de los niños viven los largos cursos escolares que parecen pensados para dar de sí todo lo posible; es el tiempo del aprendizaje de las cosas y lo que no se aprende en esa época (o sea, en la época en la que tú estás ahora) no se aprende nunca de adulto, o se aprende muy dificultosamente.

Pensaba yo en esto mientras esbozaba camino del trabajo la carta de hoy.

El otro día, alguien dejó un mensaje en el mentidero que los españoles tenemos por estas tierras, ese grupo de Facebook, pidiendo trabajo.

El mensaje estaba escrito con una ortografía tan humilde como los trabajos auxiliares que quien lo puso decía querer hacer -aunque no tan humilde como la bestia parda que, en otro, puso un „bacaciones“ y se quedó tan ancho-.

Una participante asídua del grupo le recomendó al que pedía trabajo que intentara escribir algo mejor, y el otro contestó muy dolido en su amor propio que él „no tenía la suerte de tener tantos estudios“.

Yo quise ponerle un mensaje al infractor ortográfico pero las palabras que se me agolpaban en los dedos eran demasiadas para andar tecleándolas con el pulgar en la pantalla del móvil, así que hoy, para él y para ti Ainara, que algún día quizá te veas en la necesidad de empezar de nuevo en un país extranjero, escribiré lo que quise decirle a aquel hombre, que fue esto:

Querido amigo: haces mal enfadándote con quien te ha regañado por pasarte la ortografía por el forro del carné de padre y, si fueras medianamente listo,no solo te hubieras callado, sino que te hubieras apuntado bien el consejo.

Aprender a escribir con corrección debería ser la primera inversión que hicieras en tu carrera laboral austriaca -debería haber sido la primera de tu carrera laboral en general, pero nunca es tarde-; sobre todo porque las personas que van a leer el mensaje que has dejado no te conocen y esas palabras escritas van a ser, para bien o para mal, tu cara delante de esa gente que te va a dar trabajo, antes de que esa gente vea tu cara efectivamente. De lo que lean y de cómo esté puesto, se van a hacer una idea de cómo eres, de tu capacidad (es cruel, seguramente es injusto, pero es así) y naturalmente, necesitas que esa idea que se hagan sea la mejor posible para inclinarles a darte un trabajo.

Si eres consciente de que, por desidia o por falta de ocasión, no pudiste tener una formación mejor, esta es la oportunidad perfecta para remediar la falta, porque te va el pan en ello. Si de verdad tienes amor propio, si tienes algo de pundonor y, sobre todo, si tienes algo de inteligencia (que estoy seguro de que la tienes) haces mal en enfadarte con quien te dijo que escribías con faltas; antes bien, deberías pensar en su consejo y aprender mejor las reglas de tu idioma, las cuales aparte de hermosas, son muchísimo más fáciles que las del idioma en que vas a vivir.

Escribir bien no es cuestión, hoy ya no, de clase social, ni de estudios y, además de para conseguir un empleo, forma parte de unos hábitos, como los de la higiene del cuerpo, cuyo mantenimiento es imprescindible para hacer más agradable y eficaz la convivencia entre las personas. Y si vives en un país extranjero, más aún, porque el idioma propio será el mayor anclaje a la solidaridad ajena con el que cuentes. Es más: escribiendo mal les das la razón a los imbéciles que dicen con la boca llena que „siempre ha habido clases“ y que la cultura es cosa de ricos. Les das la razón a los que hacen todo lo posible porque los hijos de los trabajadores (quizá, en el futuro, tus hijos) no podamos estudiar porque dicen, por ejemplo, que con las becas solo se perpetúa la vagancia de los que no saben aprovecharlas.

Escribir bien, con precisión, con claridad, con aseo, es una de las pocas cortesías de este mundo que salen gratis y la mejor manera, y la más económica, de demostrar que aparte de trabajar bien, piensas bien; y la capacidad de pensar es lo que nos hace más humanos“.

Besos de tu tío

(*) Ainara es la sobrina del autor

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Un comentario a Para qué sirve la ortografía

  1. Imma dice:

    Por desgracia, en España se ha asentado una corriente de pasotismo intelectual generalizado. Desde los años ochenta, y de la mano de la tan celebrada Movida, se fue acomodando en nuestro país la idea del «todovalismo».
    Al regresar de una larga estancia en Inglaterra a finales de los ochenta, llegúe a un país donde amigos y conocidos utilizaban en público unas expresiones que nunca había escuchado hasta entonces fuera de las cuatro paredes de la intimidad familiar. Expresiones soeces y malsonantes eran utilizadas como una expresesión de colegueo entre gente sofisticada y con cierta sensibilidad cultural. Desde entonces, hemos visto como en el cine se aplauden hasta la extenuación cintas, desde cualquier punto de vista obscenas, en las cuales el antihéroe, reflejo de todos los vicios conocidos y por conocer, le roba el protagonismo al héroe. Poco a poco los periodistas e intelectuales han ido siendo substituídos en los medios de comunicación por «adolescentes cuarentones» chismosos y deslenguados con mucho desparpajo y poquísima educación. El hablar y escribir con corrección simplemente no está de moda. La vulgaridad se ha impuesto.
    Pero esta tendencia ha calado muy hondo. Mientras en Austria los niños de tercero de primaria no aprueban alemán si hacen más de dos faltas de ortografía, en nuestro país los textos en lengua materna de muchísimos alumnos al final de la ESO son un sinsentido y están sembrados de errores ortográficos. Evidentemente este galimatías afecta también a la expresión oral. Mientras tanto, profesores y directores de centros educativos, desde los más sencillos a los más prestigiosos, hacen la vista gorda por cuestiones varias que escapan a mi comprensión.
    En este caldo de cultivo emerge una parte elevadísima de población que a pesar de tener estudios secundarios es prácticamente incapaz de expresarse con corrección en su propia lengua.
    Un saludo

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