Viena, ciudad de artistas

KHMDespués del pequeñísimo paréntesis de ayer, un post que demuestra que Viena Directo es el blog más audaz para el lector más inteligente.

16 de Diciembre.- Querida Ainara (*) : a tu tío, para mal o para bien, le ha gustado siempre mucho pensar.

Podría caer en la tentación de decir que tengo vida interior pero, como alguien también podría caer en la tentación de decir que esa vida interior no es precisamente vida inteligente, digamos que lo que me gusta es darle vueltas a cosas que no le arreglan la vida a nadie, pero cuya consideración me produce ese mismo placer concentrado que sentía cuando, siendo pequeño, me pasaba las horas muertas haciendo churros con plastilina.

Hoy, en la esquina de la calle en donde cojo el autobús para ir a trabajar (cuando no me apetece hacer el camino hasta el metro a pie) he pensado que vivir en Viena, si estás un poco atento, te lleva forzosamente a interrogarte por según qué cosas. Viena es una ciudad en la que el arte está muy presente (aunque seas un marmolillo) y, naturalmente, el arte, pensaba yo hoy, es una cosa, si bien se mira, muy extraña.

Está claro que, desde que el hombre es hombre y desde que practica el oficio más viejo del mundo (que no es el putiferio, como dicen algunas, sino la peletería) han existido artistas.

O sea que, de entre todos los humanos que andaban por la tierra, había siempre un grupo de gente que, de pronto, tenía menos consideración que las otras por las cosas prácticas de la vida y preferían dedicarse a jugar (¿Qué otra cosa es el arte?) ¿Eran en origen artesanos? No. Porque un artesano es otra cosa que un artista. El arte se separa de la artesanía y de la religión cuando un alfarero del neolítico decide que va a apartar una parte del material que usa para fabricar cacharros y cambiarlos por comida y va a fabricar un objeto que le obsesiona pero que (ahí está la clave) no vale absolutamente para nada más que para que otro como él llegue y diga:

-!Qué chulo! !Cómo mola!

Y se queden los dos mirándolo. Y luego alguien decida que ese chisme (en el caso de las artes plásticas, pero con un soneto pasa igual) es algo que, solo con estar, te hace la vida agradable.

Mientras llegaba a la estación de Pilgrammgasse, los vieneses (algunos) desayunando Red Bull para recuperarse de los vinos calientes de ayer, pensaba yo que, si la naturaleza nunca desperdicia, si todo lo que hace (menos la muela del juicio y el apéndice) lo hace con un fin ¿Para qué existen (existimos) los artistas?

No me entiendas mal: sin entrar en la veta romántica del asunto, que todo esto está muy mitificado. O sea, fríamente: ¿Cuál es la utilidad de que, dentro del río de caras de la especie humana haya tipos que lean la realidad de otra manera, que ven problemas en donde otros no ven nada? Porque está claro que la existencia de un grupo de personas así, que se ha dado en todas las sociedades (yo creo que, entre los Talibanes tiene que haber también talibanes que sean artistas y que de pronto sientan emoción ante algo tan arbitrario como es una melodía), en todas las épocas de la Historia, en todas las culturas, tiene que obedecer a un determinado fin que mejore la vida del resto de la sociedad, de la especie. Porque si no…De qué.

Y luego, influido por una lectura que he tenido últimamente („Fabiografía“, de Mario Vaquerizo) también he pensado que qué hace falta para ser un artista ¿Basta con leer la realidad de una manera extraña y querer hacer ver a los demás la realidad como uno la ve? (pasaba con Egón Schiele, que era un hombre que, a la vista está, leía la realidad de una manera diferente?) ¿En dónde empieza el arte y en donde termina la disfunción mental? Porque está claro que, para ser artista, no basta solamente estar como una cabra, ni basta la técnica. La técnica es en realidad, el puente que conecta ese espacio interior del artista, en el que pasan cosas, muchas veces difícilmente traducibles o verbalizables y el exterior, que recibe esas cosas y luego, como el amigo del alfarero dl principio de esta carta, se siente tocado por eso que el artista consigue decir o expresar o llámalo energía.

Mientras la gente iba sumida en sus pensamientos, metro de Viena, alternancia entre la luz de las estaciones y la oscuridad de los túneles, también me ha venido a la cabeza la pregunta siguiente.

¿Son los artistas personas especialmente apreciables? La verdad es que he pasado revista mentalmente a los artistas que conozco y, la verdad, muchos, fuera de que gocen de una determinada habilidad, es que son unas personas que cuanto más las conoces más quieres a tu perro. O ni siquiera eso. De manera mucho más inofensiva incluso te diría que son personas que, como a Maradona, si les quitas esa parte de su vida en la que destacan, sea el arte que sea, son en realidad personas muy mediocres, muy simples o sea que, para dedicarse al arte y ejercer, incluso para eso tan arbitrario que es tener éxito, no es necesario que el alma de uno esté tallada de una manera especial (de hecho, por ejemplo José Bódalo, uno de los grandes actores españoles del siglo XX era un señor al que solo parecían preocuparle las andanzas del Real Madrid, equipo del que era acérrimo seguidor, o sea, que vida interior no debía de tener mucha).

Y así, con estas, Ainara, he llegado a trabajar, intentado que no se me notara mucho que, en mañanas como la de hoy, me siento un poco marciano porque me parece que, a las ocho, con niebla (con no mucho frío), debo ser una de las pocas personas que piensa estas cosas.

Besos de tu tío.

(*)Ainara es la sobrina del autor

Articulo publicado en Cartas a Ainara. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Viena, ciudad de artistas

  1. Thais dice:

    Hombre Paco, es un error común pensar que en la naturaleza todo tiene un fin, que las cosas están diseñadas con un propósito. Cuando se empezaron a desarrollar las protuberancias que serian (perdona por los acentos de las ies, pero mi móvil no me deja ponerlos) las alas, la naturaleza no estaba diseñánolas con el propósito de volar, sino que eran una mutación. Resultaron ser beneficiosas y se les encontró una utilidad, por lo que acabaron triunfando en la evolución. No fue más que un fallo afortunado 🙂

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