La compañía del Burgtheater

BurgtheaterLos vieneses de nacimiento y de adopción tenemos un motivo de orgullo: una de las instituciones más ilustres del teatro austriaco.

11 de Enero.- Al principio de El Mundo de Ayer, la obra autobiográfica de Stefan Zweig, se habla de la auténtica pasión por el teatro que se vivía en Viena durante el crepúsculo de la monarquía del emperador Paco Pepe.

Viena era una ciudad, en aquel entonces, en donde el arte tenía un status parecido al fútbol hoy en día, en donde los actores eran reverenciados o vivían pateos épicos si al respetable no le gustaba lo que representaban. Y el templo en donde se celebraba la forma más refinada de esa liturgia era el Burgtheater, el lujoso (y entonces nuevo) edificio que había sustituido al teatro de la corte que estaba en donde hoy se alza la puerta de San Miguel del Hofburg.

Y como sucede con el fútbol, en aquel momento los teatros se disputaban a las grandes estrellas y la consagración para cualquier intérprete consistía en entrar en la compañía (llamada, en francés, „Ensemble“) del Burgtheater. Solo los mejores, solo los más aclamados, solo los más apolíneos adoradores del culto a Talía eran parte de ese distinguidísimo grupo y tenían el privilegio de actuar ante el emperador y su corte.

En aquellos momentos, a los integrantes del „Ensemble“ (pronúnciesé por favor „angsambl“) se los contrataba de por vida y hasta que morían, o el tiempo o la pérdida de facultades los jubilaban de las tablas, representaban los clásicos del repertorio alemán de todos los tiempos o aquellas obras contemporáneas que la dirección del Burgtheater ponía en escena.

El siglo XX, con sus altibajos, modificó un tanto la tradición y hoy los integrantes del ensemble tienen, generalmente, contratos de una temporada. Aunque sus nombres son tan indiscutibles que no tienen dificultades generalmente en que se les alargue el contrato.

Entre los integrantes del ensemble, por ejemplo están, en hombre, Klaus Maria Brandauer (le recordarán mis lectores por haber interpretado al primer marido de la escritora Karen Blixen en Memorias de África y, aquellos que estén un poco más duchos en la cultura austriaca, probablemente le hayan visto hacer un Jedermann que a mí, personalmente, no me gustó mucho). También el protéico Michael Heltau (al escribir este artículo he visto que Heltau tiene nada menos que 83 años; yo le vi cuando solo tenía 80, en el Akademiteather y se pasó dos horas de reloj cantando y bailando).

Entre las mujeres, está, por ejemplo la hermosa Mavie Hörbiger, descendiente de la ilustre saga de actores y actrices que se remonta a finales del siglo XIX, la cual por cierto es hija de Tommy Hörbiger, hijo de Paul Hörbiger. Tommy Hörbiger fue uno de los peores actores que se han puesto alguna vez delante de un artilugio grabador. Por suerte, abandonó las tablas y se dedicó a componer letras de canciones muy famosas. Por ejemplo, la de Merci Chérie, con la cual le arrebató el trono eurovisivo a nuestro Raphael (Martos). También en el Ensemble figura la tía de Mavie, que solo se llamó Hörbiger hasta que se casó, Elisabeth Orth.

Birgit Minichmaier no es miembro del ensemble (lo fue, hasta que rechazó actuar en Lulú porque no le apetecía enseñar cacha -el Burg es famoso por sus montajes, en los que los actores tienen que pasar frío y llevar la ropa interior muy límpia en aras del arte-) pero también ha actuado mucho en el ilustre coliseo frente al Ring. Lo mismo que la inefable Suri Meles (de hecho, es ella la que me ha dado la idea de este artículo, cuando pensando en ella he reparado que podría ser perfectamente la Marisa Paredes austriaca). Suri Meles podría jugar a las cartas con Elfriede Jelinek, la escritora austriaca de la cual ha representado muchos textos. Si dijeron de Jelinek que era la princesa de una civilización extraterrestre que se había dignado a hacernos una visita, no es menos cierto que Suri Meles está igual de loc…Digo que es igual de aristocrática -tengo un amigo actor y se cuentan muchas anécdotas graciosas de la señora Meles-.

Si uno echa la vista atrás, la lista de miembros difuntos del Ensemble del Burgtheater es un paseo por la belleza y, si se ve en vídeo, un curso intensivo de arte dramático. Por ejemplo Rosa Albach-Retty, la abuela de Romy Schneider fue miembro, Hedwig y Monica Bleibtreu (qué actriz tan formidable, qué gusto daba siempre verla), toda la familia Hörbiger, para quienes el Burg era su casa (naturalmente Paula Wessely también, especializada en señoras dulces, pero una bruja en la intimidad), Curd Jürgens, con sus insondables ojos azules, Josef Meinrad (al que mis lectores recordarán por ser el gracioso policía de las películas de Sissi, Helene Thimig, gran dama de la escena y tantos y tantos otros que la lista sería tan interminable como gloriosa.

Este año, por cierto, se cumple el vigésimo aniversario de Josef Meinrad (había pensado que este artículo se convirtiese en un pórtico a su biografía, pero lo haremos en algún momento de febrero. Las efemérides son las efemérides.

Mi pregunta, como siempre, es esta: con los actores tan estupendos que ha dado y da España ¿Por qué no hay en mi país algo así de lo que yo me pueda enorgullecer como lo hago de esto, siendo austriaco de adopción? ¿No es Concha Velasco, pongamos por caso, una actriz de carrera tan distinguida como Suri Meles? ¿No lo fue Amparo Rivelles? ¿Por qué se regateó -y se regatea- tanto con el nombre de Fernando Fernán Gómez para un teatro? Me gustaría algún día encontrar la respuesta.

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