Orgullos (legítimos)

MujeresHoy, día de la mujer trabajadora, la pregunta más escuchada en Austria ha sido ¿Para qué hace falta este día? ¿Por qué no hay día del hombre trabajador?

8 de Marzo.- Uno de mis primeros recuerdos de mi vida en Austria -han pasado diez años, pero parece que fue ayer- es este: subía yo en un coche de dar un paseo por la Wienerberg y el lago de lo que, antiguamente, fue una fábrica de ladrillos. En el semáforo que hay cerca de la Spinerin am Kreuz, donde normalmente hay una mujer (o mujeres) voluptuosas de la firma Palmer anunciado bragas y sostenes había, esta vez, una mujer vestida, ostensiblemente, de hombre, con un bigote pintado y un sombrero flexible. Era un anuncio del salón anual del automóvil de Viena y el eslogan, del que no me acuerdo bien, venía a decir que el salón del automóvil era tan guay que hasta las chicas se disfrazaban de hombre para pasar desapercibidas en él (en un mundo de hombres, se entiende) y poder verlo a gusto. Como si a una chica no le pudieran gustar los coches (vamos, yo soy hombre y notoriamente entiendo cero de vehículos con motor de explosión)

Hoy, es el día de la mujer trabajadora y, a lo largo del día, no he hecho más que escuchar voces, algo molestas, algo socarronas, algo…Bueno, algo, que se tomaban un poco a pitorreo que hoy, en el mundo, se recuerde que el cincuenta por ciento de la Humanidad trabaja. Y, en la mayoría de los casos, trabaja fuera de su casa y también trabaja dentro de su casa. Y no se aprecia, porque a todos nos parece natural, porque todos hemos visto a nuestra madre que trabajaba dentro y fuera de casa y ya se sabe que, lo que se ve de niño, nos parece normalísimo cuando llegamos a adultos y no lo cuestionamos.

Cuando escuchaba estas voces sobre todo en boca de austriacos que, en lo del machismo, tanto y tanto tienen que callar (ver el primer párrafo de este post), no hacía más que acordarme del anuncio del salón de coches de Viena y de otros del estilo que, en España -creo- exigirían del publicista algo más de imaginación si es que alguna marca quisiera colar un mensaje tan australopiteco.

Aunque soy enemigo, en general, de todo tipo de alardes a propósito de cualquier circunstancia, y más si esa circunstancia me afecta (por ejemplo, yo solo presumo de español si en la presunción va mezclado, como debe ser, un poquito de cachondeo) la socarronería y el pitorreo con el que la gente se toma ciertas cosas hace que, inmediatamente me encienda y salte. Es el mismo pitorreo de los niños matones del recreo de cuando yo era chico; con el que también se saluda, todos los años, el día del orgullo gay (la misma pregunta ¿Cuándo es el orgullo hetero?) y es ese pitorreo con el que la mayoría, que vive de puta madre en su statu quo, trata de defenderse y de sabotear las pretensiones de la minoría que le pone delante un estado de cosas que a nadie le interesa reconocer.

La austriaca, sobre todo vista desde los ojos de un español del siglo XXI, es una sociedad muy machista (sobre todo, fuera de las pocas ciudades de este país). Una sociedad, para esto, muy tradicional y muy rancia, quizá porque también es muy atávica, aún, a la religión católica (y ya se sabe lo que le cuestan a la Iglesia estas que ya no son novedades sino en el Vaticano); muchas son las mujeres austriacas (jóvenes, no hablo de abuelas) que buscan aún el prototipo de hombre machote que las mantenga y les ponga un piso; muchas son las mujeres machistas -el machismo no se sostendría de ninguna manera si no hubiera mujeres que fueran cómplices suyos- muchas son las mujeres machistas, decía, que miran mal a la mujer que acorta su baja maternal para reintegrarse a su vida profesional. Por otro lado, en Austria, el trabajo a tiempo parcial es fundamentalmente cosa de mujeres. Por un lado, porque las propias mujeres así lo quieren, pero por otro lado, también porque se considera que el hombre es el encargado de nutrir a la familia y subvenir sus necesidades y que, por eso, es él el que tiene que traer „el sueldo gordo“ a casa.

Nunca, nunca, nunca, como en este país me han preguntado tantas veces si yo, siendo hombre, tengo problema en trabajar con mujeres (en mi equipo somos catorde personas, doce de ellas son mujeres y no tengo ningún tipo de problema en trabajar con ellas, y crep que ellas tampoco). Ha sido una pregunta insistente que, la verdad, yo al principio me tomaba como si fuera de coña hasta que, bastante patidifuso, comprendí que iba en serio. Una de esas bromas que se siguen haciendo entre hombres cuando no hay mujeres delante y que, de verdad, tienen menos gracia que los chistes de mariquitas o de gangosos de Arévalo.

Soy enemigo de cualquier alarde, pero hay que recordar y no está mal que se recuerde, que las mujeres, solo por serlo, ganan mucho menos que los hombres haciendo el mismo trabajo, que a ellas se les destinan los trabajos duros, monótonos o precarios; que salvo Angela Merkel y cuatro más, están alejadas de los nodos importantes de decisión, en la sociedad y en la política y en las finanzas y en las empresas. Que tienen que demostrar todos los días que valen más que cualquier hombre que, teóricamente, quisiera ocupar su puesto. Por eso es importante el día de hoy, y no es gracioso decir que por qué no existe el día del hombre trabajador. El hecho de que no exista, ya es una señal de por dónde van los tiros. Es que no hace falta.

Y sobre todo, y con esto acabo, los orgullos (el gay, el día de la mujer) son necesarios porque generan un espacio en la atención pública y crean referentes. Mi sobrina Ainara, aparte de tener unas abuelas y una madre que valen un potosí, tiene el derecho de crecer con la imagen en la cabeza de que hay mujeres banqueras, científicas, arquitectas, políticas, alcaldesas…Etc, buenas o malas pero en las que el sexo no influya en la oportunidad de ejercer la profesión que, nunca mejor dicho, le salga del mismísimo chichi.

Celebremos pues a las mujeres que hacen que, cada día, este mundo sea un poquito mejor.

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