Moscú hace la lista de la compra

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Y Austria está en los primeros lugares. Por qué, cómo, a quién beneficia y a quién perjudica todo esto.

12 de Marzo.- No es ningún secreto que el héroe de la ultraderecha europea es Vladimir Putin. El premier ruso personifica a la perfección esa fantasía de la que la ultraderecha se ha nutrido desde que, hace unos doscientos años, empezaron a bullir los nacionalismos en el continente europeo.

El putín de Putin lo tiene todo: de puertas para afuera, su liderazgo es monolítico y con clara vocación monopolística, tiene una idea personalísima de la democracia que se basa, fundamentalmente, en el palo (o los tanques, véase Ucrania) y tente tieso; a su alrededor tiene una serie de locos poseidos de una manía racial, violentamente nacionalista y religiosa que ha crecido, desde los noventa del siglo pasado, en las cenizas del último comunismo (no ha habido mal que sustituir la religión del estado por la de los popes y la gente lo único que ha hecho ha sido adecuarse a los antiguos hábitos).

Por todo lo anterior, no es difícil darse cuenta de que la Unión Europea sea para la Rusia del zar blanco una realidad que le chincha; una realidad a la que, desde Rusia, estoy convencido, se mira con el desprecio con el que los que están convencidos de ser los dueños del futuro, miran a una civilización que les parece decadente.

La Unión Europea es fundamentalmente democrática, los europeos tienen un gran aprecio por las libertades, particularmente la de prensa y opinión, no muy querida en el Kremlin; para colmo, el continente es cada vez más laico, ilustrado y tolerante y sus sociedades le hacen cada vez menos caso a los de las sotanas, particularmente en asuntos de moral sexual. No hay que dejar de tener en cuenta tampoco el asunto económico. La ampliación de la Unión Europea hacia el este es vista desde Moscú como una seria injerencia en su área tradicional de influencia.

Mientras las cosas en esto de los dineros han ido bien, los antiguos países „de la órbita soviética“ como se decía cuando yo era chico, no han tenido ningún problema en dejarse querer por la Europa de la bandera azul. En cambio, el Kremlin percibe las crisis actuales como grietas en la Unión en donde meter su cuña para poder debilitarla o, eventualmente, desmembrarla

Según publica hoy el diario de esta capital Die Presse, haciéndose eco a su vez del Frankfurter Allgemeine, los servicios secretos rusos han elaborado un ranking de países europeos por orden de vulnerabilidad a la propaganda rusa. Lo encabezan, curiosamente, tres países en los que la ultraderecha es fortísima: Austria, Hungría y Chequia. De Hungría no decimos nada, porque nuestros vecinos viven ya, de facto, en un régimen que quiere ser totalitario (el Gobierno húngaro está en el punto de mira de Bruselas a base de pasarse libertades por el forro de los calzoncillos) y en cuanto a Austria…Pues ya sabemos que, de vez en cuando, líderes del FPÖ van a Moscú a llorar por la decadencia de la Europa occidental.

Y no solo: cuando se celebró el famoso referendum (tan de verdad como las peleas en broma de Dolores Abril y Juanito Valderrama) entre la población de Crimea para que ratificasen su „anexión“ a Rusia, Johannes Hübner y Johann Gudenus, ambos del FPÖ, viajaron a Ucrania para actuar de „observadores“.

La crisis de los refugiados y la presión que Angela Merkel y el Gobierno austriaco está ejerciendo sobre los países del este de Europa para que acepten refugiados, es vista desde el Kremlin como una oportunidad estupenda de propagar su visión del mundo.

Die Presse cita por ejemplo el caso Lisa. Lisa es una adolescente de ascendencia germano-rusa que dijo haber sido violada, este mes de enero, por unos hombres „de aspecto meridional“. Cuando se averiguó que „Lisa“ no había sido violada de ninguna manera y que había pasado la noche en casa de unos conocidos para escapar de una regañina paterna, el ministerio de exteriores ruso conminó al Gobierno alemán a „decir la verdad“ como si estuviera hipotéticamente defendiendo a unos criminales morenos (estaba fresco lo de Colonia); el Ministerio de Exteriores alemán se vio en la obligación de salir al paso de manera desacostumbradamente contundente.

Con la Unión Europea pasa lo mismo que con las vacunas para los niños: los bobos que dudan de la eficacia de la Unión (aún con todos sus defectos) no se dan cuenta de que, a fuerza de que todo funcione bien, han terminado por dar por descontados todos los beneficios que la Unión nos da a los ciudadanos europeos, en cosas cuya enumeración sería más larga que la extensión de este artículo que ya lo va siendo.

Ya sabemos que hay gente, ahí fuera que, con aviesas intenciones, se aprovecha de eso.

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