La señora Griss mueve ficha

parejaLa candidata independiente Irmgard Griss ha movido ficha para posicionarse en un asunto de derechos civiles. Habrá que aplaudirle.

15 de Marzo.- Un viejo principio, que fue primero de las películas y más tarde de las series de televisión, es el que dice que, concentrarse en un grupo de población muy bien definido, siempre trae cuenta. Aunque se haga mal. Buscar el nicho, vaya.

En España, por ejemplo, con la llegada de las teles privadas, florecieron (y florecen) series sobre maestros. Las cuentas de las cabezas pensantes (es un decir) de las teles celtíberas estaban claras: si nos ven todos los maestros (que en España hay mogollón) ya tendremos audiencia, y luego, claro,los maestros tienen niños (aparte de sus alumnos) y los maestros tienen cónyuges que les soportan en las duras (y cíclicas) temporadas de exámenes (!Venga a corregir ejercicios sobre el mínimo común múltiplo y el máximo común divisor!) y los maestros tienen madres (!Ay, chiquilla, esto es por lo que tiene que pasar mi hijo todos los días, hay cada mastuerzo suelto! Y lo que yo digo, a la escuela los niños van a aprender, no a que los eduquen, educados tienen que venir ya de casa, pero es que los padres de ahora…). Etcétera.

Pues con los gays y las lesbianas pasa un poco igual.

Son un grupo de población muy definido, con una fortísima conciencia de grupo (los gays, me da la sensación, más que las lesbianas), un grupo que, además, no siendo entre seres antediluvianos, goza de bastante buena prensa y cuyas reivindicaciones, como se dice aquí, son a estas alturas salonfähig (o sea, que a la gente le caen bien). Los gays y las lesbianas tienen madres, tienen padres, tienen amigos heteros y heteras, cuñados, sobrinos y sobrinas, nietos y nietas, a veces yernos y nueras (lo cortés no quita lo cabal y yo conozco un par de casos, hombres, que empezaron su vida de heterosexuales y se arrepintieron con el tiempo). En fin, que toda esta gente, si les tiene cariño a sus familiares, pues verá con buenos ojos aquellas iniciativas que mejoren la vida de los gays. Y si, por el camino también nos llevamos a la gente que simpatiza con la igualdad del pueblo elegido, pues oye, eso que nos encontramos.

Esto ha debido de pensar la candidata independiente a la presidencia de EPR, señora Irmgard Griss, que ha firmado (suponemos que en un sencillo y emotivo acto pero en el que, en todo caso, ha habido presencia mediática) la petición „Ehe für Alle“ cuyos promotores piden (con toda la razón del mundo y parte de la del extranjero) que Austria adapte su legislación a las directivas de la Unión Europea y elimine la prohibición de matrimonio para las parejas formadas por especímenes humanos del mismo sexo.

Al pedir un matrimonio igualitario, la señora Griss ha dicho que una de las directrices de su vida ha sido siempre „los mismos derechos para todo el mundo“ y que, el hecho de que en Austria, a la hora de emparejarse las personas, haya billetes de primera y de segunda le parece muy mal.

Y más aún que la existencia de esta discriminación en Austria le parece -como a cualquier persona con dos dedos de frente, añado yo- inaceptable.

En su página web, la señora Griss también ha dicho que está a favor de que las parejas homosexuales puedan adoptar niños.

En España, los homosexuales y las lesbianas pueden casarse desde el año 2005 y, de manera no demasiado sorprendente, la realidad se ha empeñado en desmentir tozudamente las previsiones de la Iglesia (como casi siempre en este aspecto, vaya). O sea, la institución de la familia no ha desaparecido y España entera -quizá por desgracia, porque nos evitaríamos muchas escenas bochornosas en el parlamento- no se ha convertido en una orgía en la que todo el mundo se froya con todo el mundo a calzón quitado.

Pues bien: curiosamente, en el periódico de donde yo he sacado la noticia, los comentarios del respetable público eran iguales, pero calcaditos, a los comentarios que se escucharon en España durante aquellos últimos meses de 2004 y primeros de 2005 durante los cuales el Gobierno de Zapatero llevó a las cortes lo que en Austria, de momento, nadie se atreve a llevar. Que si Austria no tiene problemas más graves (bueno, señora, para usted que se puede casar no es un problema, pero si no le dejasen, y pagase sus impuestos como todo quisqui, y se quedase viuda y no tuviera derecho a pensión, ya íbamos a ver), que si total los homosexuales son una minoría (como si los derechos de la gente debieran ser en proporción a los afectados por el problema), que si tal y que si cual.

En cualquier caso, la frau Griss, incluso cuando llegara a Bundesresi(dentin), no podría por sí sola hacer nada para que se instaurase el matrimonio igualitario. Es una decisión que solo podría tomar el Parlamento austriaco. Ya están tardando. Llevan diez años de retraso.

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