Abiertos en canal (de Panamá)

Veillez Donc
«Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora» (cementerio de Lausanne). Parece el lema de Anonymous pero es del evangelio de San Mateo

Los periodistas de verdad son como Chus Lampreave (la pobre) a la que su religión le prohibía mentir. Después de 15 días, VD está de vuelta.

4 de Abril.- Antes de ayer llegué del Perú, país de América a donde me llevó un gratísimo acontecimiento (la boda de un amigo). En 15 días que he estado fuera, la verdad es que, en Viena, han cambiado muchas cosas.

La mayoría, por cierto, buenas.

Me fui en invierno y he vuelto, como aquel que dice, en verano !Cómo florece la gente a la que sale un poquito el sol! Y también los arbolitos y los matojillos y las plantas del reino plantal todo.

Aunque claro, también han florecido los carteles electorales con los diferentes candidatos (y candidata) a presidir Esta Pequeña (mas salada) República.

Tiempo habrá para analizarlos y para dar más cuenta de los dimes y diretes de la campaña electoral. Hoy, por supuesto, la bomba informativa, que hubiera dicho Butanito, son Los Papeles de Panamá que, así dicho, suena un poco a novela de John Grisham con Julia Roberts haciendo de periodista tratando de dar a conocer al mundo que, en esas altas esferas de los ricos y famosos, el buitre que no corre vuela, mientras la persigue una manga de tipos con la mirada aviesa y escupiendo por un colmillo.

Antes de abordar las consecuencias que, en Austria, han tenido los ya famosos papeles, me gustaría decir que me ha encantado la manera magistral en la que, al mismo tiempo en todo el mundo, se ha soltado la liebre. Ayer, en la ORF, con mucha cara de „proudly presents“ salió Armin Wolf, jefe de informativos de ESC (o sea Esa Santa Casa) e invitó a los telespectadores a que, a las ocho, sintonizaran sus televisores para escucharle cantar, como a los niños de San Ildefonso, la pedrea de nombres famosos (y morbosos) que fueron y son clientes de Mossak Fonseca, el bufete discreto, secreto, que se dedicaba a crear sociedades en sitios exóticos (no solo Panamá, sino las Islas Vírgenes) para que, los que tienen el riñón bien cubierto, pudieran pasar de las siempre fastidiosas narices del fisco, que ya se sabe que se complace en meterlas donde no le llaman o bien tener dineros a buen recaudo, por si pintaban bastos y venía la tercera (este, no me cabe duda, era el objetivo de la sociedad fundada por Mari Pili Borbón, tía del Rey Nuestro Señor)

¿Y en Austria? Pues en Austria, a diferencia de España o Islandia (qué papelón) no ha habido nombres de personas (aún) pero sí que se ha mencionado el de dos entidades financieras: el Hypo Vorarlberg y la división internacional de Reiffeisen Bank (RBI). Ambas ofrecían la creación de sociedades de paja en paraísos fiscales (en alemán se llaman „Empresas buzón“ porque carecen de toda estructura productiva y solo tienen de sociedades la dirección) como un producto más, como un plan de pensiones o una cuenta corriente:

-Buenas tardes, señor Muchimillonendeoiren ¿En qué le puedo ayudar?

-Pues mire usted, el Finanzministerium que me tiene hasta los mismísimos Lederhosen; que dicen que con lo que ganamos mi señora y yo, se podría construir un hospital para muchos pobres. Y yo no tengo nada en contra de los pobres, no me entienda usted mal, pero a mí me apetecería más gastármelo en Ferraris o en señoritas de moral dispersa ¿Qué me dice?

-Pues que me alegro mucho de que me haga usted esta pregunta. Precisamente estuve hablando ayer con mi amigo Mossak, de Mossak Fonseca, una empresa buenísima buenísima de Panamá, y me estuvo diciendo que podríamos crear una sociedad en la que usted y su señora sean los accionistas.

-Bueno, pero es que el impuesto de sociedades…

-Que no, ceporrillo…No la crearíamos en Austria, la creamos en las Islas Vírgenes, que allí no paga impuestos ni el gato que hace miau…

-¿Y cuánto me costará?

-Bah, la cantidad que le voy a decir no es dinero…

Y „asín“ sucesivamente, que dijo aquel.

Los bufetes como Mossak y Fonseca (por supuesto no son los únicos) venden secreto y discreción a un público escogido de ricos y famosos que pueden pagarlos -Suiza, al fin y al cabo, lleva haciendo lo mismo un milenio- y los periodistas, los auténticos, los de verdad, son como Chus Lampreave en Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, que siempre tienen que decir la verdad. Y si no, pues no ser periodista (pobre Chus, no somos náiden).

El argumento cínico de los que ayudan a construir estas sociedades (en Austria el Reifeisen y el Hypo) es que ellos no hacen nada delictivo. Un poco como los fabricantes de pistolas, que ellos fabrican el instrumento y luego, si usted se dedica a cepillarse cristianos bala de por medio en vez de espantar a las palomas disparando al aire, ellos no tienen nada que ver.

Ya veremos ¿Verdad?

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