Injurias al jefe del Estado

marionetaUn cómico alemán se enfrenta a cinco años por haberse metido con Erdogan, El Jueves afrontó sanciones satirizar a los reyes ¿Qué pasaría en Austria?

7 de Abril.- Mientras estoy escribiendo esto, estoy viendo -escuchando más bien- el Zeit im Bild de las diez de la noche. La presentadora está entrevistando al Bundespresi, al amigable Heinz Fischer, el cual, como todos sus homólogos que en el mundo han sido, está aprovechando los últimos meses de su mandato para hacer cosas que, cuando tenía todo el tiempo por delante no podía, o no debía, o eran digamos delicadas. Por ejemplo, undostrés, responda otra vez: viajar a Rusia a visitar al putín de Putin.

Yo no conozco personalmente a Heinz Fischer, pero creo que se acerca bastante al ideal de político que todos tenemos en mente. Es sencillo, pero no es „campechano“, a la manera del que fue su homólogo en las fatigas de la jefatura del Estado, el Rey padre don Juan Carlos; se le ve un hombre culto pero sin presunción y, dialécticamente, domina ese arte tan difícil del ten con ten y del hacerse unos largos sin que le roben la ropa. Es, en fin, un hombre muy normal y, por lo que parece, con mucho sentido del humor.

En estos días, está de actualidad el caso de un cómico alemán el cual, por una tontería (una parodia del primer ministro turco Erdogan) está siendo investigado por la fiscalía para ver si hay indicios de delito de „injurias a un mandatario extranjero“ castigado por la ley alemana hasta con cinco años de prisión.

En Austria, semana sí y semana también, Stermann y Grisemann, pareja de cómicos graciosísismos, se chotean de Heinz Fischer y de su señora, doña Margit, poniendo, a la primera pareja de EPR de bastante bobos. Heinz Fischer se toma el cachondeo con bastante deportividad e, incluso, ha escrito un artículo en el Süddeutsche Zeitung, en el que explica por qué, bajo su punto de vista, los cómicos están en su perfecto derecho de cachondearse de él y de su santa (por otra parte, los dos personas dignísimas) y no por ello tiene que pasar nada de nada.

Esto, naturalmente, solo demuestra que Heinz Fischer es un señor que se siente muy querido (lo es, creo yo) y que no se inquieta porque dos cómicos se cachondeen de él en la tele.

Pero ¿Qué pasaría si hubiera un presidente -o presidenta- con peores pulgas que el buenazo de Heinz Fischer?

En Austria, a diferencia de España, no exite un delito específico por el cual se pueda meter a cómicos (o comicastros) en el truyo.

En España, en cambio, hay una ley, de 1995, en donde se describe o tipifica el delito de injurias a la corona; quien falte al respeto al rey, a la reina, a sus niños o familiares y, eventualmente, a los regentes si los hubiera o hubiese, se puede enfrentar a un máximo de seis años de prisión. Esta ley se puso en marcha, por ejemplo, cuando la revista El Jueves publicó en su portada una caricatura (de dudoso gusto, pero hay humor para todos ellos) que mostraba a los hoy reyes en el tálamo.

¿Qué pasa en Austria? Ya digo que no hay un delito típico de injurias a la jefatura del Estado y, para esto, Heinz Fischer (o sus sucesores) son exactamente iguales que usted o que yo. O sea, que si alguien hiciera una broma demasiado hiriente (o que el interesado percibiera como tal) y las cañas se volvieran lanzas, el Bundespresi podría querellarse contra el lenguaraz por injurias siempre que pensara que se perseguía vulnerar su honor.

La ley austriaca fija que, si las injurias son contra algunas altas instituciones del Estado (que se enumeran) la fiscalía del Estado austriaco tiene derecho de investigar a los injuriadores „de oficio“ sin que sea necesario que Heinz Fischer, como persona privada, se sienta vejado e interponga la correspondiente demanda.

Hasta la fecha la situación es inédita en EPR, o sea, que nadie se ha metido hasta ese punto ni con el Bundespresi ni con las altas instituciones del Estado pero, a diferencia de en España, en donde, quien quiera decir una palabra más alta que otra sobre la jefatura del Estado hace bien en pensárselo, aquí la verdad es que, sin salir gratis, el riesgo es muchísimo menor.

Si Stermann y Grissemann o cualquier otro, se metiera con el Bundespresi y el Bundespresi, o la fiscalía en su defecto, pensasen que la broma ha pasado de castaño oscuro, le podrían caer como máximo tres meses.

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