El «pandeiro» de Zoë

En bikiniLa representante de Austria en Eurovisión ha enseñado el pandeiro en público. Voluntaria e involuntariamente ¿Cómo se come eso? Pues ahora lo sabrán mis lectores.

12 de Abril.- Recordarán mis lectores que, hace algunas semanas, estuve en Lausanne, en Suiza. Durante esa semana, Austria eligió a la cantante que la representará este año en el Festival de Eurovisión de la Canción. Es una muchacha, Zoë se llama, de belleza antigua (rellenita y tal) que cantará un tema en francés.

Ya en las entrevistas que le hicieron nada más saberse la decisión de la ORF se pudo ver que la chica, siendo benévolos, es bastante inocente. Vamos, que parecía que se había echado a pecho una botella de Mimosín. Uno lo achachó, en esos momentos, en que la canción que presentaba era tan „mi pequeño pony“ que claro, por fuerza, la muchacha se tenía que poner a tono. Bien estaba.

Sin embargo, hoy he leido una noticia que confirma que la muchacha tiene una percepción de los sitios en donde se mete bastante…Cómo diría yo.

La serie del año en Austria, bueno, del año pasado también, desde que se estrenó, es Vorstadtweiber (algo así como „pájaras de suburbio“ en una traducción libérrima). Por cierto, y haciendo un corto paréntesis, tengan cuidado mis lectores con utilizar más de la cuenta el sustantivo Weib. Antiguamente, solo quería decir „mujer“ (como en La Viuda Alegre, donde un jocoso número dice que „Der Studium der Weiber ist schwer“) pero es una manera de referirse a nuestras compañeras de planeta que, en los últimos años, se ha cargado de un fuerte matiz peyorativo. Con Weib pasa como con „gitano“ en España. Si un gitano se lo dice a otro, es hasta gracioso y se ríen los dos, pero si un payo se lo dice a uno de la raza calé, pues el de la raza calé puede enfadarse bastante.

Seguimos: Vorstadt Weiber es un producto que aprovecha la ventaja de dirigirse a un mercado local muy definido, pero que, a fuerza de estar bien hecho, ha llegado a convertirse en un producto universal (de hecho, la ORF ha vendido la primera temporada en América y en Alemania se está pasando con notable éxito).

El modelo, está claro, es Mujeres Desesperadas pero su hija austriaca está hecha con muchísima más mala leche (una mala leche muy centroeuropea y no limitada por la corrección política americana). Los guiones son, desde mi punto de vista, bastante buenos y el humor, bastante bizarro en algunos momentos y la mayoría del tiempo bastante neurótico, pero neurótico con gracia. También aprovecha muy bien los finales en punta de un episodio a otro y, por último, para más abundamiento, donde las series españolas duran la eternidad de setenta minutos por capítulo (una cosa que solo se entiende en España, en donde el prime time se estira como el chicle), cada capítulo de las pájaras dura cuarenta y nueve minutos de reloj, ni uno más, ni uno menos, con lo cual los guionistas se obligan a mantener una tensión y a no perderse en el torso desnudo de Mario Casas. Otro acierto de las Vorstadt Weiber es el reparto. Lo más granado de la generación de actores entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco, más algunas caras veteranas, está en la serie, lo cual hace que los austriacos se pirren por la serie y la sigan semana a semana.

Pues bien, nuestra amiga la cantante, que se llama Zoë, hace un minúsculo papel en la segunda temporada de las VW. Sale como la novieta del hijo tardoadolescente de una de las protagonistas. En la serie de la ORF no se cortan a la hora de enseñar carne (hay episodios que parecen un anuncio de Palmers, famosa marca centroeuropea de bragas y sostenes) y en uno de estos, Zoë, aparecía en una bañera llena de espuma con su noviete en la ficción y, de pronto, llegaba su madre. Chico y chica se levantaban de la tina como movidos por un resorte. La espuma cubría las partes púdicas (el pito, vaya) del chaval y nuestra representante en Eurovisión recibía la oportunidad del realizador de coger una toalla y taparse la parte frontal de su cuerpo.

En estas, que según Zoë el director de la serie le dijo:

-Vamos a hacer un plano desde atrás.

-Pero, Herr Direktor -dijo, púdica, Zoë- „me se“ va a ver el pandeiro.

-No te preocupes, que cortamos el plano por encima de la cintura y no se te ve nada, tontorrona.

Pues di que, Zoë, estaba viendo el otro día la televisión, rodeada de sus hermanitos (o con su novio) y !Sapristi! Pudo comprobar, como varios cientos de miles de sus convecinos, que el director había utlizado el plano de su pandeiro en el cual estaba incluido dicho pandeiro. Tras taparle a toda prisa los ojos a sus hermanitos, a su novio y a su colección de muñequitos de Pin y Pon que tiene en el aparador del salón de su casa, Zoë apretó los puñitos y llamó a la revista News, para aclarar que a ella no le molestaba enseñar el porompompero si el guión lo exigía, pero que le parecía que, en la escena en cuestión, su culo era totalmente supérfluo y no aportaba nada a la historia. Todas sus encantadoras declaraciones parecían un extracto de una entrevista hipotética que Barbara Rey hubiera podido haber concedido a Lecturas en el año del Señor (Suárez) de 1978. Es un alivio pensar que determinada ingenuidad todavía existe.

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