Heimat, bendito Heimat

ViolinistaEl gran día se acerca y la cosa se calienta. Hoy, en sus pantallas !El gran camasutra electoral austriaco!

para L.T., compadre, que a veces mira más por VD que el propio autor. Con el afecto fraternal de siempre.

5 de Abril.- Me van a permitir mis lectores que, antes de entrar en materia, llore un poquito.

Solo una línea.

Venga, va. Ya me recupero (snif, snif).

Ayer, en la segunda cadena de la ORF, se dio una especie de Kamasutra electoral, en donde todos los candidatos a la presidencia de EPR ensayaron todas las posturas posibles. El verde (que no presentan los verdes, por cierto, que se presenta como independiente) con el negro, el negro con la gris (que también se llama, por cierto, Griss); el rojo con el negro, el verde con el azul, el azul con el negro…Bueno, así, tres horas.

Como en esas películas americanas en las que Sammie Joe está coladita por el capitán del equipo de Rugby, pero al final es el esmirriado del club de debate el que se lleva a la rubia al Gemüsegarten, ayer los candidatos presidenciales discutieron con un moderador de por medio, en turnos de cuarto de hora. Los moderadores eran los presentadores de los informativos de la tele austriaca, los cuales trataban de poner un poco de sensatez en unas discusiones que, en algunos momentos (suele suceder) tuvieron un punto bastante surrealista. Y eso por lo siguiente:

En estos formatos, los candidatos, presionados por sus asesores, tratan de reducir al mínimo la complejidad de su mensaje y del “personaje” que representan. Se persigue que los que ya están convencidos “se reconozcan” en el mensaje del candidato y los que están por convencerse den ese paso de “comprar” el mensaje que el candidato preconiza. Con lo cual, debido a un paradójico efecto que están estudiando científicos de todo el mundo, quedan los candidatos convertidos en lo contrario de lo que se pretende, o sea, en seres desdibujados que terminan haciendo que estos debates sea como mirar las láminas del famoso test de Roschard (el de las manchas). Tú ves las manchas y luego eliges tu propia aventura, o sea.

Yo, sé que me debo a mis lectores pero, francamente, la perspectiva de estar sentado tres santas horas delante del televisor escuchando lugares comunes y perfectamente predecibles me pareció insalubre (sobre todo insalubre para mi estado mental,ya de por sí bastante baqueteado) así que estuve planchando un rato y, al final, vi el cuarto de hora que, a priori, era el que tenía más morbo: el que enfretó al candidato verde (ay, que no, leche, que era independiente), van der Bellen, con el candidato ultraderechista, Hofer.

El ultraderechista le echó en cara al otro el haber hecho su campaña basándose en una idea, la de Heimat (intraducible al español, pero aproximadamente equivalente a patria) que es un concepto sobre el que el FPÖ, como todas las ultraderechas que en el mundo han sido y serán, basa toda su estrategia. Como cuando el tito Paco, en España, con esa contraposición entre España y Anti-España y la monopolización de ciertos símbolos nacionales, como la bandera, y de la misma idea de patriotismo. Y aquí se enzarzaron en una discusión a propósito de qué era la patria para cada uno de ellos y de si, para las personas con Migrationshintergrund (como el propio Van der Bellen, que no nació en Austria), podía ser EPR un Heimat o había que haber nacido en Stinkenbrunn o similar para que EPR fuese el Heimat de uno o no.

Hofer como ni da mucho de sí para meterse en filosofías y como tampoco puede permitirse dar mucho de sí, para que puedan seguirle los que constituyen el grueso de sus votantes, dijo que para él su Heimat era Austria y chimpún y que lo otro era confundir al personal y darle Katze für Haase. Y el otro le contestó con una definición más ortodoxa –sobre todo para un austriaco- que Heimat era ese sitio en donde uno se sentía integrado y bien, en donde hablaba la lengua y, en resumen, como decía la madre de Serrat (andaluza, emigrada a Cataluña) “el sitio en donde comían sus hijos”.O sea, según la doctrina Van der Bellen, Paco puede tener su Heimat perfectamente en Austria –de hecho, la tiene, porque es ese sitio del mundo al que quiero volver cuando estoy de viaje– y para Hofer yo nunca seré un austriaco auténtico porque mi madre se llama Isabel, mi padre Sebastián y decidieron fabricarme en Madrid, capital de España.

Acorralado, Hofer echó mano entonces de la clásica porquería que publica el Kronen Zeitung (un papel asustaviejas de todas las edades) y habló del millón de personas –morenitas- que iban a invadir Austria y que iban a convertir el Heimat de todos los austriacos arios en un infierno que funcionaría al ritmo que marcase el muecín.

Fue en este momento en donde a mí se me terminó la paciencia y decidí irme a la cama a leer a Miguel Delibes, espacio en donde siempre el alma se serena.

Mis lágrimas del principio son porque creo que, salga quien salga, comparando con Heinz Fischer, vamos a salir perdiendo. Los austriacos y los que tenemos en Austria nuestro Heimat. Pena, holy virgin.

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