Los «identitarios» atacan de nuevo

MauthausenMiembros de la formación de extrema derecha irrumpieron en una obra teatral representada por demandantes de asilo. Hay quien les defiende (a los identitarios, claro).

16 de Abril.- Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve contacto con el fenómeno, llamémosle así, de los que se llaman a sí mismos identitarios (Identitären).

Fue en la primavera del año 2012. Venía de trabajar, y me llamó la atención una pegatina, en una farola, en la que, en letras grandes, ponía „W.I.R.“ Era la abreviatura de los „Identitarios“ vieneses. Naturalmente, venía con una página web pero, la verdad, no me pareció que el asunto mereciera la pena ser investigado y, la pegatina y lo que pudieran ser aquellos identitarios se quedaron dormidos en el fondo de mi memoria.

Poco tiempo más tarde, un grupo de demandantes de asilo (nada que ver con los pobres que hoy en día el papa Paquirri ha visitado -tomen nota, señores dirigentes-) hizo la peregrinación desde Burgenland y plantaron un campamento en el parque Sigmund Freud, frente a la Iglesia Votiva -una de las más horrorosas, sobre todo su interior, de Viena, por cierto-; cuando llegaron los jielos y las escharchas, la Iglesia Católica les acogió en aquel templo que, aparte de una lobreguez espantosa, debe de ser un heladero. En una de estas, un domingo, mientras se celebraba la eucaristía, un grupo de los llamados Identitarios irrumpió en el templo, en lo que fue su primera aparición pública, para protestar por la supuesta islamización del continente europeo y la permisividad de los Gobiernos contra lo que ellos consideran una vergüenza que va a terminar con los europeos arios (más o menos lo que decía el otro día el candidato Hofer en su debate con el candidato Van der Bellen).

Desde entonces, los llamados identitarios han protagonizado otras acciones ruidosas y, por momentos, preocupantemente violentas.

La última fue antes de ayer por la tarde, en el Audimax o Aula Magna, de la Universidad de Viena.

Un grupo de demandantes de asilo representaba una obra de teatro (Die Schutzbefohlene, de Elfriede Jelinek, esa autora austriaca que tanto se parece a Tamara Seisdedos) y los de la cofradía identitaria irrumpieron en medio de la representación, se subieron al escenario, desplegaron una pancarta, tiraron pasquines y lo pusieron todo perdido de sangre artificial. Algunos de los pobres actores, muertos de miedo, se escondieron en sus camerinos (no es para menos) y unas ocho personas resultaron heridas leves (se vivieron escenas que se acercaron bastante al tumulto). Los de la cofradía, en número de treinta o cuarenta -la masa, siempre la masa, que enardece al indivíduo- se dedicaron a hacer fotos del asunto y más tarde las difundieron por las redes sociales. Para cuando la policía llegó, ya habían puesto pies en polvorosa (muy valientemente), aunque se ha identificado ya a cuatro de los gamberros racistas.

Por cierto, el portavoz de los gamberros racistas, un tal Alexander Marcovics, compara sus acciones con las de las chichis rebeldes (Pussy Riot), aquellas muchachas rusas que enseñaban los pechos a nada que apareciese un cura a más de cien metros de distancia.

Marcovics sostiene que con ellos se utiliza una vara de medir diferente que con las rusas, porque ellos son de derechas y las rusas son de izquierdas y la gente les tiene manía. También sostiene, al hablar de su irrupción en el Audimax que su irrupción fue una especie de performance que fue pacífica en todo momento y que, muy al contrario, la violencia provino de los espectadores, que les agredieron a ellos para intentar acallarles.

El Archivo Documental de la Resistencia (DÖW) que se encarga de preservar la memoria de los luchadores austriacos contra el fascismo y de monitorizar estos movimientos de extrema derecha, sostiene que los identitarios son mucho menos fuertes de lo que quieren hacer parecer hacia el exterior, les considera un grupo neofascista con una amplia presencia en las redes sociales y, claramente, les ve muy cercanos al FPÖ. Los vínculos con la formación ultraderechista cantan la Traviata. Varios de los miembros de los identitarios han ostentado cargos en el partido de Strache y varios son miembros de esos Think Tanks del pensamiento alternativo que son los Burschenschaften, esos que todos los años hacen su baile en el Hofburg todos los años para estar en su salta y, como Arévalo y Bertín Osborne, hacer chistes sobre minorías étnicas o sexuales y luego quejarse de que la gente no les ve la gracia. Varios miembros prominentes del FPÖ han salido en defensa de los Identitarios, bien para quitarle importancia a las cosas que hacen (cansinos que son, holy virgin) o bien para decir que lo que el país necesita es precisamente lo que ellos representan, jóvenes rebeldes, que sirvan de voz al pueblo. O sea, un poco en este plan.

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