El ramadán en Viena

mezquitaAyer, día 6, empezó una época del año muy importante para un cuarto de millón de vieneses. Hacemos un repasito de todo lo que hay que saber.

7 de Junio.- Viena tiene un poquito menos de dos millones de habitantes. De esos dos millones, alrededor de un cuarto de millón profesa la religión mahometana.

Para esas personas, empezó ayer un mes muy importante y uno de los pilares del culto islámico: el mes del Ramadán.

El ramadán es uno de los pilares de la religión islámica y, por lo que yo he leido, vendría a ser más o menos el equivalente a la cuaresma católica. Durante este mes, que es el noveno del calendario musulmán, los creyentes islámicos ayunan desde el amanecer a la puesta del sol. A este ayuno que, como pasa en el caso cristiano, se utiliza para purificar el cuerpo y, de ahí, alcanzar una pureza espiritual, se le llama en árabe sawm.

El tiempo del año en el que se realiza este ayuno varía de un año a otro porque, como pasa con la semana santa cristiana, se fija mediante el calendario lunar.

Según la página del Centro Islámico de Viena, en esta ciudad que el Danubio riega con sus aguas el ayuno empezó ayer día 6 y terminará en treinta días, o sea el 6 de Julio.

Durante ese tiempo, los vieneses musulmanes que sean practicantes no podrán, durante entre la salida y la puesta del sol, ni beber agua, ni comer, ni mantener relaciones sexuales. Curiosamente, y me ha sorprendido mucho leerlo, los que practican el ayuno deberán también mantener en todo momento un talante morigerado y deberán abstenerse también de los cambios de ánimo bruscos y es que uno de los objetivos del ayuno, como pasa con la cuaresma cristiana, es el de favorecer un estado de concentración en los pensamientos trascendentes. Así pues el creyente musulmán deberá mantenerse sereno para que nada turbe su ánimo a la hora de estar a lo que tiene que estar: o sea, en las cosas peculiares del culto, la oración y los deberes que, para el mes del ramadán, prescribe la religión musulmana.

Deben ayunar todos los musulmanes adultos, hombres y mujeres, que estén sanos (de mente y de cuerpo) y que no se encuentren viajando en el momento del ramadán. Están excusados de hacer el sawn pues los enfermos (de cuerpo, aunque el ayuno es „recuperable“ si el enfermo mejora y de espíritu) y las mujeres que tengan la regla o que estén en el puerperio (esto es, que acaben de tener un hijo).

El ayuno tiene su límite cuando se pone el sol y vuelve a salir la luna y hay una serie de comidas tradicionales que, en esta época del año, se sirven en los restaurantes de Viena que tienen una clientela mahometana. Por ejemplo, los de la cadena Türkis o el Etap, que ofrecen menús especiales durante esta época del año -menús tradicionales de los que, naturalmente, pueden comer también los que no sean creyentes en la religión mahometana y quieran degustar las delicias que se preparan para compensar la dureza del ayuno-).

Este, ha empezado hoy exactamente a las 4:55 de la madrugada (momento en el que se ha considerado que ha salido el sol) y acaba de terminar hace un minuto (estoy escribiendo esto a las 20:54 de la tarde según el reloj de mi ordenador).

Los musulmanes que así lo deseen, también pueden acudir a las casas de oración y mezquitas repartidas por Viena.

La mezquita principal de Viena, la del Centro Islámico de Viena, está cerca de la estación de Neue Donau, a tiro de piedra de donde el otro día estuvo cantando y seduciendo al personal Iggy Pop, ese hombre que podría ser el abuelo de la mayoría de mis lectores pero que se sigue moviendo en el escenario como un chavalín. La mezquita fue inaugurada en 1979. Curiosamente la construyó la empresa de Richard Lugner (sí: el mismo) por encargo del rey Faisal de Arabia Saudí.

Aquellos de mis lectores que tengan curiosidad por saber cuántas mezquitas hay en Viena y en donde están, pueden consultar esta página tan pintiparada, que es la página del culto islámico de Austria. Aquellos que me lean desde fuera de Viena pueden filtrar por su región.

Quisiera terminar este artículo haciendo un llamamiento: apenas sé de la religión musulmana lo que puede saber cualquier persona medianamente leída, por eso ha podido ser que se me haya colado alguna inexactitud en el artículo. Si hay alguna y alguno de mis lectores me hace el favor de hacérmela notar, la corregiré muy gustosamente.

También me gustaría decir que creo que, en este mundo, una de las claves de la convivencia es el conocimiento mútuo. Estoy seguro de que si conociéramos más a los otros, estaríamos todos mucho más relajados y más tranquiletes y se evitarían muchas atrocidades y muchos extremismos. Sirva este artículo para poner un minúsculo grano de arena en esa tarea ingente.

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Un comentario a El ramadán en Viena

  1. Esther dice:

    Tienes toda la razón. La mejor manera de aprender, de crecer como persona, es acercarse a la gente, a los lugares, con sana curiosidad y sin prejuicios. Observar, ser respetuoso y después sacar conclusiones.
    He viajado varias veces a Turquía durante la celebración del Ramadán y la experiencia fue enriquecedora.
    En la bellísima Estambul, una de las ciudades más interesantes del mundo, siempre me he sentido como en casa. Por eso resulta más triste, si cabe, los atentados con los que está siendo golpeada en los últimos tiempos. Confiemos que este terror acabe pronto.
    Algo que desconocía del Ramadán, la primera vez que fui, es que incluye una parte muy lúdica. No sé porqué tenía la impresión de que era algo más introspectivo, que se vivía de puertas para adentro y en silencio. Pero no es así. Cerca de las mezquitas más grandes, como la Mezquita Azul, se organizan espacios con casetas de madera, que, al caer el sol se llenan de vida, y en los que se puede comer, beber, comprar «chucherías» y adornos… Suele haber música, también. Y las familias y los grupos de amigos se reúnen a última hora de la tarde para compartir ese tiempo juntos y disfrutar. Si dejásemos fuera el componente religioso, no resulta muy distinto de las verbenas que proliferan cada año a lo largo y ancho de la geografía patria. ¿O no?

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