Tengo algo, tengo un don (Regenbogenparade 2016)

FriedeHay características de la vida de uno que mejor no contarlas a cualquiera, por lo que puedan pensar de uno. Así pasa con „mi don“.

18 de Junio.- Mi abuelo, algunos de mis lectores lo recordarán, era un ser muy especial. Además de ser Guardia Civil, tenía „un don“ que le permitía ver el futuro y encontrar cosas perdidas, entre otras cosas.

Cuando yo era pequeño, pensaba que los abuelos de todos los niños eran iguales que el mío. Con el tiempo, me di cuenta de que, sorprendentemente, no, y también me di cuenta de que, en bien de mi reputación, me convenía hablar del don de mi abuelo con discreción y no contárselo a la gente a la primera de cambio.

Regenbogen

Pues bien: más o menos al mismo tiempo, me di cuenta de que tanto yo como mi familia compartíamos otro don del que no convenía hablar mucho por sí las moscas. Es una especie de superpoder muy agradable en sus consecuencias pero que no todo el mundo comprende ¿Que cuál es? Pues que, por lo que sea, estamos destinados a conocer a gente fuera de lo común.

Mujer arcoiris

En el trabajo, por ejemplo, yo hay ciertas cosas de mis amistades que no las cuento ya, no por nada, sino porque la gente siempre me pregunta „Y tú, ¿Dónde conoces a esa gente?“ y cuando les digo que en sitios y situaciones perfectamente comunes y silvestres, nadie se lo cree. Pero es que, lo juro por lo más sagrado, es así (tampoco llevo yo una vida como la de Mick Jagger, como para conocer a gente en sitios raros; no tengo tiempo: estoy muy ocupado escribiendo Viena Directo).

Cuando yo conocí a quien hoy llamaré Inge, le conocí en su faceta de profesional serio y en su faceta de señor normal, más bien callado, con dos ayudantes (tenía que hacerme una reforma en casa). Luego, más tarde, la amistad cuajó (no se hizo íntima, pero se creó una confianza) de manera que llamémosle Inge se sintió suficientemente cómodo como para informarme de que él también tenía un don que no le contaba a todo el mundo, y es que es drag.

Bandera del arcoiris

Aunque quizá ni siquiera me lo contó, a lo mejor fue que la cosa surgió así. El caso es que me enteré.

Quizá Inge decidió hacérmelo saber porque intuía que a mí el asunto de sus boas de plumas, sus plataformas y sus vestidos de lentejuelas no me iba a cambiar para nada la opinión que él me merece (como así ha sido) y es la de que es una persona muy rigurosa, muy centrada y muy profesional en su trabajo. El caso es que llamémosle Inge y yo, varias reformas domésticas más tarde, seguimos conservado una relación muy correcta y amigable.

Ópera con arcoiris

Inge, como es un profesional de las reformas domésticas, está ahora mismo en temporada alta de trabajo pero, como todo el mundo sabe, para el colectivo gay hay un sábado en el año que reluce más que el sol, y ese sábado ha sido, en Viena, hoy mismo.

Así pues, Inge me ha invitado hoy a su casa a una fiestecilla de calentamiento antes de ir a la Regenbogenparade (o sea, al orgullo), desfile reivindicativo al que asiste todos los años (moi aussi), haga el tiempo que haga y tenga el trabajo que tenga, para contribuir a que se acabe en este mundo la homofobia, que es una lacra que todas las personas decentes queremos que desaparezca.

Mujer policía

Inge vive en una zona popular de Viena, en un piso pequeño en el que no cabe un alfiler porque está lleno de preciosos muebles antiguos (el más moderno, según he podido colegir, de la década de 1920). Hoy, a la mesa de Inge estaban sentadas sus amigas lesbianas, unos amigos (dos chicos) que llevan juntos vientiún años, y ,una profesora de niños de educación especial cuyo hijo vive en América y que la va a hacer abuela dentro de poco, y con la que yo he estado teniendo una conversación interesantísima sobre los niños que crecen en un idioma materno que no es el suyo.

Estados Unidos

También estaba una muchacha joven, madre joven y ya viuda (su compañero murió hace poco de cáncer) a la que, llamémosle Inge, ha servido de apoyo emocional durante estos últimos meses.

Confidencias

Después de tomarnos unos aperoles y de picar un poquillo, nos hemos ido todos en coche a la Regenbogenparade y allí yo he estado haciendo las fotos que ilustran este post de Viena Directo.

El chico de la cinta

Este año, la Regenbogenparade ha cogido el Ring ya caliente de una manifestación inmediatamente anterior, la „Marcha por Jesús“ y diré que este hecho me ha hecho reconciliarme con la especie humana, a la que yo no le tenía mucho aprecio en estos últimos tiempos, porque he podido constatar que ha habido personas que han ido a las dos marchas (se les notaba en que llevaban camisetas de I love Jesus).

Gogo

También me ha gustado que ha habido muchos recuerdos para las víctimas del club Pulse de Orlando y que ha habido muchísimas más banderas del arco iris que otros años. Y también me he dado cuenta de que cada vez hay más marcas en Austria (bueno, en Viena) que han descubierto el potencial del colectivo gay como target comercial. Hoy, por ejemplo, había un camión de Almdudler. También punto a favor.

Almdudler

Quisiera terminar este artículo como lo hago todos los años, recordando que el orgullo gay es una fiesta, pero que es una fiesta reivindicativa de un colectivo, el de los gays, las lesbianas, los bisexuales y los transexuales, que vive oprimido en muchas partes del mundo,y que aún en Europa (en Austria, por ejemplo) es tratado por el Estado como ciudadanos de segunda clase, negándoles derechos elementales como el de heredar de sus parejas, o tener pensión de viudedad, o la concesión de la nacionalidad, o el poder acceder a la custodia de los hijos de sus parejas, que los heterosexuales tienen automáticamente con solo casarse.

Así pues: por la igualdad, por la tolerancia, porque todo el mundo pueda ser lo que quiera y vivir como quiera, sin molestar a nadie.

La homofobia mata

En resumen: por que algún día el desfile del orgullo deje de ser necesario. A ver si llegamos a verlo.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Tengo algo, tengo un don (Regenbogenparade 2016)

  1. Alvaritchen dice:

    ¡En pie para ovación por el final del artículo! En esas cosas andaba yo pensando cuando el flamante nuevo canciller nos dio el discurso después de la romería. Que, oiga señora, fetén lo de venir a apoyar, pero es que ese hombre sí puede hacer más cosas.
    Y hablando de políticos, Lunacek este año ha hecho pellas ¿no?

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