Austria y el Brexit: quién pierde, quién gana

En la cuerda flojaAyer, los británicos se pronunciaron a favor de una salida de la UE ¿Qué consecuencias puede tener para Austria? ¿Quién gana? ¿Quiénes perdemos?

24 de Junio.- Me van a perdonar mis lectores que empiece esta valoración de emergencia con un poco de humor negro (oscuro). Di que tú eres un colgao que te metes en un cine de Alemania disfrazado de Rambo y pegando disparos al aire (¡Se sienten, coño! En plan Tejero) y cuando tú esperas ver desde el más allá cómo los periódicos se rifan tu historia de pobre diablo va, y se produce la noticia de la década.

Ayer, como todos mis lectores sabrán a estas alturas, se consumó el drama (todos los divorcios lo son). Los británicos votaron en un referéndum (no vinculante, pero con peso indudable) sobre su permanencia en la Unión Europea. Como ha sucedido demasiadas veces a lo largo de la Historia de la Humanidad, perdió la sensatez y ganó el patrioterismo más grosero, más cutre y más barato, personificado en Nigel Farage, ese ser.

La noticia es mala. Malísima. Y no se sabe para quién es peor, si para los británicos o para el resto de los europeos.

De momento, se abren dos años de muchísima incertidumbre que empezarán a la vuelta del verano. Ya sucedió en 1914, con el asesinato de Franz Ferdinand, durante el verano, con todo el mundo de vacaciones, no sucedió nada de importancia en lo que, ya entonces, era la primera guerra mundial. La vida siguió, aparentemente, como si nada. Esto ha sido un Sarajevo incruento. El primero del siglo XXI –es muy probable que, en los próximos meses, vengan más-.

¿Qué consecuencias tendrá esto para la Unión en general y para Austria en particular? A la vuelta de las vacaciones, cuando las maquinarias de los diferentes partidos políticos funcionen a la velocidad normal, es indudable que van a empezar a pasar cosas. Austria está al borde de unas nuevas elecciones generales (nosotros tenemos nuestro propio referéndum en estos momentos: habrá que ver en qué acaba la impugnación de la ultraderecha a las últimas elecciones presidenciales). Si la impugnación triunfa y las elecciones tienen que ser repetidas, es muy probable que caiga el Gobierno Kern, y es muy probable también –a las encuestas me remito- que el próximo canciller austriaco sea un ultraderechista, de la misma cuerda que Marine Le Pen o que el propio Farage.

A pesar de que uno de los espinazos ideológicos del FPÖ es su anti europeísmo (que es un resto del pangermanismo que ha sido una de las ideas fuerzas de la ultraderecha austriaca desde hace ciento cincuenta años por lo menos) es poco probable que se produzca un Öxit. No de momento, por lo menos. Para la economía austriaca, tendría unas consecuencias mucho más brutales que para la economía británica (que va a sufrirlas de todas maneras, en breve plazo, debido a la devaluación dramática que va a sufrir la libra esterlina) porque Austria es un país que tiene un mercado interior muy pequeñito y vive, sobre todo, de las exportaciones.

Probablemente, eso sí, pasemos por un proceso en el que, arrastrados por la eurofobia de la ultraderecha, los demás partidos también se animen (¡Que no decaiga!) a repensar “la relación de Austria con la Unión” (a eso apuntan las primeras declaraciones de Sebastian Kurz, Ministro de Exteriores de EPR, esta mañana). O sea, es muy probable que se resucite la idea de las tres seguridades sociales: una para los austriacos pata negra, otra para los ciudadanos de la Unión (por ejemplo, con un subsidio de desempleo recortado) y otra para los de las tinieblas exteriores. El objetivo será culpabilizar a la emigración intraeuropea de los problemas interiores (la vieja teoría del enemigo común) y vamos a escuchar (ya lo estamos escuchando) la tontería esa de “recuperar la soberanía” y demás.

¿Quién gana con el Brexit? En el interior de la Unión, naturalmente, los populismos de ultraderecha. En el exterior, el gran beneficiado es el putín de Putin. Es muy probable que, tras Inglaterra, los países del este que antiguamente pertenecían a la órbita soviética y que han ingresado paulatinamente en formas más o menos light de autoritarismo, basadas en el nacionalismo y en el fanatismo religioso (Polonia, Eslovaquia y Hungría) terminen siguiendo el camino inglés y entrando en la órbita de influencia de un Putin acosado en el interior por una enorme crisis económica y que necesita el oxígeno del patrioterismo para poder sobrevivir políticamente.

La cosa, señores, vuelve a ponerse emocionante en Europa. Y no para bien.

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Un comentario a Austria y el Brexit: quién pierde, quién gana

  1. María Carmen Pillado Nuñez dice:

    Quizás la EU debería preguntarse por qué el no. Indudablemente la EU tal y como se nos presentó a la hora de formarla no defraudaría tanto como el producto comsumado que se nos dió. La inmigración fue el producto, no el factor.

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