Odio en la red

HateLos nuevos tiempos traen nuevos problemas que hay que atajar de alguna manera. Aunque parezca mentira, muchas veces la solución es antigua: está en nosotros mismos

6 de Julio.- No hay nada que más delate la edad de una persona que el modo en que habla sobre internet.

El otro día, por ejemplo, me echaba yo las manos a la cabeza (mentalmente) porque en una mesa redonda sin mesa, los tertuliantes decían, con la misma complacencia que si hubieran descubierto el mecanismo del berbiquí, que los partidos llamados emergentes se distinguían de los tradicionales en que habían sabido usar „las nuevas tecnologías, por ejemplo internet“. Amárrame esos pavos.

Considerando que yo no soy lo que suele llamarse un „early adopter“ (o sea, uno de esos imbéc…digoooo modernos, que hacen cola para tener antes que nadie el último modelo de telefonino de la manzana) y considerando que navego regularmente (o sea, a diario) por internet desde finales de los noventa, decir que internet es „una nueva tecnología“ es, ante todo, un indicio claro de pereza mental lo mismo que decir aquello de „las merecidas vacaciones“, „las antiguas pesetas“, „hacer sus pinitos“ o „tener una espinita clavada“ (expresiones todas que delatan a la analfabeta que va de „fisna“).

Hace mucho tiempo que internet llegó para quedarse y está claro que internet, desde que su utilización se hizo masiva, ha cambiado de forma irreversible nuestra manera de relacionarnos con el mundo , dándole por ejemplo otro sentido a las nociones de velocidad y de distancia, por ejemplo. Es más: gracias a internet, la Humanidad ha doblado su experiencia de la realidad. Y ya todos, queramos o no, nos movemos en dos mundos: en el que se puede tocar y en el otro, el que por inmaterial, parece como si no tuviera peso. Pero ahí está la trampa: solo lo parece.

Desde principios de este siglo todos tenemos dos identidades, ambas igual de importantes y una de ellas muchísimo menos manejable que la otra. La nuestra, física, que también tenían nuestros abuelos y la nueva, la del mundo digital la cual, por el número de personas que tienen acceso a ella, se parece más a lo que en marketing se entiende por imagen de marca que a una identidad.

A poco que uno se descuide, cualquiera puede acceder a información sobre nosotros que antes era privadísima. Nuestra imagen, nuestra formación, nuestro currículum, direcciones de correo electrónico, a poco que hayamos interactuado en un foro utilizando nuestro nombre, se pueden saber nuestras ideas a propósito de diversos temas y no solo estas informaciones reales sino también las inventadas (y si no, que se lo digan a VdB) se pueden utilizar también CONTRA nosotros al objeto de atacarnos o desprestigiarnos públicamente.

Antes, todas estas cosas eran problemas que traía aparejada la fama y los personajes públicos eran los que tenían que ocuparse de gestionar la aversión, la envida, el odio, que inevitablemente apareja el estar expuesto al ojo público. Ahora, sin embargo, todos estamos en esa situación. Como personas y como colectivos.

Por eso, el Gobierno austriaco tiene previsto aprobar próximamente una iniciativa que pretende combatir el odio en la red, contra personas y colectivos. Habrá seis ministerios implicados.

Por ejemplo, está previsto simplificar la denuncia de contenidos en la red que inciten al odio y a los propietarios y administradores de foros se les va a tratar de sensibilizar sobre sus deberes, que ya están expuestos en la normativa austriaca, en la llamada ley de comercio electrónico. También está previsto que haya cursos para otras instancias implicadas, como la policía o la fiscalía y, en el marco de una acción europea „No hate speech“ se llama, también está previsto que se hagan talleres para la eliminación progresiva de los prejuicios contra las minorías o los colectivos atacados.

La homofobia mata

Y, finalmente, a mí, lo que me parece más chulo de todo es que se pretende también concienciar a los usuarios de que, en nuestra mano, está cambiar la situación y que, en muchos casos, tenemos que demostrar también valor cívico y concienciarnos de que los comentarios racistas, machistas u homófobos son una forma de maltrato y el primer paso de otras cosas muchísimo peores, como ya se ha demostrado, desgraciadamente, demasiadas veces. Desgraciadamente.

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