Elfriede Jelinek cumple 70 (1)

burgteatherHoy, la escritora austriaca viva más importante cumple setenta años. Echemos un ojo a su apasionante (y polémica) vida.

20 de Octubre.- Hoy, cumple setenta años una persona que probablemente no lo esté celebrando. O, fiel a su estilo, probablemente lo esté celebrando de una manera muy poco convencional.

Me estoy refiriendo, naturalmente, a Elfriede Jelinek, escritora austriaca y la segunda mujer de su país galardonada con un premio Nóbel (la primera, como sabemos todos, fue Bertha von Suttner, por su obra „Abajo las Armas“).

Jelinek, que actualmente vive entre Viena y Múnich, nació en Mürzurschlag, en Carintia el 20 de Octubre de 1946 y ya desde antes de su nacimiento estaba destinada a ser una persona peculiar. Los padres de Elfriede Jelinek eran una vienesa procedente de la alta burguesía y un químico judío, que había escapado de la persecución nazi por ser un trabajador „imprescindible“ para el esfuerzo de la guerra.

Cuando Elfriede Jelinek era apenas un adolescente, su padre, de ascendencia checa, empezó la larga cuesta abajo que le llevaría a morir, a finales de los sesenta, en una clínica psiquiátrica.

Quizá por cierta tradición familiar, lo cierto es que Elfriede Jelinek siempre tuvo algunas dificultades para encajar en el mundo. Cuando fue a la escuela, lo pasó fatal (de hecho escribió más tarde un ensayo que se llama „Ir a la escuela es como ir a la muerte“) y durante su etapa escolar, su comportamiento, nada tranquilo, condujeron a las monjas a llevarla a una clínica psiquiátrica infantil (la dirigía, por cierto, el doctor Asperger -y no es coña, el del famoso síndrome- el cual, por cierto, no encontró nada extraño en la psiquis de la niña Elfriede).

Mamá Jelinek, sin embargo, tenía ya planeado el futuro de su hija, y lo tenía planeado como niña prodigio de la música. Con trece años (más o menos en el momento en el que su padre empezó a perder la cabeza) Jelinek ingresó en el conservatorio de la ciudad de Viena y estudió, amén de una larga lista de instrumentos musicales, composición (le sirvió la experiencia, por cierto, cuando se puso a componer libretos de ópera) al tiempo que seguía con éxito sus estudios normales.

Después de la Matura tuvo Elfriede Jelinek su primera crisis psicológica y se matriculo en Historia del Arte en la Universidad de Viena (no la terminó). Viena era en aquel momento, 1968, una ciudad que empezaba a despertarse del largo, gris y tedioso sueño de la posguerra mundial. Elfriede Jelinek se tiró a esa vorágine de cabeza e incluso estuvo algunos meses viviendo en una comuna.

Pasado el sarampión sesentayochista, Elfriede Jelinek se apuntó al partido comunista (fue „miembra“ hasta los noventa del siglo pasado) y participó activamente en política. En 1974 se casó con Gottfried Hüngsberg, hombre también de amplios intereses. En el momento en el que pasaron por el juzgado, Hüngsberg era el músico que le creaba las bandas sonoras a Rainer Maria Fassbinder, pero poco después se convirtió en un pionero de la informática.

En 1975 llega su primer éxito, Las Amantes, en donde Jelinek caricaturizaba a las feministas marxistas leninistas, a las que conocía tan bien. Siguieron durante los siguientes diez años algunas obras, hasta que, en 1985, se produce el primer escándalo gordo en la vida literaria de Elfriede Jelinek. Se trata del estreno de su obra Burgteather, en el que, tomando como hilo conductor la vida de la actriz Paula Wessely (matriarca de los Hörbiger, que fue una estrella durante el nazismo pero que después pasó la aduana de la victoria aliada sin mayores problemas) Elfriede Jelinek hacía un retrato crudelísimo y muy ácido de lo que a ella le parecía que pasaba en Austria. O sea, que era un país dominado por la pequeña burguesía que no había todavía superado su pasado nazi (y en donde, de hecho, los ex nazis, como Paula Wessely, vivían como submarinos o lobos con piel de cordero).

En 1989 apareció Deseo (Lust) que fue calificada por la crítica como „porno femenino“ y, por lo tanto, se vendió como rosquillas, haciendo ricos a los editores.

Mientras tanto, la inquieta Elfriede se convirtió en un personaje habitual en la vida austriaca, aún con sonadas meteduras de pata como la de haber sido, junto con otros escritores e intelectuales, como Erika Pluhar, la artíficie de la puesta en libertad del asesino Jack Unterweger (quien quiera leer la historia completa, puede hacerlo pinchando aquí)

(Continuará)

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Un comentario a Elfriede Jelinek cumple 70 (1)

  1. Bad Vöslauer dice:

    ¿Por qué si sustituimos España por Austria y franquismo por nazismo, el control de la pequeña burguesía aparece intacto?. Quiero decir quizá los que controlaban antes el sistema también lo hacen ahora disimuladamente y con el subterfugio de la democracia, pero haciendo lo mismo. Todos conocemos a grandes familias normalmente muy católicas ellas, que en el tardofranquismo empezaban a hacer negocios y son los que ahora mueven el país

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