Todavía estamos a tiempo (¿Hasta cuándo?)

 

Life is very shortA lo mejor, una parte de mis lectores coincide con el contenido de este artículo. Si es así, el mundo estará de enhorabuena.

28 de Noviembre.- Este viernes pasado se estrenó La Reina de España, de Fernando Trueba. En 1998, cuando se estrenó La Niña de Tus Ojos, la primera parte, yo era un muchacho bastante feúcho y desgarbado de 23 años que acababa de terminar la carrera y pasaba por un periodo de mi vida un tanto extraño, porque no sabía muy bien hacia dónde quería tirar (aunque me guardaba mucho de confesarlo, como es lógico). Faltaba todavía un año para que empezase una de las rachas más luminosas de mi vida (mis primeros tres años trabajando en la tele) y no se me hubiera pasado por la cabeza de ninguna de las maneras que, menos de una década después, cambiaría de país y, definitivamente, dejaría de ser el que fui para transformarme en la persona que soy.

La Niña de Tus Ojos, en aquellos días inciertos y un poco grises, fue para mí un oasis luminoso (todavía lo sigue siendo) porque era una película que contenía dentro de sí, no solo la enorme belleza de Penélope Cruz (no volvió a estar tan hermosa hasta Volver, de Pedro Almodóvar), sino también muchas de las cosas que forman parte de las fibras más consistentes de mi carácter, en las que más me reconozco.

Principalmente la repugnancia total que me suscita esa enfermedad mastuerza y ordinaria que es el nacionalismo en cualquiera de sus formas.

No hay cosa que más del hígado me ponga y naturalmente, viviendo donde vivo, y dada mi biografía, no hay cosa que entienda menos.

Todos los nacionalistas que he conocido me han parecido, en lo tocante a este tema y sin excepción, personas de inteligencia mutilada, con las que uno no puede llegar a entenderse del todo, quizá también porque hay una cosa de la que uno no puede llegar a reírse con ellos.

Si se pudiera, si ellos pudieran llegar a entender lo infantil de su postura, se darían cuenta de que , a lo largo de la Historia, el “necionalismo” no ha engendrado más que desastres y catástrofes Guerras absurdas, las muertes que conllevan esas guerras, pérdidas sin cuento de placeres (¿Qué puede haber que dé más gustillo que sentarse con alguien que ha nacido en otra parte del planeta y decirle “ven y dime cómo vives”?), la matraca del patrioterismo que no ha producido más que arte malo y ramplón. En mi opinión, no hay cosa que vaya más en contra de la civilización que la emoción que algunos sienten o dicen sentir ante un cacho de trapo ondeante, esté teñido el cacho de trapo de los colores de los que esté teñido y en la raíz de esta ridiculez fundamental está el que hay indivíduos que piensan que su cacho de trapo simboliza cosas más hermosas que el cacho de trapo del vecino cuando, si se mira la cosa con un poco de imparcialidad, todos venimos al mundo por el mismo sitio y todos, hayamos nacido en donde quiera, nos morimos sin que la muerte haga distinciones a propósito de lo que ponga en nuestro pasaporte.

Fernando Trueba, el director y uno de los guionistas de La Niña de Tus Ojos, dijo hace algún tiempo que él no se había sentido español nunca, ni cinco minutos. Y yo ya dije en su momento que compartía exactamente la misma sensación. El cosmopolitismo, en el sentido literal del término, denuncia, en mi modesta opinión, al hombre auténticamente inteligente y es la señal inequívoca de la elegancia espiritual. Sin cosmopolitismo, sin ese afán de comerse el mundo a cachos y entenderlo, y aceptarlo, y amarlo por todas las cosas hermosas que contiene, no hay auténtica cultura, solo acumulación de datos. Por eso yo pienso que nosotros, los que ya no vivimos en el lugar donde nacimos, somos los seres más afortunados que pisan la tierra, porque nos dan un curso en vivo y en directo de curiosidad hacia ese universo fascinante que es “lo otro”, lo que no pertenece a nuestra zona de confort. Naturalmente, como todos los sanos productos de la inteligencia, la pérdida del lastre del nacionalismo no está al alcance de todos los caletres. Si tú, querido lector, eres de los afortunados, choca esos cinco. Y disfruta (mientras puedas, porque sospecho que todo lo anterior va a dejar de estar de moda definitivamente dentro de muy poco).

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Un comentario a Todavía estamos a tiempo (¿Hasta cuándo?)

  1. Eugenia dice:

    Si entendemos que sentirse algo es creerse mejor que los demás estoy de acuerdo pero… Las palabras del señor Trueba están pronunciadas para provocar cuando dice que si hubiera una guerra iría con el enemigo.
    Si no vas a luchar por ser español ¿lo vas a hacer con los franceses?
    Por otro lado yo me siento mucho más española desde que vivo fuera, el sentimiento cultural y de «pertenencia» a un sitio no tiene nada que ver con los nacionalismos trasnochados ni con los trapos de colores…
    Me gusta el fútbol y prefiero que gane España a otro equipo, aunque no me toque nada a mí o prefiero comprar productos españoles.
    De todas formas creo que la película simplemente no ha gustado.

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