Amores prohibidos, campos de exterminio y Balenciagas

Debido a una ligera runcunfunción técnica (ya resuelta), VD faltó ayer a su cita con sus numerosos lectores. La cosa ya está arreglada y VD de vuelta.

15 de Diciembre.- Imaginen mis lectores un mundo en el que fuera posible que la cadena de televisión pública alemana ZDF anunciara el proyecto de una serie que se llamase “Te querré siempre”.

Un reparto de lujo: en los papeles protagonistas, Daniel Brühl y Heike Makatsch (por ejemplo) y en la producción todos los medios de una de las teles europeas más potentes al servicio de una historia de amor: la que unió al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels y a la actriz Lida Baarova. Una relación tortuosa, apasionada, que estuvo a punto de provocar una crisis en la cúpula del régimen nazi. Crisis que tuvo que resolver el mismísimo Hitler (Magda Goebbels pidió la intercesión del dictador, para que apartase a su marido, mujeriego empedernido, de la pelandrusca que estaba a punto de levantárselo y de acabar con la imagen de familia feliz que el régimen proyectaba).

En la serie, Goebbels, una de las personas más malas que ha pisado la faz de este planeta (y mira que ha tenido y tiene competencia), un hijo de puta con ventanas a la calle, sería presentado como un tipo romántico de mirada lánguida y flequillo engominado que, con Machín, podría cantar aquello de que “es posible querer a dos mujeres a la vez, y no estar loco” y ella como una chica de orígenes humildes, mona, glamurosa, atrapada en el torbellino de la Historia. La acción rodearía hábilmente todas las zonas oscur(ísim)as de los dos personajes y presentaría a los protagonistas en ambientes palaciegos, con fiestas amenizadas por cuartetos de cuerda compuestos por señoritas (arias). Habría sexo sugerente (pero solo sugerido) entre Goebbels y su amante (esas escenas en las que los dos amantes, después de haber retozado como salvajes, van y se despiertan a la mañana siguiente y se cubren púdicamente con sábanas) y un gran lujo en vestuario y decorados.

Fuerte ¿Verdad? Pues esa serie existe. Pero no es alemana, sino española, y trata del que fue Ministro del Interior durante los llamados años de plomo del franquismo, Ramón Serrano Suñer, vinculado también a las zonas más siniestras de la historia de Austria a través del campo de exterminio de Mauthausen, en las cercanías de Linz, en donde murieron, con su pleno conocimiento y aquiescencia (de Serrano, naturalmente), varios miles de españoles.

La serie se llama “Lo que escondían sus ojos”, está basada en una novela bastante moñas y cuenta los amores (reales y clandestinos) de Serrano, no con una actriz, sino con una aristócrata, la marquesa de Llanzol, amores ilícitos de los que nació Cármen Díez de Rivera, una de las políticas españolas más listas de todos los tiempos (fue jefa de gabinete de Adolfo Suárez y la mujer más importante de la Transición junto con la reina Sofía) .

Ambos, Serrano y la marquesa de Llanzol, no eran mejores que Goebbels y que Barova, solo que salieron con bien del asunto por una serie de circunstancias en gran parte fortuitas. Serrano Suñer, por ejemplo, el arquitecto del edificio político del franquismo y quizá el único fascista químicamente puro que tuvo Franco en sus cercanías, tuvo la suerte de vivir más de un siglo y, durante ese tiempo, se dedicó a hacer lo que la vedette argentina Celia Gámez recomendaba a las mujeres que quisieran disimular su edad. Escuchémosla:

-Vos no tenés que mentir, querida, lo único que tenés que hacer es sembrar la confusión.

O sea, concediendo entrevistas a historiadores más o menos encandilados por su aura de caballero de otro siglo y escribiendo libros de memorias autojustificativos. Una de las tesis de los neo-historiadores que tratan de justificar la actuación de Serrano en lo tocante a su escalofriante vínculo con la historia de Austria, es que el Gobierno español de la época no tenía ni idea de lo que pasaba en la cantera de Mauthausen, un infierno indescriptible, como puede ver hoy todavía cualquiera que se pasee por esos muros empapados de tristeza, ni en otros lugares a donde fueron a parar los presos que los nazis recogieron de los campos del sur de Francia.

No es verdad. La documentación del Ministro de Exteriores alemán, conservada, da cuenta de la negociación que se estableció para decidir el destino de aquellos pobres desgraciados que, según el franquismo “habían dejado de ser españoles” desde el momento en que habían decidido alinearse en las filas del ejército que defendía el gobierno legalmente establecido (con todas las carencias posibles, pero salido de la voluntad popular). La representación diplomática española en Viena (no era una embajada, porque Austria no existió como tal entre 1938y 1945) siguió informando también de manera regular (y un poco cínica) a los familiares de los presos en Mauthausen que conseguían averiguar su paradero y se interesaban por su suerte. Para ellos, no habrá película ni serie. Sus uniformes no eran de Balenciaga.

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