Si no te dejan desconectar, tienes que leer esto

¿Eres un trabajador normal o “en versión extendida”? El derecho a la desconexión fuera de horas laborales está consagrado en la ley austriaca.

4 de Enero.- Al leer la noticia de la que hoy hablaré no he podido evitar acordarme de un amigo. Di que este chico estaba trabajando en una empresa pequeña, en la que ganaba tirando a poco, pero en la que vivía más feliz que un regaliz y más a gusto que un arbusto.

Un buen día, un tipo listo se dirigió a él con intenciones de contratarle en una empresa grande y en la que ganaría un poquitillo más (pongamos que 150 laureles al mes más) a cambio de un trabajo mucho más complicado y estresante. Mi amigo, que disfrutaba en la empresa pequeña de una calidad de vida considerable, movió la cabeza y, amablemente, declinó la invitación.

El punto de la historia viene ahora porque el otro, contrariado, no encontró mejor argumento para convencerle que este:

-Si te vienes a trabajar a mi empresa, te doy un móvil de estos de la manzana mordisqueada. Gratis ¿A que mola?

Para mi amigo, este fue sin embargo el argumento definitivo para NO aceptar el trabajo, cosa que sorprendió muchísimo a quien le quería contratar.

Antiguamente, los trabajadores percibían que la empresa les diera un móvil llamado “de empresa” (de la manzanita o de los otros) como una señal de estatus. O sea: “qué importante soy que tengo que estar localizable todo el tiempo”. Sin encambio, como dijo el clásico y Bob Dylan confirmó, los tiempos están cambiando y ahora móvil de empresa y ordeñador de empresa tienen este, el otro, Maroto y el que pasaba con la moto y en la práctica, son los grilletes que encadenan a muchos al banco de la paciencia.

Con el caramelo del telefonino o, más exactamente, con el caramelo del telefonino con internet, a cambio de un coste ridículo las empresas han alargado la jornada laboral de manera, en muchos casos, totalmente abusiva, invadiendo los tiempos de descanso que todos los trabajadores debemos disfrutar por ley. Por ejemplo, las vacaciones o incluso las bajas médicas.

En Francia, en una ley pionera, han decidido reforzar la legislación laboral en este aspecto y consagrar “el derecho a la desconexión” fuera de horas de trabajo (lo cual quiere decir que “si usted quiere que yo esté conectado, págueme”; o como dice Antonio Gala “puta sí, pero carissssima”).

¿Cómo está el asunto en Austria? En teoría, fenomenal. En la práctica, algo menos. El legislador austriaco considera que una norma como la promulgada en Francia es totalmente innecesaria a este lado de los Alpes, porque la ley consagra negro sobre blanco que si uno recibe mails o llamadas, aunque sea a su móvil de empresa, fuera de horario de oficina, y uno los contesta, ese tiempo hurtado a tareas tan estimulantes como discutir con la parienta o, simplemente, a cultivar al cerdoperro interior, ese tiempo, digo, según la ley austriaca son horas de trabajo y deben ser tratadas como tales, y que incluso el trabajador tendría (en teoría) derecho a pedir horas extras (con su correspondiente compensación).

Asimismo, las empresas tienen la obligación legal e imperativa de respetar las pausas de un mínimo de once horas entre el final de una jornada laboral y el principio de la siguiente.

La obligación de estar localizable solo existe en los casos en los que el trabajador esté “de guardia”, como pasa mucho en compañías aéreas, por ejemplo. Según la ley austriaca, esta situación solo puede producirse un máximo de diez días al mes.

Imagino que muchos de mis lectores, sobre todo si tienen puestos de alguna responsabilidad, se estarán miccionando de risa en estos momentos al comparar lo que dice la ley con sus condiciones efectivas de trabajo, las cuales podrían resumirse en aquello que decía la mujer maltratada de “mi marido me pega lo normal”. Ya de España ni hablamos, porque aquello, laboralmente hablando, es lo más parecido a la jungla (la crisis).

El hecho es que la ley es una cosa y la cultura empresarial es otra. Por muchos motivos: los trabajadores siguen viendo el estar permanentemente disponibles para el jefe como una manera “de hacer méritos” (cuando no de conservar el puesto de trabajo) o de “confirmar una situación de estatus alto” (cae por su peso que este problema no afecta a los sectores más modestos del mercado laboral) y los empresarios (los miopes, no los listos, claro), con esa avaricia que tan sanos frutos ha dado al capitalismo, piensan que tienen dos trabajadores por el precio de uno. O sea, el trabajador en sus ocho horas normales y luego “la versión extendida” durante las horas en las que la persona está en su domicilio “para lo que surja”. Los estudios al respecto indican que no es así, y que los trabajadores que no descansan lo que deben son más propensos a cometer errores y a terminar quemados, con el coste que esto supone para la empresa (en formación y en errores cometidos).

Por el bien de mis lectores espero que ellos hayan dado con un jefe que les valore y que comprenda la importancia de no desperdiciar el valioso recurso que su talento constituye para la empresa en la que trabajan.

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