El sol sale para todos

Austria está siendo barrida por una ola de frío. Junto a las imágenes hermosas, también hay espacio para la anécdota. Aquí va.

8 de Enero.- Cuando mi abuela María empezó a perder la memoria, nos explicaron que nuestra máquina de recordar era como una máquina de escribir. Cuando la cinta de tinta está(ba) fresca, las letras se podían leer muy bien pero, conforme iba pasando el tiempo y la cinta se iba gastando, cada vez las letras se imprimían más pálidas y costaba cada vez más leerlas.

Esa es la explicación de que los recuerdos infantiles permanezcan con nosotros durante toda nuestra vida, frescos, indelebles, recuperables a voluntad. Uno de mis recuerdos de cuando era pequeño es que, justo antes de tener que ir al colegio, empezaba el programa matinal de Jesús Hermida. Recuerdo la cabecera, hecha con una tosca animación informática de una ventana que se abría y por la que entraba la luz y las letras que decían „Por la mañana“. Después, salía don Jesús (q.e.p.d.) diciendo unas palabras que tenían (!Qué tele, la de entonces!) un vago aroma literario. Siempre terminaba igual „y recuerden que el sollll sale (pausa) para todos“. Y yo me iba al colegio con el alma confortada por esa única certeza de que, aunque Don Luis nos amenazara con el infierno del suspenso, el sol también había salido para mí y la presencia del que llaman el rey de los astros, con lo que tenía de rutina tranquilizadora, garantizaba un poco que las catástrofes que me pudieran pasar (a mí, que fui siempre un niño miedoso) no iban a ser tan graves como para torcer la rutina universal.

Desde entonces, cada vez que algo me angustia o me acongoja, me acuerdo de Jesús Hermida y de su mantra (qué tontas pueden ser las soluciones que nos ponemos para tranquilizarnos) y me repito que el sol sale para todos, ricos y pobres, enfermos y sanos, altos y bajos, gays y heteros, honrados e indecentes, lo cual quiere decir para mí también que mientras hay vida hay esperanza y que paciencia y barajar y que pase lo que tenga que pasar y luego, pues ya veremos.

Austria, como sabrán muchos de mis lectores, está siendo barrida por una ola de frío. Se han alcanzado temperaturas negativas de dos cifras y ha caido la nieve y a los que han tenido que el frío les pille al raso se les ha encogido la pilila (esta parte del cuerpo del varón ya se sabe que es muy sensible a los cambios de temperatura) y se han congelado las balsas de agua que se podían congelar.

Reflejo en el hielo

Entre ellas, el lago Neusiedl (como dice mi amigo Luis Tercero, entre los historiadores famoso en el mundo entero, „el lago de los nuevos colonos“) como pueden ver mis lectores en las imágenes que acompañan a este post y que están tomadas en el tramo del lago que baña Neusiedl am See (o sea „La nueva colonia junto al lago“, que ya es imaginativo el topónimo).

Los aborígenes se han lanzado, como es claro, a patinar. Yo, no sé y tampoco me veo con edad ni fuerzas de aprender (me pasa con el tema este como con la conducción de vehículos de explosión, que a pesar de tener a mano todos los medios, padezco una insuficiencia congénita que me obstaculiza) así que yo lo que he hecho ha sido andar con la cámara en las congeladas manos por la superficie helada, intentando no partirme la crisma.

HieloEn esto de salir indemne, me ha ayudado la nieve de esta madrugada, que ha cubierto la capa de hielo con una capa que proporciona un agarre óptimo a los zapatos de los patosos como servidor. Di que, buscando motivos para fotografiar, me he fijado en un grupo de hombres jóvenes que, desde lejos se veía, se lo estaban pasando como niños. Como uno ya está entrenado, he observado que, en contraste con los austriacos, que se presentan a estas cosas empaquetados como si al mundo lo amenazase la catástrofe de The Day After Tomorrow, estos chavales iban vestidos muy ligeressos. El más activo llevaba puesto por todo abrigo una cazadora de cuero como la de John Travolta en Grease y poco más. Tampoco patines.

Horizonte

Al acercarme (digámoslo claro) a cotillear, he averiguado pronto el misterio: se trataba de unos refugiados que habían abierto un camino como de cinco o diez metros en la superficie helada y jugaban a deslizarse por él como Dios les daba a entender. Desprendían una alegría que, de verdad, daba contento observarles y yo lo he estado haciendo durante un buen rato. Este se caía de culo, el otro se deslizaba conservando una postura airosa. Cuando uno se daba un coscorrón los otros se reían. Para ellos, que llevan una vida tan quieta, tan monótona y tan aburrida, en la que escasean las diversiones (con lo que el Estado les da, los pobres, no tienen ni para pipas) el hielo debía de constituir una agradable novedad.

El sol sale para todos, he pensado. La naturaleza es generosa y proporciona diversiones gratuitas y saladas si uno sabe dónde mirar.

En fin…

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2 Responses to El sol sale para todos

  1. Luis dice:

    Un aviso desde la experiencia: antes o después tendrás que patinar con tus sobrinos por Navidad, así que mejor aprender ahora que aun eres joven que no cuando la decrepitud avance ¡Feliz año y abrigarse!

  2. Bad Vöslauer dice:

    Y el famoso lago de los cisnes dónde anda. Creo que es una de las cosas más conocidas de EPR al igual que el Bodensee (o Konstanzsee)frontera natural entre la confederación, el país de los teutones y teutonas y la patria de nuestros antepasdos monarcas . En lo de patinar te podría dar consejos ; pero sin valla a la que agarrarse al principio puede ser muy complicado y peligroso según el grosor del hielo aunque raro será el día que descubra a un plumilla que sea capaz de guiar algún artefacto a explosión o reacción con el preceptivo permiso administrativo. Debe ser algo para lo que os incapacitan al obtener el grado facultativo. Por lo demás está claro que escenas cotidianas como disfrutar de la naturaleza y no sufrirla es un rara avis para los refugiados

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