100 horas

En 2017 se cumplen cuarenta años del caso que tuvo a Austria en vilo durante cien horas de 1977.

9 de Enero.- Una de las cosas que más llama la atención de los españoles cuando vienen a Viena, es la cantidad de tiendas de bragas, sujetadores y calzoncillos que hay en esta bendita ciudad.

Entre ellas, las que más destacan son, por su escaparatismo, las de la cadena Palmers (pronúnciese „palmas“). Las maniquíes, en poses sensuales, muestran el género a los transeúntes. En la actualidad, la empresa Palmers hace mucho que no pertenece a la familia fundadora (los nietos del patriarca la vendieron, para fundirse la pasta, a un fondo de inversión, es ley de vida) pero en este 2017 se cumplen cuarenta años de un suceso que tuvo a Austria en vilo y que tuvo un epílogo (real o inventado) muy vienés.

El 9 de noviembre de 1977, el industrial Walter Michael Palmers, un correcto caballero al que las fotos de la época muestran algo cariacontecido con bigote y corbata discreta, fue secuestrado de su lujosa villa en el distrito vienés de Währing y llevado a un lugar secreto, concretamente a unos pocos kilómetros, a las cercanías de Mariahilferstrasse (concretamente, a la Webgasse 42, lo que son las cosas, a pocos pasos de donde está el gimnasio al que voy). Allí fue retenido durante cuatro días en una de las llamadas „cárceles del pueblo“ (lo que nosotros, influenciados por el terrorismo etarra, llamamos zulos) por la rama austriaca de la organización terrorista RAF Österreich (Rote Armee Fraktion Österreich).

Los años setenta son la „época dorada“ de las organizaciones terroristas de muy diverso tipo y diferentes objetivos, secuestros de aviones, secuestros de personas y bombas varias ponen en jaque a los europeos por grupos musulmanes, palestinos, de extrema izquierda (como nuestra ETA) o de extrema derecha hacen que los europeos de esa época vivan en un ay.

Viena es entonces una ciudad por la que estas cosas parecen pasar de largo, hasta que el secuestro de Palmers, un hombre prominente de la sociedad de la época, le demuestra al país que Austria también puede estar en el punto de mira de los terroristas. De puertas para afuera, el gobierno del entonces canciller, el astuto Bruno Kreisky, reacciona con prudencia. El mismo Kreisky pronuncia, refiriéndose al secuestro de Palmers, su famosa frase que pasa al acervo común, aquello de que „Es gibt keine Insel der Seligen“. De puertas para adentro, en el Gobierno austriaco se viven horas de gran tensión. Kreisky teme por su reelección. La población anda soliviantada por la construcción de la que después, con el típico cachondeo vienés, sería llamada „la central nuclear más segura del mundo“ (Zwentendorf, construida pero jamás utilizada y origen de la prohibición de la energía nuclear en Austria) y, por si no fuera poco esto, encima, le secuestran a uno de los mayores industriales del país.

Los secuestradores se pusieron en contacto con la familia Palmers y, naturalmente, pidieron un rescate. Según fuentes policiales, la familia Palmers pagó a los secuestradores una suma a(u)stronómica: treinta y un millones de chelines (un poco más de 2.250.000 euros, una fortuna para la época (bueno, y para ahora).

La liberación de Palmers se produce la noche del 13 de Noviembre de 1977 en las cercanías de un hotel de Hietzing.

Cuando el abuelo Palmers llega a su casa, se cuenta que le dijo a su mujer:

-Hola, acabo de llegar. Creo que he llegado cien horas tarde a cenar.

Real o ficticio este epílogo vienés, lo cierto es que, desde el secuestro de Palmers, Bruno Kreisky vivió en un ay. Según los historiadores, temía que el terrorismo de extrema izquierda se extendiera desde Alemania, en donde estaba causando estragos y llegase también a Austria. Sus temores eran vanos.

Una ex terrorista, Inge Vett, que había pertenecido al RAF, se encargó de quitarle la razón (solo que demasiado tarde, en los noventa). Escuchémosla:

Viena no es una ciudad para actividades revolucionarias. Es una ciudad de agentes (secretos), de criminales, de burgueses y de políticos: ideal para el secuestro de un gran industrial“.

En fin…

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Un comentario a 100 horas

  1. Maria dice:

    Tenemos que conocer Viena y urgente.

    Saludos

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