Alma Rosé, una vienesa en Auschwitz-Birkenau

Tal día como hoy, hace 72 años, el campo de extermino de Auschwitz-Birkenau fue liberado. Hablaremos de una vienesa que pereció en ese infierno.

27 de Enero.- Vivimos tiempos oscuros. Cuando la maldad pura y simple se banaliza como simple „incorrección política” o la xenofobia, el racismo o el fundamentalismo religioso más cerril y más imbécil forman parte del discurso de cualquier bocazas indocumentado y el atacarlas es tildado de “buenismo” (si la decencia es buenismo ¿Qué es lo otro, “malismo”?) cobra todo su sentido recordar que, no hace tanto, (menos de la vida de una persona) y a causa de todas esas mismas cosas, en el centro de esta Europa que se decía civilizada, pero que hacía la vista gorda ante una conspiración cazurra muy parecida a la que nos aflige hoy, existió un lugar que es y será ya para siempre una de las cúspides de la infamia. Me estoy refiriendo al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, que fue liberado por las tropas aliadas tal día como hoy, 27 de Enero, de 1945.

Uno de los triunfos de los malos es deshumanizar a sus víctimas, a base de convertirlas en una masa sin rostro ni más rasgos distintivos que los que ellos quieren ponerle.

El individuo queda así borrado, disuelto, y no es más que “los judíos” o “los homosexuales” o “los inmigrantes” o “los refugiados” o “las mujeres”. Por eso, hay que recordar, y hay que recordarlo siempre, siempre y siempre, que el horror, la represión, la violencia, se inflige siempre sobre seres humanos como tú, lector, y como yo, que tienen cara, ojos, manos, una historia personal, una biografía sobre la que nunca sospecharon que se abatiría el miedo. Por eso conviene entresacar de la masa la biografía de una persona que un día fue como nosotros, que se tomó una limonada en verano, que tenía planes, esperanza en el futuro, que creía en la gente y pensaba (ilusa de ella, ilusos nosotros) que era inmortal y que vivía segura.

Hoy, hablaremos de Alma Rosé.

Alma era una intérprete de una calidad fuera de lo corriente y muró en Auschwitz en 1944. De ascendencia judía, venía de una familia que llevaba la música en la masa de la sangre. Su madre era hermana de Gustav Mahler y su padre había sido durante muchos años violinista en la Ópera Imperial -hoy Staatsoper- y, con interrupciones, había tocado en la Filarmónica de Viena.

Alma debutó cuando tenía 14 años en Bad Ischl, y durante toda su vida ya no paró de tocar en público (bien ajena estaba ella a que esta sería su maldición). En 1930 se casó con el violinista Vasa Prihoda, el que pasa por ser uno de los grandes virtuosos del violín del siglo XX (de hecho, hay un festival que lleva su nombre, en el cual se intenta descubrir a jóvenes talentos de la música). Prihoda y Rosé giraron como pareja también artística pero no debían de llevarse muy bien, porque en 1935 se separó el matrimonio. Antes, en 1932, Alma Rosé había fundado su propia orquesta de intérpretes femeninas, la cual, entre 1934 y 1938 dio numerosos conciertos de protesta por la toma del poder por parte de los nazis.

Cuando los nazis se anexionaron Austria en 1938, la orquesta fue disuelta por el Gobierno y Alma y su familia emprendieron la huida, Alma y su padre a Londres. Cuando estalló la guerra, Alma Rosé, incansable, siguió tocando, y este amor por la música fue su perdición. La ocupación por los nazis de los países bajos la pilló en Amsterdam, a donde había ido para un concierto. Estaba atrapada. Para intentar protegerse, se casó con un ingeniero holandés, cuyos apellidos “arios” le pareció que le darían cierta seguridad.

En 1943 la capturaron los nazis y la deportaron a Auschwitz. Allí intentó mantener un perfil bajo, pero fue reconocida. Se le proporcionó un violín y empezó a tocar para sus compañeras de prisión. Cuando su fama como intérprete llegó a las SS, las guardianas organizaron con las pobres internas una orquesta que tenía como misión tocar durante las idas y venidas de las pobres reclusas a los trabajos forzados. Parece ser que Rosé trató de ampliar la orquesta todo lo que pudo, al objeto de proteger a cuantas más compañeras mejor, porque las componentes de la orquesta no tenían que realizar los trabajos forzados que eran en Auschwitz la antesala de la muerte.

A ella misma le fue concedido el tratamiento de Kapo, que en la jerarquía infernal del campo comportaba un cierto trato de privilegio por parte de los carceleros.

Alma Rosé murió el 4 de Abril de 1944 de una enfermedad cuyas causas no se han aclarado. Se especula con una intoxicación, pero se dice también que pudo ser envenenada por algunas conscripta celosa o por una guardiana.

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Un comentario a Alma Rosé, una vienesa en Auschwitz-Birkenau

  1. Antonio Aleman Curià dice:

    Magnífico, los pelos de punta

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