Otra vez el mismo baile

personas bailandoTodos los años la misma canción. Todos los años el mismo baile. Todos los años la misma reunión de gente dudosa.

3 de Febrero.- Hoy, como todos los santísimos años, se celebra en el Hofburg, antiguo chalecito de la familia imperial, el llamado Akademiker Ball.

Con este motivo, como tooooooodos los santísimos años, el distrito uno, de ordinario uno de los lugares más plácidos de este planeta en el que no abundan, se convertirá en un lugar hosco, erizado, acordonado, en el que los policías se esforzarán para que no llegue la sangre al río.

Para aquellos de mis lectores que estén recién llegados a Viena, una breve explicación: todos los años, un grupo de organizaciones, cuyo origen se sitúa en Alemania (¡!) a mediados del siglo XIX –momento en el que el nacionalismo alemán y la búsqueda de una identidad común “germánica” hervían como una olla a punto de recibir espaguetis- se reúnen en Viena en un baile.

Según es público y notorio (recomiendo la instructiva lectura del documentadísimo libro-reportaje “Strache: im braunen Sumpf”, H.Scharsach, 2012) las organizaciones en cuestión fueron el último refugio de los “criptonazis” que consiguieron salir con bien de la segunda guerra mundial (en Austria, muchísimos más que en Alemania, en donde el proceso de desnazificación fue mucho más exhaustivo).

Los viejos nazis se han ido muriendo (porque la mala hierba, al contrario de lo que dice el refrán, es tan mortal como la buena) pero sus sucesores siguen propagando por diferentes medios sus opiniones (por ejemplo a través de una revista llamada Aula y diferentes foros de internet). Opiniones en las que abominan del progreso y en donde sobreviven el negacionismo y la vieja retórica antisemita, combinada, es el signo de los tiempos, con una nueva retórica xenófoba, en contra, por ejemplo, de los refugiados.

Todos los años, los simpatizantes de esta ideología (ellos se definen como “liberales” pero su concepto de la libertad está peligrosamente cercano al que Donald Trump tiene de la diplomacia y de la buena educación) se reúnen en el Hofburg y, es previsible, se contarán chistes de Arévalo en el curso de los cuales imitarán con bastante profesionalidad a mariquitas o gitanos (los pobres), o chistes racistas, o chistes en los que salgan refugiados y alambradas (chistes, naturalmente, a los que solamente ellos les ven la gracia). Es previsible que, como todos los años, se muestren apenados por “la falta de tolerancia de los que se dicen tolerantes” e incluso, ya ha pasado, es previsible que comparen, con todo el cuajo, las dificultades que tienen para acceder a su baile con la persecución que sufrieron los hebreos en los años 30 y 40.

Siendo, como soy, contrario a esta ideología. Considerándola no solo peligrosa, sino totalmente inmoral, se me plantea el dilema de siempre, del cual yo estoy seguro que “los rubios” son conscientes. Y es el siguiente: este baile y el hecho de que se tenga que cerrar todo el centro de Viena para darle cabida es, para “esta gente descomunal” como los hubiera descrito Don Quijote, una publicidad sencillamente IM-PA-GA-BLE. Todos los que les criticamos, estamos, al mismo tiempo, ayudando a sus apologistas; del mismo modo que hoy se conocen las herejías a las que se enfrentaba el primitivo cristianismo por los argumentos que sus detractores dejaron en los manuscritos. En estos tiempos, la visibilidad, señora, es poder. Al mismo tiempo, y de manera maquiavélica, les permite abonar el papel de víctimas de una conspiración universal que a ellos les es tan caro y del que sacan tan buenos réditos (“el stablishment contra nosotros” o “las élites contra nosotros” o “los buenistas contra nosotros”).

Quizá lo más inteligente fuera una campana de silencio.

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2 Responses to Otra vez el mismo baile

  1. Martin dice:

    Totalmente de acuerdo, una campaña de silencio seria la opción mas inteligente, soy un argentino viviendo en viena todavía con sin manejar muy bien el idioma, tus post me ayudan a entender mas lo q pasa alrededor mio, gracias.

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