Luis Trenker, gallardo y calavera (2)

Luis Trenker debía de ser un tipo poco de fiar; sin embargo, también demostró, como veremos en este capítulo, una asombrosa habilidad para la supervivencia.

8 de Febrero.- Muchas veces, cuando paso delante de un anuncio (especialmente en tiempo electoral), y veo las fotos, no puedo evitar hacerme la pregunta ¿A este tío, por VdB, por Hofer, por ejemplo, cómo le fotografiaría yo? O no puedo evitar compadecerme por el fotógrafo al que le haya tenido que tocar el marr…Digooo, el encarguito de fotografiar a unas personas que, por lo general, no es que sean fotogénicas, sino cuyo oficio consiste, paradójicamente, en no abrirse ante los demás, o sea, no ser naturales.

Preparando esta serie de artículos, he visto unas cuantas fotos de Luis Trenker y tengo que decir que, probablemente, fotografiarle debía de ser un infierno (si uno quería, por supuesto, hacer fotos interesantes que se alejasen un poco de la pose estándar) porque probablemente, paradójicamente, Luis Trenker se pasó su vida fingiendo que era otras cosas o que quería cosas distintas de las que de verdad quería, guiado por una serie de intereses cambiantes en cada momento. Y así, en las fotos siempre está la misma nariz recta, esa misma sonrisa de dientes perfectos (un poquito demasiado grandes), esos ojos entrecerrados del que ha visto mucho y aspira todavía a ver más (una pose que remite, indefectiblemente, al aroma a loción para después del afeitado que exudan muchos hombres que se encaminan a paso más o menos acelerado hacia su ancianidad y que es un olor que ya pocos hombres jóvenes exhalan; es un olor, si bien se mira, que solo está presente en hombres que han convivido, en algún momento de su vida, en universos concentracionarios y totalmente masculinos, como el Ejército). Es un olor, una mirada, que describe a un tipo de persona. Exactamente al tipo de persona que debía de ser Luis Trenker.

Le dejamos, lo recordarán quizá mis lectores, a últimos de los años treinta, colgando los hábitos de arquitecto y empuñando los arreos del director de cine. Aunque no solo.

Entre película y película,  en una operación que los expertos en mercadotecnia hubieran llamado „de extensión de marca“, Luis Trenker empezó a publicar libros. Libros, naturalmente, afines a la temática de los deportes blancos que constituía el tema fundamental de sus películas y que le daba de comer.

Su primera publicación fue un librito en el que relataba para un periódico berlinés el rodaje de la película Kampf ums Matternhorn. El librito se vendió bien así que, en 1931, un año después de haber escrito el primero, Trenker publicó su segundo libro, esta vez una novela basada en la película Berge in Flamen.

Como a nuestro hombre no le interesaba mucho el trabajo, para este, lo mismo que para otros trabajos que siguieron se aseguró el concurso de diversos „negros“, que le daban a la tecla mientras él se lo pasaba bomba conquistando señoras. Entre los „negros“ que más ayudaron a Trenker estuvieron dos muy afines al nacionalsocialismo, El alemán Walter Schmidkunz y el austriaco Karl Springerschmid.

En esta época, también publicó una recolección de sus recuerdos sobre la primera guerra mundial. La firmó él, pero la escribió un compañero de armas, el vienés Fritz Weber, también muy afín a los del tito Adolfo.

A partir de los años cincuenta, sin embargo, cuando se empezaron a reeditar sus libros de antes de la guerra, Trenker se vio en la necesidad de prescindir de los servicios de terceros y de expurgar sus antiguas publicaciones de párrafos comprometedores. Esto disgustó a los señores a los que privó de sustento, como es lógico, y por ejemplo Fritz Weber le denunció ante la justicia.

El hecho es que Trenker no tenía demasiados escrúpulos a la hora de „dejarse inspirar“ por otros autores (generalmente compañeros de trabajo, los que tenía más a mano) y los temas y los libros que „choricopió“ le llevaron varias veces ante los tribunales. Ya Arnold Fanck, al que recordarán mis lectores del capítulo anterior, le acusó de plagio por haber copiado el argumento de una película. Trenker se salvó porque se aseguró de comprar el testimonio de dos antiguos colaboradores de Fanck, los cuales testificaron en su contra. No tuvo tanta suerte en el año 1940, cuando fue demandado por haber fusilado el argumento de su película histórica „Condottieri“ de la obra de un paisano austriaco, un cura llamado Paul Michael Moser. Se libró de pagar porque Hitler le dispensó mediante un decreto especial. En 1954, Fritz Weber, como decíamos más arriba, le denunció ante la justicia y el tribunal estableció que alguna de las obras publicadas por Trenker habían sido escritas en todo o en parte por Weber. En esta ocasión, el asunto se arregló con una compensación económica.

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Un comentario a Luis Trenker, gallardo y calavera (2)

  1. Antonio Alemán Curià dice:

    vaya vaya con el Trenker!
    Lo busqué en este mundo de internet y le puse cara… el Gary Cooper de esta zona parece, tremendo el tipo

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