Estudio de la competencia

El canciller Kern parece encarar la lucha política con una clara mentalidad empresarial. Su inteligente estrategia comienza a dar resultados.

3 de Marzo.- Miércoles de ceniza. Algún punto de Alemania. Heinz Christian Strache, líder de la ultraderecha austriaca, está invitado a la carpa cervecera que han organizado los primos de Alemania, el partido Alternative Für Deutschland (AfD) ¿Por qué? Porque parece ser que es tradición que los políticos de este lado edel mundo aprovechen la frontera del carnaval(ito para bailar) para hablar ante un público más o menos entregado.

Strache, vestido de traje tradicional (chaleco de terciopelo con florecitas bordadas, pantalones cortos de cuero, luciendo la pantorrilla como si fuese desde Santurce a Bilbao) sube a la tribuna y después de soltar cuatro perlas a propósito de la canciller Merkel –o sea, lo normal- decide hacer una broma que Bertín Osborne le hubiera envidiado (para mis lectores que no estén familiarizados con la figura de Bertín Osborne, se trata del hijo de una acaudalada familia andaluza que salió un poquito díscolo y que eligió la canción como mejor manera de darle lustre a su apellido; en su juventud era una especie de versión autóctona de El Puma mezclada con Lorenzo Lamas; en la actualidad, presenta programas de entrevistas en televisión, en los que exhibe esa seguridad en sí mismo y esa jocosa…Bueno, ese aplomo que exhiben todos los cuñados del mundo en todas las cenas de nochebuena de este planeta).

Así pues, para demostrar que en Austria también gastamos sandunga, dice Strache lo siguiente:

-Es curioso cómo las concentraciones de todas las nacionalidades dan su nombre a las partes de las ciudades en las que se producen. Donde hay muchos chinos, se llama Chinatown, donde hay muchos italianos, Little Italy ¿Y cómo se llama donde hay muchos musulmanes? ¡No trespassing!

Sí. Lo sé. Este es el nivel.

Traigo a colación esta pequeña anécdota porque, según informa el diario Der Standard, a pesar de que el FPÖ sigue estando en primera posición en las encuestas de intención de voto (un 30%), dentro de la formación ultraderechista está empezando a cundir la inseguridad (así lo admite sin ambages, por ejemplo, Harald Vilimsky, uno de los “capitostes” de la formación) Y no es para menos. La coalición gubernamental se ha convertido en una tijera que tiene el propósito de ganarle terreno a Strache. Por el partido socialista, la mitad de la tijera es el canciller Kern y por la parte del partido popular, ya lo decíamos el otro día, el Ministro de Asuntos exteriores, Sebastian Kurz.

Se diría que de común acuerdo, ambos parecen haber decidido trasladar el combate político austriaco a un territorio que podríamos situar detrás de las líneas del FPÖ. Ambos, particularmente Kern, se han hecho con un equipo de spin doctors muy profesionales (¿Aún creía usted que todo lo que dicen los políticos se les ocurre a ellos?) y han empezado a abordar todos los temas que, hasta ahora, eran exclusivos de la ultraderecha. Más en concreto El Tema. O sea, el tema de los extranjeros, y el tema de la emigración. Incluso, ha habido tímidas alusiones del canciller Kern a las relaciones de Austria con la Unión Europea.

La jugada, desde el punto de vista de la comunicación, es maestra, qué duda cabe (políticamente, es menos). El FPÖ, hasta el momento, ha obtenido oxígeno de dos fuentes fundamentales: en primer lugar, y nada despreciable, del victimismo (les ayudaba muchísimo, por ejemplo, el llamado “cordón sanitario” al que les sometían el resto de partidos y la negativa de todos los demás políticos a sentarse a hablar con Strache; desde que llegó Kern al poder, hay programas de radio con Strache en donde el canciller demuestra que Strache es tan stablishment como él, así que un argumento menos). Por otro lado, el machacar constantemente en el tema de la extranjería. El FPÖ basaba toda su estrategia de comunicación en ser el único partio “que decía la verdad” (por supuesto, no la decía) y aglutinaba así a un sector descontento y paranoico de la población. Aquellas personas que encontraban el estilo del FPÖ de abordar el tema tosco y poco presentable, no tenían otro sitio al que acudir, porque el FPÖ era el único partido que se ocupaba de según qué realidades (por ejemplo del endurecimiento de las condiciones de los trabajadores poco cualificados en las capas más bajas del ecosistema laboral debido al aumento de la competencia proveniente de los países del este). Ahora, tanto Kurz como Kern, ayudados por un grupo de expertos en comunicación presentan la cuestión de una manera que ayuda a hacerla más presentable (otra cosa es que, como decíamos el otro día, este nuevo trato provoque víctimas).

Privado de “su marca” el FPÖ va a tener que empezar a hablar de otras cosas. De economía por ejemplo. Ya no le va a bastar la agitación xenófoba para captar a la clase media. La ultraderecha está descubriendo la competencia.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me