Usted ya es famoso (aunque quizá no se ha dado cuenta)

¿Quiere usted qué se siente al ser famoso? Pues si no es usted austriaco y vive en Austria, probablemente lo esté sintiendo ya (un poquito, por lo menos).

29 de Marzo.- Una de las cosas a las que menos me ha costado acostumbrarme en esta vida es a ser, modestamente, un poco famosillo. Por lo menos, en Viena.

Una fama que es la mínima expresión de una fama, y por lo tanto muy cómoda. La gente, claro, ve mi foto en Facebook o, cuando hago videos y podcasts, me escucha y luego, muchas veces, me reconoce por la calle. Y da mucho gustito, porque los que se atreven a saludarme, me paran para decirme cosas muy agradables.

Esto ha dado lugar, con los años, a algunas anécdotas muy divertidas, como por ejemplo, una vez que iba yo en el metro entre Kettenbrückengasse y Karlsplatz con una familia amiga que había venido a visitarme, y la madre, que es muy guasona, empezó a decirme:

-Pues Paco, yo te digo una cosa: mi niña es mucho más guapa que las austriacas estas, que son unas sosas y unas revenías.

Y yo:

-¡Bendito sea Dios, fulanita! Ten cuidado que te van a entender.

Y ella que no me preocupase, que no la había entendido nadie (vaya por delante mi opinión de que hay austriacas muy saladas también, o sea, que las españolas no tienen de ninguna manera el monopolio del cloruro sódico). A esto, que de pronto, dice ella:

-Mira, Paco: el que sí que me ha entendido es ese chico de ahí –por uno, que observaba la escena a poca distancia- que seguro que es español ¿A que sí?

El aludido se quedó muñeco, como aquel que dice y una color se le iba y otra se le venía, de lo cual se dedujo que su pasaporte debía de ser granate. Y a esto, que el tren entra en la estación de Karlsplatz y el chaval me tiende la mano, yo se la estrecho y él, azoradísimo y muy rápido me dice:

-Paco, qué alegría conocerte por fin, te leo todos los días, me encanta tu blog.

Se abrieron las puertas y el chaval salió corriendo y se perdió entre la gente dejándome a mí con la mano en el aire. O sea, que no me dio tiempo ni a decirle que nos podíamos tomar un café, más que nada para agradecerle su paciencia, que es lo que siempre hago en estos casos. Si está leyendo esto, le pido por favor que se haga vivo, para recuperar la oportunidad perdida.

De cualquier manera, estoy seguro de que mis lectores hispanoparlantes que vivan en Austria también han sentido, como los famosos de verdad, esta experiencia de que les pare gente por la calle y ellos no tengan ni idea de quién es el que les saluda. Le puede pasar a cualquiera y no hace falta ni ser un personaje más o menos conocidillo, pero sí que es una situación bastante apurada y peligrosa para la autoestima, sobre todo porque se produce en alemán y uno, además, se queda totalmente hecho polvo al creer detectar, en la incapacidad de ubicar a la persona de que se trate, los primeros síntomas de la demencia senil.

En español, mal que bien, uno tiene recursos para salir del paso cuando no te acuerdas del nombre de la persona o simplemente, no tienes ni repajolera idea de quién es, o sea, “qué tal estás campeón”, “cómo vas, guapa” y similar (mi madre sale mucho del paso llamando “reina” a las señoras que se encuentra por la calle o a las que la atienden por teléfono en cualquier servicio de atención al cliente). Si es en plena rúe, pues se hacen tres o cuatro preguntas de cortesía y se pretexta una visita al callista para dar por terminado el encuentro. Pero en alemán ¡Ay, en alemán!

Porque claro, un español (o latinoamericano) por fuerza es famoso entre su círculo de austriacos (el peligroso, es obvio, no es el círculo próximo, sino el remoto, esa gente a la que ves una vez y no vuelves a ver en la vida) porque siempre es identificable.

Si te invitan a una fiesta, normalmente, eres el único español o latino presente y, naturalmente, a nada que seas un poco dicharachero (uno mismo, aunque esté mal ponerse de ejemplo) destacas. Esto hace que, como se dice en Madrid, los aborígenes “se queden con tu cara” y ya, puestos, se queden con tu nombre y si les das pie, hasta con tu número de la seguridad social y la talla de calzoncillos que usas. Y claro, como el pueblo austriaco tiene una memoria directamente proporcional a su grado de impaciencia (decíamos ayer) también son propensos a guardar esta información durante años, hasta que, un día, hacen chas y aparecen a tu lado y tú no sabes cómo escapar.

A mí me pasó ayer una Pacoaventura de este estilo, por eso este artículo (me saludó por la calle efusivamente, en alemán, una joven madre con un joven niño y yo sudé tinta hasta que me decidí a preguntarle, bajito, que de qué nos conocíamos; por suerte, la muchacha reaccionó fenomenal).

La vida, escuela insustituible para los posts.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Usted ya es famoso (aunque quizá no se ha dado cuenta)

  1. Luis dice:

    Como decía Mª José Galera en Gran Hermano (I): “Ya somos famosos. Ahora hay que mantenerse” 😉

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