¿La escuela del futuro está en Viena? (2/2)

Visitamos hoy una escuela alternativa en la localidad, cercana a Viena, de Klosterneuburg. Un éxito o un experimento peligroso: juzguen mis lectores.

4 de Abril.- Está claro que la escuela tiene que cambiar para adaptarse a un mundo tecnológico e hiperconectado.

La madre del cordero es ¿Cómo?

Para intentar contestar a esta pregunta, el pasado mes de Diciembre le hice una visita a Miguel Angel, un español que trabaja en un proyecto educativo alternativo que tiene una de sus sucursales en Klosterneuburg, a pocos kilómetros de Viena (la otra está en plena ciudad, en el barrio de Favoriten).

He escrito que el proyecto educativo en el que trabaja Miguel Angel es “alternativo” y no “pionero” porque muchos de los métodos que él utiliza todos los días se utilizaban ya a principios del siglo XX en España (la Institución Libre de Enseñanza, la cual, mientras duró, dio como frutos destacadísimos la llamada Edad de Plata de la cultura española).

Colegio y cena de navidad-299La escuela que Miguel Ángel tuvo la amabilidad extrema de enseñarme contestando a todas mis preguntas, sería (desgraciadamente) imposible en España. La fundaron, hace veinte años, unos padres que no encontraban el modelo educativo que querían para sus hijos.

Colegio y cena de navidad-300Es una escuela libre, no directiva (ahora veremos qué significa eso), a la que los niños asisten desde que abandonan el Kindergaren hasta los 14 años (cuando tienen que entrar en la educación secundaria, Gymnasium o lo que sea) y, después de escuchar a Miguel Angel contarme todo lo que me quiso contar creo que la diferencia más radical con respecto a las instituciones educativas tradicionales es que, mientras que las escuelas tradicionales inciden, principalmente, en el currículum de destrezas que el alumno debe adquirir y en que debe adquirirlas al mismo tiempo que todos los demás alumnos, la escuela libre establece una relación más personal e individual con el educando, y trata de formar su personalidad para convertirle en un adulto autónomo, crítico y responsable.

Otra manera de definir en qué es diferente esta escuela de las escuelas tradicionales es decir lo que NO hay. O sea: NO hay clases en el sentido tradicional. Es decir, que los chavales no están separados por edades o por niveles educativos. NO existe el profesor como figura de autoridad omnisciente que suelta su rollo y se va a su casa a entretenerse con su colección de sellos (esto quiere decir que es “no directiva”). En este sentido, y yo se lo decía así a Miguel Angel, en esta escuela alternativa, el profesor es más maestro que en la otra, porque es evidente que se tiene que implicar más, forzosamente, para conseguir servir de “acompañante” en el proceso de aprendizaje.

También el entorno físico es muy diferente del de una escuela tradicional, no hablaremos de la escuela a la que yo fui (dignísima, aprendí un montón, pero hoy es un almacén de frutas).

La hermosa escuela de Klosterneuburg es muy parecida a lo que podría ser una chalé grande (de hecho, Montessori decía que la escuela debería aspirar a ser “la escuela de los niños” y así está construida esta, con diferentes salas dedicadas a las diferentes áreas del conocimiento, una cocina, un lugar para la música, etc). Y también, aunque yo no pude verlo de día (era diciembre y cuando llegué había oscurecido) una escuela en la que sin duda, “lo de fuera” está muy presente en lo de dentro de la casa.

Alrededor del edificio, que tiene un tamaño mediano hay jardines, bosques, en donde los niños hacen una labor de aprendizaje que complementa y enriquece el trabajo que podríamos llamar abstracto o teórico.

En esta escuela, la “materia prima” con la que trabaja el maestro es fundamentalmente la curiosidad de los alumnos. Según me explicó Miguel Angel, o a mí me pareció entender, su misión era potenciar, de un lado, la curiosidad de los niños y, por otro, también hacer que se diversificara lo que podríamos llamar su “dieta de aprendizaje”. Se sigue el llamado método Montesori, si bien algo modificado en el que se prima, sobre todo, la experiencia directa del alumno de las materias que está aprendiendo, de manera que lo que se aprende, “se viva”.

Mi guía por este curioso mundo educativo, me estuvo explicando también que el hecho de que los niños aprendan todos juntos (es así hasta que se les prepara para el momento de la inevitable transición a la escuela tradicional, al Gymnasium) hace también que los niños mayores “arrastren” la curiosidad de los más pequeños y los chavales se conviertan unos en “profesores” de otros, por ejemplo a la hora de aprender a leer. Los pequeños ven a los mayores leyendo y ven que es divertido de manera que quieren aprender y se esfuerzan por acceder a ese mundo que, de otra manera, les estaría vedado. No tienen un momento fijo, sin embargo, y aprenden “cuando están preparados para aprender”, o sea, cuando su cerebro (órgano que madura de manera diferente en cada persona) está preparado para asimilar la lectura.

A mí, que fui un niño curioso, la propuesta de la escuela en donde trabaja Miguel Angel me sonó fenomenal, y mientras él hablaba, deseé con todas mis fuerzas el imposible de volver a ser niño para aprender en esas condiciones que a mí me hubieran puesto como límite solamente el cielo, pero también entendí que una escuela como la que describo no es para todo el mundo.

GraciasMientras él me estaba hablando “mi cerdoperro interior” como dicen los austriacos, empezó a ponerle pegas a lo que él me contaba. Aunque ahora, después de pasados más de tres meses de aquella grata visita, me doy cuenta de que las pegas no iban dirigidas tanto hacia la escuela misma, sino hacia el mundo exterior y a la transición, necesariamente difícil, que tiene que sufrir un niño despierto, inteligente, acostumbrado a examinar críticamente lo que se le dice, a investigar autónomamente, cuando se le integra (o se trata de integrarle) en una escuela normal. Por fuerza, también, mi experiencia me dice que un niño maleado por el sistema “tradicional” debe también tener problemas. Al diluirse los mecanismos “policiales” de la escuela tradicional, ciertos infantes pueden asumir que todo el monte está cubierto de hierbas aromáticas y ponerse a tocarse los webs.

Quizá la solución sería la convivencia de varios sistemas educativos adaptados a las características de sus usuarios ¿Qué piensan mis lectores al respecto?

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