El sonido de la música

Hoy Viena Directo te lleva a un mundo curioso y lleno de anécdotas que te dejarán patidifuso sobre una cosa que es y no es muy austriaca !No te lo pierdas.

7 de Abril.- Uno de los valores de las obras de arte es que constituyen herramientas que nos sirven para entender mejor a nuestros semejantes (he dicho). O sea, que fijan arquetipos. Tomemos por ejemplo la película Forrest Gump. Se podría pensar que es una exageración, que gente como Forrest no existen en el mundo. Pues no, señora. Existen. Son personas que leen el mundo de una manera totalmente diferente a la que utiliza el resto de la gente y, sin embargo, tienen mucho éxito en la vida. Quizá porque pasan por este “vashe” de lágrimas sin enterarse de nada.

Una de estas personas parece ser la actriz americana Doris Day. La señora Day, que cumple estos días 95 “palos”, ha vivido conforme a unos sólidos valores que han hecho que su carrera cinematográfica y su vida hayan sido un auténtico rollazo (con perdón). Cristianísimo, eso sí: pero un rollazo. Irónicamente, las películas de Doris Day (la famosa serie de ellas que hizo con Rock Hudson) se han convertido en iconos de la subcultura gay americana y su canción “Qué será, será” no falta en ninguna fiesta de Drag Queens (de cierta edad, por supuesto) cosa que seguramente irá en contra de los íntegros valores morales de la cantante, hoy en plena forma pero retirada del mundo del chóu bisnes.

La pobre Doris: le deben de salir ronchas cuando lo piense.

Una de las cosas que le debemos a Doris Day, sin embargo, es que rechazó el papel de Julie Andrews en Sonrisas y Lágrimas, alegando que ella era “demasiado americana para hacer de monja austriaca”. Hoy, los fanes y las fanas de la estupendérrima película de Robert Wise, encanto de jóvenes y mayores, “nos froyamos mucho” sobre ello, porque Julie Andrews, qué duda cabe, fue una elección fenomenal. Por voz, por talento actoral, por garra, por fuerza y por saber estar y por todo.

Doris Day nos sirve de excusa para comentar una serie de “anérdota” sobre la película que pasa en Salzburgo pero que los austriacos solo ven por prescripción facultativa (o sea, si se lo manda el médico).

1.- La primera anécdota se refiere al tiempo en Salzburgo. Los productores de la película pensaron que, dado que SyL es una historia que pasa mucho en exteriores (de Salzburgo) lo mejor sería rodar en verano, para que luciera un sol radiante y todo saliera chulérrimo. Como en los sesenta no había internet, ni telefoninos ni nada, no pudieron prestar atención a un pequeño detalle: en un verano normal, Salzburgo y su región tienen un régimen de lluvias parecido al de la Amazonia. O sea, que los peces podrían nadar por la plaza de la catedral sin ningún problema. Por suerte, hace falta que llueva mucho para que el agua se vea en fotografía (de hecho, normalmente, en las escenas de lluvia, se mezcla el agua con leche, para blanquearla y que se vea) pero hay escenas de la película en las que se ve cómo llueve.

2.- Fue el último musical de Rodgers y Hammerstein, la famosa pareja de compositores americanos. En 1960, antes del estreno de la película, Hammerstein murió (el pobretico) de un cáncer de estómago. La última canción que compuso fue, por cierto, la bellísima (y famosísima) Edelweiss, la cual muchos americanos piensan que es el himno nacional de Austria. Con Edelweiss pasa un poco como con Suspiros de España, que son canciones más bonitas que el himno oficial (el himno español es bastante chunda chunda, las cosas como son).

3.- Christopher Plummer, que hacía de padre en la ficción era mucho más joven que el capitán Von Trapp de verdad (un abuelete, en el momento en el que sucede la historia); Plummer, que debe de ser un señor bastante complicado de tratar, odiaba la película porque le parecía supercursi, odiaba su papel, odia, en general, a los niños, y se pasó todo el rodaje haciendo el Grynch. Y no solo el Grynch. Para hacerse más llevadera la cuestión, Mr. Plummer decidió que nada mejor como castigarse el hígado, y él mismo ha admitido que rodó varias de las escenas en las que participó completamente trompa.

4.- Si el Ben-Hur de Charlton Heston salvó a la Metro Goldwin Mayer de la bancarrota, se puede decir que Sonrisas y Lágrimas hizo lo mismo con la Fox. El estudio había gastado un pastizal en la muy ruinosa Cleopatra, con Elisabeth Taylor, una película en la que se derrochó de todo menos lo más importante: sentido común. Por suerte, cuando la Fox estaba a punto de quebrar, se estrenó Sonrisas y Lágrimas y fue (sin Doris Day) un bombazo. Se dice que es una de las películas más taquilleras de la historia (a pesar de la debilidad de su parte final). Americanos y japoneses (y algún español) la aman con locura. Tanto amor se transformó (y se sigue transformando) en cuartos. Cuartos que, por cierto, la ciudad de Salzburgo recoge todos los años en abundancia, merced al número de turistas que vienen atraídos por conocer los lugares en los que se rodó el flín.

5.- Por último, la anécdota es el título. Nuestra película se llama en inglés The Sound of Music (el sonido de la música) pero a los ejecutivos españoles les debió de parecer un truño de título: “eso no vende” debieron de decir “ ¿Y cómo la llamamos?” “yo qué sé, tú pon algo provisional y luego ya veremos”; “¿Penas y alegrías?” “No, que parece una canción de Lola Flágüers”, “bueno, pues Sonrisas y Lágrimas” “venga, va”. En Latinoamérica, tras un proceso parecido, llegaron a “La novicia rebelde” otro título de esos que los lees y te dan ganas de invadir Polonia.

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Un comentario a El sonido de la música

  1. Sandra dice:

    Hola Paco,interesante como siempre.A los españoles que visitan Salzburg Land les gusta la película sin duda.Cada trayecto que hago con ellos en bus desde Innsbruck hasta Salzburgo les pongo la película y ¡ala! a dormir un rato.Un saludo

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