Día del trabajo en Viena

Mañana se celebra en Viena y en todo el mundo un día muy importante. Hoy, por cierto, VD trae concursete

30 de Abril.- El otro día, para recompensarme por haber cumplido bien un deber hasta cierto punto delicado, decidí darme una recompensa.

Me bajé del metro en Karlsplatz y salí, aposta, por la boca de la Technisches Universität. Un recuerdo lejano me decía que la librería de la Universidad tenía una buena sección de libros de fotografía. Entré al local, pero descubrí que mi recuerdo era, por desgracia, lejano. Hacía un año o así que se había decidido una reestructuración y se habían liquidado los libros de fotos. Pena. De todas maneras, como yo no puedo entrar a una librería sin mirar, me paseé un poco por la mesa en donde están expuestas la novedades, y descubrí un volumen (gordo), en tapa dura, del que ya había oido hablar. Lo hojeé y decidí comprármelo. Se trataba, se trata, de Homo Deus, escrito por el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Harari y yo fuimos nos llevamos solamente unos meses. Yo nací en octubre de 1975 y él, según la Wikipedia, en febrero de 1976. Yo, en Madrid, él en Haifa. Crecimos pues en un mundo predigital, dividido aún en dos bloques. Hemos hecho el tránsito a la vida adulta en pleno principio de la cuarta revolución industrial y, por lo que llevo leido del libro (poco, todavía) los dos asistimos perplejos (y, por lo menos Harari, bastante asustado) al nacimiento de un mundo con un potencial de crueldad inimaginable aún, para el que los parámetros que aprendimos en nuestra niñez, probablemente, no servirán.

En el prólogo de su libro, Harari habla de los tres demonios a los que la Humanidad ha vencido, según él, en los últimos cincuenta años: la enfermedad, la guerra y el hambre. Siguiendo su argumentación, no le falta razón. El hambre, según Harari, ha sido vencida. No porque ya no exista, sino porque la humanidad tiene los medios suficientes para que dejase de existir si hubiera voluntad para ello.

Hasta el siglo XIX, dos malas cosechas consecutivas condenaban a países enteros a hambrunas que hacían perecer a un tercio de sus poblaciones. Hoy, en cambio, si hay una catástrofe natural, por ejemplo un terremoto o una inundación, el mundo entero se moviliza para que lleguen alimentos a la zona afectada, de manera que se remedia la necesidad. En los países desarrollados, incluso quienes pierden su trabajo ya no mueren de hambre. Mueren quizá de comer mal, pero ni siquiera durante la horrible crisis económica que ha padecido España se ha muerto nadie de inanición, como sí que sucedió, por ejemplo, cuando acabó la guerra civil española, en el famoso „año del hambre“del cual se acuerdan todavía gentes que siguen vivas.

Durchgang Frei Halten palabras

En cuanto a la enfermedad. De la última (terrible) epidemia de Ébola, murieron en total unas treintamil personas. La cepa del virus de la gripe que asoló al mundo en plena primera guerra mundial, se llevó a la tumba a varios millones de personas. Los antibióticos y la red mundial de asistencia sanitaria han hecho que las mortandades no sean tantas como antes.

Sentado en el tranvía que me llevaba hacia mi casa mientras, por las ventanillas, desfilaba el paisaje urbano al que estoy tan acostumbrado, en esta plácida ciudad en la que vivo, en un día (fresco) de primavera, cerré el libro y me dio por pensar que quizá, todas estas victorias, nos hayan hecho dar muchas cosas por supuestas. Me acordaba, por ejemplo, que hay una corriente de imbéciles (no precisamente indocumentados, la mayoría son personas aparentemente ilustradas) que ya no vacunan a sus hijos porque o bien piensan que las vacunas no son necesarias o piensan que las enfermedades que previenen son fantasmas agitados por las farmacéuticas.

Igual puede pasar (en España lo sabemos) con los derechos obtenidos por los trabajadores en el último siglo que todos damos por supuestos a fuerza de no haber conocido otra cosa. Todos esos derechos fueron obtenidos por los trabajadores a base de huelgas, de sacrificios. Hubo muchos que incluso perdieron la vida.

Un trabajador escucha

Mañana es el primero de mayo, el día de los trabajadores. Si de algo debe de servir la conmemoración de mañana es para que no nos durmamos, para no dar las cosas por supuestas y para ser conscientes de que, un día, alguien podría decidir que ya no son nocesarias. Naturalmente, el movimiento obrero al principio de esta nueva fase de la revolución industrial, se enfrenta a unos retos distintos a los del siglo XIX y el XX. Ahora, el reto es que la globalización y la robotización van a significar, si los trabajadores no lo evitamos, que los bienes se concentren en aún menos manos, que la diferencia entre ricos y pobres aumente drásticamente. El movimiento obrero del siglo XXI, al que tú querido lector (que eres trabajador por cuenta ajena, lo mismo que yo) perteneces, debe luchar porque se logren mecanismos eficaces de reparto de la riqueza, debe luchar porque la educación no sea patrimonio exclusivamente de las clases pudientes. Debe luchar porque mecanismos implementados por el estado garanticen (en lo posible) una efectiva igualdad de oportunidades basada en la meritocracia y no en la cuna. Los antiguos ideales de la socialdemocracia, la solidaridad, la fraternidad, el laicismo, la redistribución de la riqueza, están hoy más vigentes que nunca, porque los lobos siguen ahí, rondando, y se aprovechan de nuestra pereza, de nuestra falta de instrucción, de nuestro darlo todo por supuesto. Si el primero de mayo sirve para algo es para que todos, por lo menos una vez al año, recordemos que otros mundos son posibles. Para mal pero, si nosotros nos esforzamos, también para bien. Feliz día del trabajo.

Y ahora, el concursete: los Soles del Sur estrenan pasado mañana Burundanga, su nueva producción, en el teatro Brett de Viena. Viena Directo, en colaboración de los Soles del Sur sortea dos entradas para cualquiera las seis representaciones. Para participar, no hay más que mandar un mail a vienadirecto (algarroba) gmail com o utilizar el formulario de contacto del blog. Entre todos los mensajes recibidos, se hará un sorteo !No dejes de participar!

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Un comentario a Día del trabajo en Viena

  1. Ana dice:

    Hola Paco!!

    Por si suena la flauta, que estoy de vida de estudiante y con poco ingreso, mando este comentario por si puedo participar en el concurso del teatro (y de paso te dejo un pareado).

    Saludos desde el otro lado de la pantalla!:)

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