Cómo conseguir ser viral

Hoy utilizamos un ejemplo práctico de la vida austriaca para explicar esto que es tan útil en el mundo moderno.

3 de Mayo.- Cualquiera que se moleste un poquito en trabajar en estas cosas de internet sabe que uno de los problemas a los que va a tener que enfrentarse es el de la visibilidad.

En este principio del siglo XXI, no es tan importante ser bueno o malo en cualquier cosa (al fin y al cabo, gente buena en las cosas más diversas la hay a patadas); lo más importante es que si eres capaz de recitar hasta la diemillonésima cifra los decimales del número pi, o de arrastrar un tráiler cargado de patatas con el pene (utilizando, naturalmente, el piercing adecuado en el glande) la gente te vea y luego lo comente, claro.

Esta ley fundamental de internet se cruza con una cuyo principio principal ya utilizó profusamente en los años treinta el doctor Güevels y que, formulado de la manera más sencilla, dice así: para que cualquier mensaje tenga un alcance masivo, debe de estar formulado a la medida del más tonto de sus receptores.

La combinación de estos dos principios ha labrado el éxito ciberespacial de muchos ciudadanos que, antiguamente, hubieran sido considerados por sus familiares y convecinos como personas with no office and no benefice, pero que hoy, a cambio de publicar sus cositas en internet se pueden permitir incluso, en algunos casos, la adquisición de un apartamento en Marina D´Or (no es él mío, y la envidia me corroe, como es comprensible)

A riesgo de resultar prolijo, mencionaré en relación con esto un tercer axioma, que redondea los dos anteriores y que podríamos llamar “el corolario Kardashian”, por la bovina señora del mismo nombre (no: no me estoy metiendo con sus ubres, líbreme Dios, sino con la placidez intelectual que trasciende de su mirada y que salta a la vue).

El corolario Kardashian podría formularse diciendo que la importancia de un impacto mediático es acumulativa, o sea, que depende mucho de la importancia de los que le precedieron y los que le sucederán.

En otras palabras: todo el que domine el corolario Kardashian sabe que lo difícil no es obtener un impacto sino el encadenarlos con sabiduría para que la atención y la conversación no decaigan y la expectación se mantenga.

A lo largo de mi estancia en Austria he estado en varios conciertos de Andreas Gabalier. Para ayudarme a soportarlos con paciencia (suelen ser largos, porque Gabalier es a la música lo que los pantagruélicos cocidos maragatos son a la gastronomía), me los planteé como Merdes Milá hacía con Gran Hermano, esto es, como “experimentos sociológicos”.

Gabalier, técnicamente, es muy justito, pero lo que no se puede negar es que es listo y que sabe perfectamente lo que quiere su público, el cual, de cualquier manera, no es muy exigente (la música de Gabalier, en cuanto a complejidad, está solo un poco por encima de los cantajuegos y, en realidad, son un cantajuegos para adultos); otra cosa que no se puede negar es que Gabalier hace muy bien lo que hace, y que tiene éxito porque cubre las necesidades de un sector de público que, anteriormente, estaba bastante desatendido. O sea, un público ideológicamente ultraconservador (lo que podríamos llamar “el nazismo sociológico” como existió en España “el franquismo sociológico”), residente en ciudades de menos de 10.000 habitantes (la gran mayoría de las poblaciones austriacas, con un nivel de instrucción medio-bajo que no le permite entender la evolución del mundo y, como no la entienden, se cabrean (y, en el peor de los casos, votan a Hofer, a Strache o a quien les pongan). Es, básicamente, la franja de población que representa el núcleo duro de la ultraderecha austriaca y es natural que, entre el cantante y el partido político, en cierto modo se haya establecido una cierta simbiosis.

Cada cierto tiempo, puntualmente (por ejemplo aquí), Andreas Gabalier lanza desde internet señales a su público, en la línea del cazurrismo Trumpiano y también en la línea del cazurrismo local del FPÖ. Tienen siempre mucha repercusión mediática, porque Gabalier utiliza siempre mensajes muy esquemáticos que sabe que le garantizarán cobertura mediática (ley de Güevels y corolario Kardashian, ya se sabe).

La última, ha sido un vídeo publicado en su página de Facebook sobre el discurso de VdB que decíamos ayer. Las personas razonables se ríen de estas cosas o las desprecian. Pero hacen mal. Más valdría intentar “descazurrar” a toda esa gente con Gabalier a la cabeza ¿Repartiendo libros? Quién sabe.

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Un comentario a Cómo conseguir ser viral

  1. Primo N. dice:

    “todo el que domine el corolario Kardashian sabe que lo difícil no es obtener un impacto sino el encadenarlos con sabiduría para que la atención y la conversación no decaigan y la expectación se mantenga”…Y en dos frases y en otro ejemplo de tu habilidad para encontrar similitudes entre personas improbables (Kardashian-Gabalier) has definido la estrategia de Podemos. Hut ab!

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