El Diluvio y Mitterlehner

Hoy, al mediodía, el Gobierno austriaco ha saltado por los aires. No se sabe si será el diluvio, pero lo cierto es que ha empezado a llover bastante fuerte.

10 de Mayo.- Una de las ventajas fundamentales de escribir Viena Directo es que, por fuerza, el artículo diario le obliga a uno a investigar cosas que de otro modo no investigaría y, por lo tanto, también a enterarse de cosas a propósito de las cuales, de otra manera, permanecería en la inopia.

Por ejemplo: hoy, como me he propuesto escribir sobre la crisis (perpetua) del Partido Popular austriaco (ÖVP) me he tenido que empapar a propósito de la vida del actual ministro del Interior de EPR, Sr. Sobotka, prominente miembro de la formación conservadora austriaca y, esto no es criticar, sino referir, conocido “bocachancla”.

¡Quién lo hubiera dicho! Sobotka, aparte de su afición a hacer subir el precio del pan cada vez que habla, aparte de haber sido político casi desde que su mamá, la señora Sobotka, le parió en Waldhoffen an der Ybbs (Austria profunda) es historiador de carrera y, además, violoncellista. Un tipo tan rocoso.

Sin estas informaciones, uno hubiera podido comparar a Sobotka, por modales y dicción, con otro Ministro del Interior, el español Jose Luis Corcuera (hay que ser un poquito mayor para entender esta alusión) o con aquel concejal Matanzo, del Ayuntamiento de Madrid, que se pasaba las noches de claro en claro “apatrushando la ciudad” y luchando contra el vicio, y los días de turbio en turbio entre la sacristía y la comisaría.

Sobotka está decidido a que el actual Gobierno austriaco no llegue al año que viene y a que se convoquen unas elecciones anticipadas que, según se barrunta, le parece a él que podría ganar el ÖVP (a la luz de las encuestas, más parece que Sobotka le ha dado un viaje a algún licor). A este objeto, Sobotka, que es un político pragmático, ha tenido hasta hoy dos líneas de actuación. A saber:

La línea número uno es la de desacreditar en lo posible al canciller actual, el socialista Kern, atribuyéndole, en lo posible, motivos de conducta bastardos o, directamente, a humillarle (en días pasados dijo que Kern, que al fin y al cabo es su jefe, era un “fracasado” como canciller).

La línea número dos ha sido la de conseguir desalojar de la jefatura del partido popular al que, hasta hoy, ha sido el vicecanciller, Sr. Mitterlehner, y colocar al que todos ven como a un cabeza de cartel que podría cepillarse en las urnas al mismísimo Strache: o sea, a Sebastian Kurz. Hoy ha conseguido, por lo menos, lo primero. Y probablemente consiga también lo segundo.

Llegados a este punto, conviene señalar que, últimamente, cuando se hacen encuestas de intención de voto en Austria, se hacen preguntando dos cosas: una, la normal. O sea: si las elecciones fueran el próximo domingo ¿A quién votaría usted, carita de káiser? (o de káiserin, según). Y la segunda: si las elecciones fueran el próximo domingo y, ojo al parche que va bola, el jefe del partido popular fuese Sebastianico el Corto ¿A quién votaría usted? Cifras cantan. Sin Sebastianico, el Partido Popular austriaco obtiene unos resultados modestos, ahora bien, con Sebastianico, los porcentajes bailan el Aserejé.

Sebastian KurzHasta aquí todo bien, si no fuera porque Sobotka tiene un problema: Sebastian Kurz goza de padrinos con mucha mano en la vetusta y complicada y casi machbethiana organización del Partido Popular austriaco (Esta es Castilla, que faze a los homes y los gasta).

Su buena fama actual, la de Kurz, es el resultado de la protección de mucha gente, que le ha escrito los discursos, que le ha evitado dar traspiés, etcétera (aunque el otro día a Kurz le dio por pensar por sí mismo y casi la lía al comentar las elecciones francesas en Twitter). Los padrinos de Kurz no quieren quemar a su pupilo demasiado pronto y saben que, para que Kurz pueda llegar a hombre fuerte del ÖVP y, eventualmente, a canciller, antes ese ÖVP necesita ser expurgado de todos los Sobotkas que lo habitan, o sea, de los poderosísimos líderes regionales, todos y cada uno con su redactor del Kronen Zeitung detrás y aquejados, en mayor o menor medida, de la fiebre escarlata que decíamos ayer.

Aun antes de dimitir, Mitterlehner sabía perfectamente que, así las cosas, nadie daba ni un duro ni medio por su porvenir político, y como es un hombre bastante iracundo, pero también orgulloso, parece ser que ayer, en privado, amenazó con marcharse él (antes de que le echaran) y que le dieran por saco al chiringuito. Es una reacción muy típica del macho alfa mayor cuando ve amenazada su posición por un macho más joven (Kurz). Ya se sabe que la política es muy parecida a los documentales sobre nuestros queridos hermanos los primates.

La amenaza era un golpe de mano, claro (¿Si no estoy yo, a quién ponéis?).

Mientras tanto, a Sebastian Kurz le seguían aconsejando que no aceptase el regalo envenenado de ser el líder de un Partido Popular austriaco en el que tendría las manos atadas (bueno, no él: las personas que le asesoran y le tutelan, con él como persona interpuesta) y que esperase a que las cosas estuviesen más maduras (esto es, a que se eliminen, entre bambalinas, los obstáculos que actualmente existen para que pueda ejercer una autoridad fuerte y sostenible).

Ayer, en el Partido Popular austriaco se vivieron momentos de gran tensión, con los interesados teniendo que salir a la palestra de los medios para explicar, en una situación bastante insólita en la política austriaca, que ellos estaban requetebién donde estaban y que no ambicionaban más cargos que los que tenían.

Entre bastidores, sin embargo, la batalla era feroz. Sobotka estuvo ayer a punto de pagar un precio muy caro por haber hablado más de lo aconsejable. Tanto el canciller como el vicecanciller intentaron (y casi consiguieron) que Sobotka cesase como Ministro del Interior, pero al final Sobotka hizo valer sus agarraderas en la estructura del ÖVP y la crisis se cerró (en falso) con un comunicado en el que Sobotka decía lo que Campechano, the first cuando le pillaron cazando elefantes en Botswana con una muchacha rubia que le rebanaba la edad por la mitad:

-Lo siento, m´equivocao, no volverá a ocurrir.

Aunque estaba claro que, ni lo sentía, ni se había equivocado y, por supuesto, estaba dispuesto a que volviera a ocurrir hasta que pasara lo que ha pasado hoy.

Anoche, el todo Viena que se precia de estar en la pomada era ya un hervidero de rumores e incluso Armin Wolf comentó la noticia teniendo como fondo el título de una película de Franco Nero de los años sesenta (a Michelena le llaman Django) cuyo título era: “Django, la tumba te está esperando”. Demasiado cachondeo para un hombre solo, supongo. Hoy, por cierto, Mitterlehner ha dicho que esta presentación de Wolf en el informativo de las diez había sido más de lo que él estaba dispuesto a soportar.

Y por fin hoy, a las 12:30, en una conferencia de prensa convocada de prisa y corriendo. Muy escueta, muy seca, muy dura y muy amarga. Reinhold Mitterlehner ha dimitido de todos sus cargos. O sea, de todos. Ya no es jefe del Partido Popular, ya no es vicecanciller, ya no es Ministro. Ha estado dos años y pico en el cargo. Ahora, le espera, con toda probabilidad, un cómodo sillón en el consejo de administración. Tras de él, deja el diluvio.

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4 Responses to El Diluvio y Mitterlehner

  1. Luis dice:

    ¡Ay, y esos pobres políticos austriacos sin un jovenzuelo que les regale Juego de Tronos!

  2. Bad Vöslauer dice:

    Pero en Austria, ¿ también existen las puertas giratorias fuera de los edificios rococó?. Y dígame usted después del palacio del Hofburg ¿dónde aposentan sus cuartos traseros los dirigentes habsbúgicos? ÖMV, Austrian airlines, ÖRF, Vöest alpine, OEA, ONU,Botschäften varias y claro está se pueden ir de vacaciones a conocer Europa pasando por Bruselas o aceptar un cargo en parlamentos menores pero en los que son más cercanos a sus electores.

    • Paco Bernal dice:

      Hombre, claro! Qué te habías creido? Creo recordar que hace un tiempo hice un artículo sobre los suculentos destinos de anteriores cancilleres y vices…Spain is not different.

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