Poli de guardería

Como siempre, religión y educación, peligrosa mezcla. Sebastian Kurz ha lanzado hoy otra señal a quienes considera su caladero de votos más prometedor.

22 de Junio.- Creo que tratándose del tema del que se trata el artículo de hoy, es conveniente, para que nadie se llame a engaño, empezar explicando mi postura claramente. Es la siguiente: aunque soy creyente (y creo que quizá por eso), me parece que la enseñanza reglada debería estar totalmente separada de la religión. Ni a curas, ni a monjas, ni a rabinos, ni a pastafaris, ni a budistas, ni a imames se les ha perdido nada en las aulas.

La educación tiene que ser pública, de calidad, exactamente igual para todos los niños independientemente del dinero que tengan sus padres, gratuita y, por supuesto, laica. Naturalmente, si hay padres que desean que sus hijos tengan una formación religiosa de acuerdo con sus creencias, son muy libres de llevarles a la catequesis, a la iglesia, a la mezquita o a la sinagoga, o dársela directamente ellos en su casa. Pero las raíces cuadradas y el Espíritu Santo, cada cual en su sitio, y Dios en el de todos.

Dicho esto: el „Menistro“ de Integración y Asuntos Exteriores de Esta Pequeña República, cabeza del partido conservador, Sr. Sebastian Kurz, como si me hubiera leido el otro día, cuando dije que no se prodigaba mucho, ha hecho otra declaración dirigida directamente a los votantes de Strache y a los lectores del Kronen Zeitung -dos conjuntos de personas que tienen un gran espacio de intersección-. Ha dicho que, si fuera por él, los parvularios musulmanes deberían eliminarse de la ciudad de Viena y que le parece que puede y debe hacerse endureciendo las condiciones de subvención de estos establecimientos educativos.

Naturalmente, Kurz sabe que toca un tema muy sensible, juntar en la misma frase las palabras „islam“, „niños“ y „parvulario“ hace que, en la mente del austriaco medio, se forme la imagen de un barbas adoctrinando subrepticiamente a tiernos infantes y explicándoles, entre juego y juego, que la mejor manera de partir de este mundo es con un cinturón de bombas y llevándose por delante a varios „infieles“.

Kurz lo sabe, quienes asesoran a Kurz lo saben (lo mismo que los ultraderechistas lo saben) y utilizan la más vil de las armas, el miedo, para propagar estereotipos racistas que no tienen nada que ver con la realidad (y sé de lo que hablo, porque trabajo rodeado de personas que profesan la religión musulmana y que viven en Austria y que tienen niños y que son como usted y como yo -y, naturalmente, llevan a sus hijos a la guardería).

Veamos qué hay de cierto en lo que dice Kurz.

En primer lugar ¿Cuántos parvularios musulmanes hay en Viena? Pues es difícil de saber, pero parece que de las 86.000 plazas que hay en Viena, unas diezmil son en parvularios vinculados a la religión musulmana, unos ochomil, entre unas cosas y otras, están vinculados a organizaciones católicas y unas 1800 son de la Diakonie (la Caritas evangélica). El resto, son parvularios laicos o grupos de padres no adscritos a una religión concreta.

En los parvularios, aunque estén promovidos por organizaciones religiosas, no está permitida la enseñanza religiosa explícita, aunque sí las fiestas del año (pascua, navidad, etc, en el caso de los católicos, por ejemplo) y la formación en valores (or whatever that means)

Los parvularios islámicos lo mismo que los cristianos son controlados por la ciudad de Viena, sin avisar, por lo menos una vez al año. Se inspeccionan, naturalmente, las condiciones en las que se encuentran, el número de niños y, por supuesto, el cumplimiento del plan educativo fijado por la ciudad de Viena.

Kurz ya denunció en su momento a los parvularios islámicos -2015- pero a pesar de su denuncia no fue capaz de aportar ni un solo caso concreto que apoyase sus afirmaciones. Es cierto que, después, se descubrió un fraude en las subvenciones de más de 30 parvularios dirigidos por un turco, Abdullah P., y que, más tarde, varios centros han tenido que cerrar por irregularidades financieras.

La mayoría de los problemas tienen que ver, sin embargo, con que hay una enorme falta de plazas de guardería en Viena (esto lo sabrá mejor quien tenga niños pequeños) y la ciudad ha tenido que implantar soluciones de emergencia que, con las prisas, pues ya se sabe ¿Tiene esto que ver con la religión que profesen los directores de los centros? La respuesta la dejo a mis lectores.

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