Y mientras tanto, en Alemania…

Hoy, en el parlamento alemán, se ha dado un paso más hacia una sociedad más justa y mejor, en tanto que en Austria…

30 de Junio.- Recordarán mis lectores (y si no lo recuerdan, para eso está servidor) que el verano pasado se creó un frente con el lema „Ehe für alle“ o sea, „Matrimonio para todos“, el cual impulsó una iniciativa legislativa popular para pedir que un grupo de personas relativamente numeroso de la sociedad austriaca, que algunos cifran en unos ochocientosmil, o sea, los gays y las lesbianas, dejasen de ser tratados como ciudadanos de segunda y pudieran legalizar sus relaciones con el mismo nivel de derechos -y, por supuesto, de deberes– del que gozan los heterosexuales.

Dicha iniciativa se votó ayer en el parlamento austriaco, sede de la soberanía nacional y, para vergüenza de las personas que vivimos en 2017, no fue aprobada debido a los votos en contra de las fuerzas que aún viven en 1852.

Por contraste hoy el parlamento alemán sí que ha estado a la altura, y pronto podrán casarse las personas alemanas que así lo deseen y librarse del temor de que el Estado les trate como a menores de edad.

La decisión del Parlamento austriaco, basada no solo en unos prejuicios totalmente imbéciles y anacrónicos, que todos sabemos de dónde vienen, sino en el cálculo electoralista por parte de las dos fuerzas que han votado en contra (los unos, porque representan, desgraciadamente, la perniciosa ideología del putín que les financia y tutela, y los otros porque quieren parecerse cada día más a ellos al objeto de no perder el tren del futuro) resulta tanto más llamativa cuando se considera que incluso la ministra de la familia austriaca (ÖVP), Sra. Karmasin, se ha pronunciado a favor de la medida en repetidas ocasiones.

Ha sido coincidencia que en dos países como son Austria y Alemania, que se miran tanto uno en el espejo del otro (más Austria en el espejo alemán) se haya votado lo mismo con menos de 24 horas de diferencia y que el resultado haya sido diametralmente opuesto, llegándose incluso al caso vergonzoso de que, al conocerse el resultado de la votación los diputados conservadores aplaudieran.

Al saberse hoy la noticia del paso dado por el parlamento alemán en favor de una sociedad más igualitaria y justa, todos los portavoces presentes en el hemiciclo austriaco se han visto obligados a prounciarse.

Los que ayer votaron a favor, se han mostrado contentos y a los otros, en contra de todas las expectativas más razonables, no se les ha caido la cara de vergüenza al decir las mismas gilipolleces de siempre, como que hay cosas más importantes (¿Qué puede haber más importante en la agenda de un político que hacer más fácil la vida de los ciudadanos?) o que ya existía en Austria un contrato que era prácticamente igual que el matrimonio (contrato que, sin embargo, no permite acceder a ventajas tributarias, o de herencia, o de adquisición de la nacionalidad o el permiso de residencia).

Son los mismos argumentos, mutatis mutandis, que en época de Franco se utilizaban para justificar que las mujeres fueran tratadas por el Legislador como débiles mentales y no pudieran, por ejemplo, abrir una cuenta bancaria sin permiso del varón, padre, marido o hermano que respondiese por ellas.

-La mujer debe ser feliz estando como está y, de todas maneras, las mujeres ya tienen toda la libertad que necesitan -se decía entonces.

Estos días pasados me escribía un amable lector hablándome de lo rancia que se ve España cuando se vive fuera.

Austria, a veces…Bueno, eso. No sigo, que me enciendo.

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