Collega, qui è il pomodoro (o sea: Cuate! Aquí hay tomate)

Hay tirantez entre el país de los Schnitzels y el país de los macarroni con tomati. Contamos los motivos y vemos si hay razón para ello.

4 de Julio.- El comentario más gracioso que hoy he leido sobre la noticia de la que hablaré hoy se ha dado en el grupo de Facebook „Españoles en Viena“.

Una tertuliante ha compartido la noticia de un periódico español el cual titulaba más o menos así: „Austria lleva tanques a la frontera con Italia“, a lo cual, alguien ha reaccionado diciendo:

-No sabía yo que estos tuvieran tanques.

La verdad es que tanques, tanques, lo que se dice tanques tienen poquitos, pero la fama pacífica de este pueblo cala tan hondo en los que vivimos aquí y gracias a Dios la idea de ver a este país en guerra o parecido nos parece tan pintoresca como si la viéramos en una opereta.

Pero sí: los tanques han hecho su aparición. Cuatro, exactamente. Y los soldados: hasta setecientos cincuenta.

Estas cifras, muy lejanas de las que maneja el loco de Corea (la mala) han bastando sin embargo para que se haya abierto una crisis diplomática, de momento manejable, entre Roma y Viena.

De momento, el Gobierno del Quirinal ya ha citado a consultas al embajador austriaco, para que le explique a los italianos los cómos y los porqués de este Gobierno austriaco en suspenso.

Veamos: en lo que va de año se calcula que han llegado a Europa, mayoritariamente desde Libia, unas cienmil personas. Para poner las cosas un poco en perspectiva, digamos que esta cantidad representa más o menos el doble de la población de la ciudad española de Segovia y un poquito más de la mitad de los habitantes de Alcalá de Henares. Un porrillo de gente. Casi todas estas personas son refugiados de la guerra Siria o de la propia guerra de Libia, país que desde que Gadafi murió, un poco como un Calígula víctima de sus excesos, también está sumido en una guerra civil (guerra civil, por cierto, que le complica mucho la vida a la Unión Europea a la hora de intentar atajar el problema de las mafias de tráfico de personas, porque claro, lo lógico sería pactar con el Gobierno libio, pero ¿Con qué Gobierno? This is the lamb´s mother). Seguimos.

Un ochenta y cinco por ciento de esos cienmil han aterrizado en Italia, en mataderos y campos de concentración (sí: son campos de concentración) como los de la isla de Lampedusa.

El razonamiento austriaco es el siguiente: imaginemos que, con el buen tiempo, lleguen más personas; imaginemos ahora que el sistema de acogida italiano, por h o por b, falle (o bien porque exceda su capacidad o porque a los italianos se les inflen gli pelotti y decidan, a la Erdogan, que sueltan a todo el mundo y que homosexual el último) ¿Qué van a hacer todos los emigrantes? Pues intentar diseminarse por Europa, preferentemente en los países ricos. Quizá no quieran, como hace dos años, irse a Alemania, sino que igual les dará por quedarse en Austria. Para contener esa potencial avalancha de personas y que no nos pase lo que ya nos ha pasado, pongamos soldados en la frontera con Italia. Setecientos cincuenta hombres es muy poco probable que contengan nada y cuatro tanques (literal) ya ves tú lo que harán cuatro tanques, sin embargo, actuarán de medida disuasoria (por lo menos).

¿Qué piensan en Italia? Pues a los italianos lo que mejor les vendría sería que la Unión Europea, eso que suele llamarse „los socios comunitarios“ arrimasen un poquitín el hombro. Bueno, a los italianos y a los austriacos también. Los socios comunitarios de la Europa rica, que también es la Europa liberal (no se sabe qué fue primero, si una cosa o la otra) estarían digamos que medio dispuestos. La Europa pobre, la de „la familia tradicional“, la islamofobia y la de tengamos contento a Putin que igual nos resucita el Pacto de Varsovia y la liamos a la ucraniana, dice que no way, que ellos no acogen a ningún refugiado porque el islam no pertenece a las esencias culturales y tradicionales de la Europa cristianísima y esa gente viene a chupar del bote y a poner bombas (a veces, lo dicen hasta así literalmente, al cenutrio modo). Así que de ese lado, como no sea por medios coercitivos (o sea, quitarles los fondos de cohesión y mandarles al rincón de pensar) poco pueden esperar los italianos.

En Italia dicen (y, probablemente, tienen su parte de razón) que la decisión del ministro Doskozil (no olvidemos, del SPÖ) de mandar los soldados a la frontera y los famosos cuatro tanques cuatro, no se puede desligar del hecho de que Austria, en estos momentos, se encuentre en una campaña electoral de baja intensidad y que, con la medida, se pretenda lanzar un mensaje a los votantes de que „nosotros también vamos en serio“. Como digo ¿Qué hay de verdad? Sin ser malpensados podría decirse que mucho. De momento ayer, Sebastian Kurz, representante de la nueva ultraderecha, en declaraciones a la agencia APA hizo pensar en una película de esas en las que Will Smith salva al mundo, diciendo que habrá que proteger (schützen) la frontera. La ultraderecha tradicional hubiera empezado ya con los controles en la frontera con Italia (quédese con la versión auténtica, rechace imitaciones, parecen decir).

Naturalmente, el Gobierno austriaco desmiente totalmente que el asunto se deba a estos motivos bastardos y abogan porque todo es ponerse el parche antes de que les salga el grano.

Según las informaciones que pueden obtenerse facilmente, lo que está claro es que, de momento, la avalancha de inmigrantes no se ha producido. Los que vigilan el paso entre Italia y Austria hablan de 15 o 20 personas todos los días. O sea, una cantidad manejable.

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