El verano del amor

La larga espera (!Un año!) ha llegado hoy a su fin. Si quieres saber de qué, no tienes más que leer este artículo.

10 de Julio.- Yo no tengo hijos pero si los tuviera o tuviese, lo único que les pediría es que aprendieran idiomas.

Considero que una de las elegancias del alma es la de ser respetuoso y tolerante con la vida ajena.

O sea, tolerante no: porque el que tolera significa que la vida de los otros le fastidia y él se chincha, o sea, se aguanta. Pues no: no hay que ser tolerante de ninguna manera, hay que ejercitarse en que la vida de la otra gente, siempre que no le haga daño a nadie, a uno le dé lo mismo y en querer a la gente como es, no como nosotros pensaríamos que deberían ser. Y eso solo se consigue, generalmente, poniéndose en el lugar del otro. Cuando uno aprende idiomas, lo de ponerse en el lugar de otra persona sale completamente solo. De hecho, para intentar entender, uno tiene que hacer el esfuerzo de ponerse en el lugar del otro. Esta persona que me está hablando y que no le entiendo una palabra de lo que me está diciendo ¿Qué está pensando? ¿Qué le pasa por la cabeza? ¿Qué puede estar queriéndome comunicar? De manera que uno empieza por querer entender las palabras y termina entendiendo al ser humano.

A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas políglotas y ninguna de ellas era intolerante. Cuando uno está con personas que hablan idiomas, siempre está cómodo, porque sabe que funcionan en la misma lógica que uno.

Si mis lectores pasan revista a su archivo mental, se darán cuenta de que la mayoría de las personas mastuerzas que conozcan solo hablan su lengua materna y aún esa, malamente. Así, a bote pronto, solo se me ocurre una excepción: el putín de Putin habla, aunque muchos de mis lectores no lo sepan, un alemán muy bonito (dio un discurso en la ONU no hace muchos meses y yo me quedé soprendido) aunque claro, en un ex espía se comprende.

Y luego, claro, está el placer, el auténtico, el exquisito, el divino placer diría yo, de que la gente te cuente sus historias en su lengua materna y tú entenderles, y beberte cada matiz de lo que dicen y apreciar todas esas pequeñeces que se pierden en la traducción ¿Hay nada más hermoso que eso?

Hoy, he escuchado que frau Doktor Spira, la protagonista del artículo de hoy, decía:

-Hay gente que es adicta al alcohol, hay gente que es adicta a las drogas, yo soy adicta a las historias.

Palabra por palabra, yo suscribo esto.

Solo por poder disfrutar, cada verano, de las quisicosas de Liebes Geschichten und Heiratsachen, el programa de entrevistas de la ORF cuya vigésimo primera temporada empieza hoy, ha merecido la pena todo el esfuerzo de aprender alemán.

Hoy, el primer programa ha sido un „grandes éxitos“ o sea, gente que ha ido al programa de Frau Spira buscando novio/a (algunos, hasta han encontrado novia, luego novio, luego novia otra veza) y han cambiado su vida.

El programa de frau Spira, que uno no terminaría nunca de alabar, es denostado por algunos austriacos, quizá porque Spira nació profesionalmente como una periodista „seria“ (con todas las comillas posibles) que reflejaba sin ningún tipo de suavizantes la realidad de este país -judía, como su apellido lo indica, tuvo los huevos de hacer un programa absolutamente escalofriante sobre el antisemitismo en la sociedad austriaca en los ochenta, hecho al cien por cien con testimonios reales de personas que sabían que la estaban grabando y que soltaban por su boca sucia los prejuicios más crueles-. Quienes no gustan de su programa acusan a frau Spira de sacar solo a gente friki, como si se tratara de una parada de los monstruos.

Lo que sucede no es eso, sino que todas nuestras vidas, la mía, la de mis lectores todos, son descomunales y extrañas si uno las observa con la suficiente atención. Lo único que, nosotros, todos, hacemos la vista gorda sobre esos aspectos extraordinarios que, casualmente, son los que hacen nuestra vida más interesante para cualquiera que nos observe con la intención, como decía más arriba, de entendernos y, por lo tanto, de querernos.

Si después de ver el vídeo de abajo no mueren mis lectores de amor, es que no tienen corazón en la caja torácica


Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a El verano del amor

  1. Ana Marcela dice:

    Paco, admiro tu forma de ver la vida, es sencillo: haz lo que se te de la gana sin hacerle dano a nadie! Sentido comun, gracias por los diversos colores de tus escritos que por cierto transportan la mente… Buen dia

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