Aspirina complex

El bloguero seguiría disimulando delante de sus lectores, pero no tendría ningún sentido. Hoy, explica lo que pasa.

12 de Julio.- En muchos sentidos, la mente es la criada del cuerpo. O sea, que si el cuerpo dice que nanai, ya puede la mente ponerse terca, que no hay nada que hacer. Mis lectores no se habrán dado cuenta (espero) pero yo llevo enfermo desde el sábado. Nada grave, nada de lo que nadie se muera. O sea, un catarrazo tremendo, catarro de verano, de esos que menudean porque en unos sitios hay aire acondicionado y está puesto de manera que se pueden mantener bacalaos congelados sin ningún problema, y en otros hace el calor propio de estas fechas. Uno pasa del calor al frío y del frío al calor y, en un momento dado, cae.

Con todo el equipo, además.

La cosa empezó el sábado por la mañana, con un dolor de garganta que iba in crescendo y una sensación de lucidez extraña que siempre me asalta cuando me voy a acatarrar. Es como esa calma que hay antes de las tormentas. Una calma que no es tal sino que está llena de presagios, como un animal dispuesto a saltar.

Luego, por la tarde, vinieron unos amigos a casa y estuvimos haciendo un poco de barbacoa, ocupación típica de estas fechas, horror de médicos especialistas en subidas de colesterol, y mientras yo me acatarraba más y la garganta me dolía más, discurría la vida y se hablaba de cosas. Por ejemplo, de que, después de treinta años de conocerse, una pareja de las presentes había decidido que el Estado también se enterase de que su relación existía.

Lo dijeron así como de pasada, como quien dice: que mira, que he pasado por el XXXLutz (famosa tienda de muebles de estas latitudes, que tiene una publicidad muy machacona de la que es imposible librarse) y me he comprado un par de platos para reponer los que se me habían roto.

Pues igual.

El anfitrión, generalmente hambriento (el protocolo marca que es el último que come) en esta ocasión tan austriaca como es la barbacoa, suele tener una oreja puesta en la conversación de la mesa y otra en las salchichas, no se le vayan a quemar y, si además, ese anfitrión está como estaba el sábado yo, tratando de disimular que lo que más le apetecía era meterse en la cama y sudar el resfriado incipiente, pues se comprenderá que tuvo que esperarse hasta la casa vacía para darse cuenta de las consecuencias de aquella noticia.

La boda, por cierto, se celebrará sin más personas presentes que las estrictamente necesarias. Los novios así lo quieren y hay que respetarlo. Los que les queremos y comprendemos, por lo tanto, su deseo de privacidad, les mandaremos un guasap en el día de autos o después.

Decía al principio que la mente es la criada del alma porque estos días me está costando Dios y ayuda escribir los posts con los que entretengo (o lo intento) a mis lectores. Uno se da cuenta de que la energía que emplea le viene de algún sitio recóndito que, en cualquier caso, debe de residir en ese lugar en donde está la salud, y que esa energía, por lo que sea, le falta.

Y no es por falta de temas, porque cosas han pasado en Austria estos días. Sin ir más lejos, unos jáquers lanzaron un ciberataque y paralizaron la web del Ministerio de Integración, todo porque el Gobierno austriaco había prohibido que el ministro de economía turco echase un mítin delante de sus conciudadanos.

También podríamos haber hablado del tiempo ¿Qué harían los redactores del Österreich -gran periódico- o del Joite si tuvieran prohibido hablar de los granizos como melones que estos días han bombardeado Austria? Lo que pasa es que yo, con catarro y todo, no quería caer tan bajo como para contar lo del tornado (Sí: un tornado) que se abatió hace unos días sobre el aeropuerto de Schwechat (sin causar más daños). Es que a mí, hablar del tiempo, aunque el tiempo se ponga espectacular, me parece reducir la vida a una de esas conversaciones de ascensor en las que un bekannte se encuentra con otro bekannte y, durante cuatro o cinco pisos, se masca la tensión.

En fin: hoy, cuando ya he decidido que sufrir para nada es tontería, que ya trae la vida bastantes cosas irremediables, he decidido entrar en la botica más cerca a mi trabajo y explicarle mis cuitas a la farmacéutica la cual, gentil, me ha dado una caja de Aspirina Complex la cual, a pesar de su nombre, es fácil de utilizar. Esperemos que me haga algo y encontremos el camino de la mejoría.

De momento, fuera, mientras escribo esto, está cayendo un tormentazo que parece que se va a acabar el mundo. Esperemos que no sea un presagio.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me