Sonrisas, lágrimas y guantazos

Las autoridades de Salzburgo le pondrían una calle a Maria von Trapp, la protagonista de Sonrisas y lágrimas, muy gerne. Pero es que la pobre tenía un defectillo.

30 de Julio.- El otro día, mientras estaba lijando una mesa, pensé que, dentro de muy poco, van a empezar a caer los centenarios de obras que, cuando yo las veo, me parecen tan modernas como si las hubieran hecho ayer.

Si retrocedemos cien años, o sea, a mil novecientos diecisiete, es fácil darse cuenta de que, en aquel momento, aun en medio del espanto de la primera guerra mundial, la Humanidad se encontraba en las puertas de la explosión de locura, creatividad y subversión que dio lugara lo que podríamos llamar „el tejido cultural“ que llevamos utilizando durante el último siglo.

Una continuidad tan larga hace que, naturalmente, los occidentales tengamos, a ratos, problemas para administrar nuestra relación con un pasado que, a veces, nos resulta extraño o incómodo, porque muchas cosas han cambiado mucho en el último siglo -afortunadamente-.

Por ejemplo, la posición de las mujeres en la sociedad. Aunque quede muchísimo por hacer, es obvio que una mujer normal de hoy tiene unas prioridades muy distintas a las de sus abuelas y cualquier muchacha de nuestros días se descojonaría en la cara de cualquier hombre que le pidiera que fuera „el ángel del hogar, madre nutricia de la prole“. O el modo en que la gente concibe la relación con los niños y la manera de educarlos. O las relaciones entre las razas -a principios del siglo pasado el racismo y el antisemitismo eran prejuicios muy extendidos y casi conmunmente aceptados, y no dejó de ser así hasta antes de ayer, como quien dice -.

Como consecuencia de estas cosas,aparecieron productos culturales a los que, por un lado, les reconocemos un valor indudable pero que, por otro, nos inquietan, porque agazapados en la maleza del placer que nos producen, aparecen pinchos, en forma de prejuicios machistas, racistas o autoritarios.

En los libros o películas dirigidos a los adultos, estas cosas pasan más desapercibidas y la mayoría puede incluso hacer abstracción de ellas. Sin embargo, en los libros para niños, cuyo propósito, principalmente, es que los más jóvenes aprendan los valores vigentes en la sociedad en la que viven, estos prejuicios, estas cosas incómodas o raras, o desasosegantes, están en crudo y claro, resultan muy complicadas de tapar ¿Qué hacer?

En este brete se encuentran las autoridades de Salzburgo. Resulta, como todos sabemos (menos los austriacos, que se niegan a aceptarlo) que la mayoría de los turistas americanos y asiáticos que van a esa ciudad vienen para ver los escenarios naturales en los que se rodó „Sonrisas y Lágrimas“/“La novicia rebelde“/“The sound of music“. Como es bien sabido, esta película musical se basa en la autobiografía de Maria von Trapp, la madre/madrastra de los hijos del Capitán Von Trapp. En la película, el personaje que interpreta Julie Andrews es una variación de Mary Poppins. O sea, una señora maternal, comprensiva, que quiere a los niños y los defiende de un padre de los de antes (de la guerra) el cual al final pasa un poco por el aro y dulcifica su carácter (en cierto modo, el argumento es una paráfrasis de „La Bella y la Bestia“).

Ocurre sin embargo que la auténtica Maria von Trapp no solo estaba fatal de la cabeza sino que era una bruja que trataba a sus hijos e hijastros de una manera que hoy nos parece absolutamente inaceptable.

Para muestra, un botón. En un momento del libro que, convenientemente espurgado, serviría de base a la peli de Julie Andrews, la auténtica Maria von Trapp explica esta bonita escena llena de amor maternal. Cuando el pequeño Johannes von Trapp, entonces de quince meses y hoy, si vive, un anciano, se negó a ordenar sus juguetes, con vehementes nein, nein, la madre le arreó una somanta de palos para que aprendiera. Escuchemos lo que argumenta Maria von Trapp para defender su decisión:

No había más remedio. Tras esta primera paliza (Prügeln), que recibió en su joven vida, pateó con su piececito gordezuelo en el suelo y dijo enfadado „No, no,no“ , de manera que a la primera paliza le siguió una segunda y luego una tercera. De pronto, se iluminó su carita, se subió a mi regazo y y me susurró al oido „sí“ y se quedó dormido de inmediato (exhauso, y más molido que Sancho Panza después de uno de sus numerosos molimientos, añade el autor de esta traducción al vuelo. Continúa Maria von Trapp: esta experiencia le sirvió para muchos años“.

El mito de Maria von Trapp, el universo rosa de Sonrisas y Lágrimas, debe de ser renovado cada cierto tiempo, porque ya se sabe que, si los japoneses van a Salzburgo una vez, es misión de las autoridades turísticas hacer que vuelvan dos. Una manera sería, por ejemplo, ponerle una calle a Maria von Trapp pero ¿Cómo hacerlo con la conciencia tranquila si Maria von Trapp era una tipeja de la calaña que da a entender su autobiografía? Es más ¿Cómo pasar por encima que, probablemente, los métodos educativos de Maria von Trapp, aún aceptando que ella fuera un poco más malvada que la media, eran seguramente compartidos por la mayoría de sus contemporáneos y de los lectores del libro, que también habían crecido en una cultura en la que los niños eran considerados adultos defectuosos? (de hecho, el párrafo en cuestión debió pasar a la obra final porque a los editores no les escandalizó de ningún modo, ni lo encontraron chocante, ni tampoco los lectores del libro).

Según los psiquiatras (modernos) que han estudiado médicamente su autobiografía Maria von Trapp tenía un perfil muy en común con Hitler. Narcisista, destructivo, profundamente inseguro.

Aunque también es verdad que, si hubiera que quitarle las calles a todos los personajes malvados que tienen una (en Salzburgo y en todas partes, no ganaríamos para placas).

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