En Neusiedl am See pierden la cabeza

La localidad de Neusiedl am See, tranquila de ordinario, amaneció hace unos días estremecida por un presunto robo.

2 de Agosto.- Yo siempre digo que los austriacos tienen (afortunadamente) una mentalidad arqueológica y que, como decía Agatha Christie de su marido, el señor Mallowan, que era arqueólogo, „cuanto más viejo seas, más interesante te encontrarán“. A los austriacos les gustan mucho las cosas antiguas hasta el punto de que en Austria es el único sitio en el que David Hasselhof puede hacer todavía giras y la gente va a verle cantar (es un decir, claro).

Agatha Christie fue también la inventora del personaje de Miss Marple. En los sesenta, se hizo una serie de televisión con una actriz llamada Margareth Rutherford, serie que fue un gran éxito en el paleolítico de la tele austriaca, lo mismo que los seriales, hechos con dos Schillings y medio en Alemania, sobre las novelas de Edgar Wallace. Los episodios de Miss Marple protagonizados por Margareth Rutherford son ahora una curiosidad en los márgenes de la cultura popular austriaca, pero a veces uno no tiene más remedio que acordarse de ellos, al leer determinadas noticias del periódico.

Como mis lectores saben, y si no lo saben se lo digo yo, en verano y los fines de semana del invierno, vivo entre Viena y la bonita localidad de Burgenland llamada Neusield am See. Quien quiera saber mi dirección, no tiene más que consultar la guía Michelín de los mosquitos, en la que figuro en un lugar destacado, dado que soy plato predilecto de los mosquitos gourmets que me tienen asaeteado.

Neusiedl es un pueblo grandecito, sobre todo grandecito para lo que suele estilarse en Austria, y en verano está muy animado debido al turismo que viene a remojarse en el lago del cual se dice que es la playa de los vieneses.

El pueblo es, como toda Burgenland, bastante llano y el único promontorio más o menos destacable es la llamada, con más exageración que otra cosa, Montaña del Calvario (Kalvarienberg), elevación del terreno que no pasa de ser una colina de una modesta altura. También hay un cuartel de los tiempos del imperio, que está siendo restaurado para convertirse en una casa de pisos de alquiler. Y una recoleta plaza en la que hay una estatua de Santa Rosalía que tiene más de trescientos años.

Hace unos días, un paseante se dio cuenta de que la cabeza de Santa Rosalía faltaba de su sitio. Seguramente, teniendo en cuenta cómo está el mundo (y peor que lo ponen entre el Österreich y el Kronen Zeitung) el habitante de Neusiedl debió de pensar que igual había sido un atentado islamista (en el pueblo viven, desde hace algo más de un año, algunos refugiados sirios, gente salada, con los que, a veces, coincido en el tren y en otros sitios). Como una flecha, el ciudadano fue a denunciar que a Santa Rosalía le faltaba la cabeza.

Las fuerzas del orden, siempre diligentes, se personaron el el lugar en donde yace, desde más de tres siglos, la santa, ahora decapitada. A falta de Miss Marple tuvieron que hacer ellos mismos el estudio de la escena del presunto crimen. Se dieron cuenta de que el corte de la piedra era nuevo y pensaron que había sido un robo. Así se lo comunicaron a la prensa local, que dio noticia del extraño hurto.

La concejala de cultura del ayuntamiento de Neusiedl am See, señora Isabel Lichtenberger (del SPÖ) declaró sumamente compungida que la cabeza de Santa Rosalía, pedazo destacado del patrimonio histórico del pueblo, había desaparecido sin dejar rastro.

Más tarde, sin embargo, el caso dio un vuelco inesperado. Después de comer, a la hora de la siesta, como aquel que dice (siesta que se agradece en estos días de calorazo) se personó en la comisaría de policía de Neusiedl un hombre con un bulto bajo el brazo. Teatralmente, lo descubrió y resultó ser la cabeza robada, solo que no había sido robada.

Dada la edad provecta de la efigie de Santa Rosalía, hacía unos meses que el municipio de Neusiedl había encargado a un restaurador un estudio para su saneamiento. Él era el culpable de que la santa luciera descabezada.

Margareth Rutherford, Miss Marple, hubiera resuelto el caso en menos de un decir amén.

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