Campos de minas

Muchas veces, para desactivar a un político, no hace falta atacarle a él directamente. Veamos un ejemplo.

3 de Septiembre.- La semana pasada, después de ver Liebes Geschichten und Heiratsachen, estuve escuchando la entrevista que Tarek Leitner le hizo a Sebastian Kurz, en el curso de las Sommergespräche de las que he hablado ya en otras ocasiones.

En general, la entrevista fue bastante correcta en las formas y Kurz se escurrió como una anguila de cuestiones bastante incómodas, dándole poca ocasió al entrevistador de morder en serio.

En general, sacamos todos la impresión de que esta capacidad de escurrirse se debía a que su entrevistador era Tarek Leitner, un hombre de maneras sumamente amables. Aún así, Kurz, al que le está empezando a pasar como a Johny Weissmüller, que se bajaba de los aviones dando gritos como en sus películas de Tarzán, y ha empezado por lo tanto a creerse su personaje de gran estadista internacional y chico de oro sin reemplazo posible, se mostró bastante exasperado cuando Tarek Leitner le insistió en que explicase su (hasta ahora vago) programa de políticas sociales y, sobre todo, cómo pensaba financiarlas.

Kurz admitió de bastante mala gana que pensaba hacerlo recortando las prestaciones que Austria le da a los refugiados y que, con esos „minolles“, como cantaba Lolita Sevilla en Bienvenido Mr. Marshall, „les iba a crecer buen pelo a los austriacos“.

Kurz, que está empezando a llevar mal que le lleven la contraria (ya digo, es el actor que está empezando a creerse su personaje) también reaccionó bastante secamente a la pregunta que le hizo Leitner a propósito del papel que la religión (católica) desempeña en el ideario del ÖVP (antaño, era una de las columnas vertebrales ideológicas del partido pero como Kurz aspira sobre todo a presentarse como el jefe de „un movimiento“ socialmente transversal y en Austria la religión, como en todas partes, pierde gas como motivador del voto, ahora no le conviene que el catolicismo, asociado sobre todo con los viejos, ocupe un lugar demasiado prominente).

Leitner terminó de arreglarlo preguntándole a Kurz por la negativa de su partido de aprobar el matrimonio igualitario, a diferencia de lo que ha sucedido en Alemania en donde Merkel, correligionaria de Kurz, no tuvo ningún problema en convertir Alemania en un sitio mucho más justo para un número nada despreciable de ciudadanos.

Aquí Kurz tuvo que improvisar y dijo que Austria no era Alemania y que en Austria ya se había hecho todo lo que había que hacerse en ese aspecto y que no había discriminación. Y le faltó añadir: „y deje de preguntarme ya cosas difíciles que yo a lo que he venido aquí es a hablar de mi libro“.

En general, y salvo estas fricciones de corto alcance, la entrevista transcurrió en un tono si no cordial, sí creo que bastante educado y profesional.

Sin embargo, es obvio que en el Partido Popular austriaco alguien sintió que, aún habiendo sido Tarek Leitner una sister of mercy, la carrocería aún virgen de Sebastian Kurz había corrido algún peligro de ser rozada y a nadie le gustó. Sin embargo, callaron, porque tampoco querían hacer llegar al exterior la existencia de alguna fisura en la monolítica confianza que el ÖVP tiene en su nuevo Amado Líder.

Esta semana, sin embargo, toca que Tarek Leitner entreviste a Kern, el aún canciller. Kern es, en mi opinión, un político altamente telegénico. Como persona, puede que no tenga el tirón mediático de Kurz y puede que tampoco tenga la simpatía de profesora de instituto guay de Ulrike Lunacek, tampoco, sin duda, ofrece ese chorro de protéica energía de Strolz, cabeza visible de los Neos, pero es un hombre que combina, en mi opinión muy bien, una cabeza muy fría con un aspecto que, aunque suene raro decirlo, es muy entrañable. Y eso da muy bien en cámara. Sobre todo ante las que, en muchos hogares austriacos, deciden el voto: las mujeres.

La táctica del ÖVP para desactivar a Kern ha sido muchísimo más maquiavélica que sacar a alguien diciendo que Kern es un tal o un cual.

Al fin y al cabo, hubiera sido lo esperable, y el mensaje hubiera corrido el peligro de pasar desapercibido entre la lluvia de improperios que garantiza (desgraciadamente) la incipiente campaña electoral.

Así pues, el quinto en la lista del ÖVP, Efgani Dönmetz (que hasta el año pasado era un „verso suelto“ dentro de los verdes) ha lanzado la especie (falsa, según sus protagonistas) de que Christian Kern y el periodista que le va a entrevistar mañana son amigos fuera de los platós y que incluso se han ido de vacaciones juntos. A Marruecos, más concretamente. Como digo, los dos protagonistas del rumor han negado la mayor. Sí que estuvieron de vacaciones juntos con otras familias en 2015, dado que sus niños son amigos en el colegio, pero en aquel momento Kern no era aún canciller y, por lo tanto, no podía haber conflicto de intereses.

Se ha requerido a Dömnetz que aporte pruebas, si las tiene, de lo que dice, pero aunque admitiera que no las tenía, daría igual. Dada la naturaleza de estas cosas, y lo rápido que funcionan hoy en día las comunicaciones, la duda ya estaría sembrada y el daño, por lo tanto, ya estaría hecho.

Articulo publicado en Política/Economía. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow Me