Los austriacos son muy amables

Los de que somos de allí, pero vivimos aquí, vivimos en una tensión no resuelta. A veces, salta cuando menos te lo esperas.

4 de Septiembre.- El otro día presencié una conversación sobre un tema aparentemente banal. Pero solo aparentemente.

La mantuvieron dos personas a las que respeto mucho. Ambas son inteligentes, cultas y yo diría que liberales y progresistas (liberal en el sentido que se le daba antiguamente a la palabra, o sea, personas que, mientras el prójimo no dañe ni fastidie a nadie, puede hacer lo que le dé la gana).

!Ah! Antes de seguir tengo que aclarar que uno era español y el otro austriaco, porque creo que se trata de una información importante.

El tema (!El viejo tema!) era el usted y el tú, en el entorno de trabajo. Mi amigo español se quejaba de lo protocolarias (vamos, decimonónicas para el estándar español) que son las relaciones en la empresa austriaca en la que trabaja, entre trabajadores entre los que no existe ninguna diferencia jerárquica. Que si herr Magister por aquí, que si Herr Diplom Ingenieur por allá, que si Frau Fulanita (con perdón) que si Herr Perenganito…Que si doblamientos de espinazo hasta tocar las puntas de los dedos de los pies cuando aparecía el jefe…Yo trataba de terciar y explicarle -sin mucho éxito, porque mi amigo estaba bastante mosqueado con el tema- que la columna vertebral del sistema económico austriaco son empresas familiares de mediano tamaño y que incluso cuando esas empresas crecían, convirtiéndose, pongamos en pequeñas multinacionales, quedaba en el ADN de la organización un algo de ceremonioso que tengo que decir que a mí no me parece mal (siempre, eso sí, que no se caiga en el exceso) aunque no deje de reconocer, al mismo tiempo, y sin que ello me parezca contradictorio, que un siglo después de la muerte del emperador Sosó todo resulta un poco anacrónico.

El amigo austriaco nos escuchaba muy acongojado, con la misma cara que si viera a dos críos de cinco años tirarse el uno al otro las copas de la cristalería de cristal de Bohemia de la abuela y es que los austriacos, por muy progresistas o cultos o viajados o liberales que sean, no dejan de ser austriacos y el respeto a la jerarquía (sea injusta o no lo sea, en eso no se entra) está en el alma austriaca lo mismo que en el alma española está el desconfiar de los que están por encima de nosotros (tampoco se nos puede reprochar: llevamos siglos teniendo jefes, del rey para abajo, que cuando no eran medio tontos eran unos sinvergüenzas o cuando no, las dos cosas a la vez, o cuando salían siquiera medio buenos, duraban tan poco acosados por los sinvergüenzas y los tontos, que casi no merecía la pena tomarse el trabajo de respetarles; de todo lo cual el sufrido pueblo español ha sacado la creencia, que los hechos parecen probar, de que los organigramas, para lo único que sirven, es para limpiarse aquellas partes de la anatomía que se ensucian cuando uno va al retrete).

Para terminar de complicar las cosas, mi amigo austriaco trató de explicarle a mi amigo español lo humillante que podía llegar a ser decirle a un austriaco, aunque solo fuera por intentar facilitarle la vida, que le tratase a uno de tú y se dejase de tantas tonterías y de tanto usted y usted, las complicadas reglas al respecto (empezó diciendo „bueno, estas cosas casi nadie las sabe ya, pero…). Esto fue demasiado para mi amigo español, partidario de la llaneza (lo que el pensador español fascista Jose Antonio Primo de Rivera llamaba „el laconismo militar de nuestro estilo“). Así que cortó al austriaco y, lapidario (y con riesgo grave de que el otro dejara de tutearle y le devolviera a las tinieblas exteriores del usted primordial) dijo lo siguiente (en alemán):

-Mira, Fulano: el trabajo es una tortura – de hecho, la palabra española trabajó del latín Trepallium, que era exactamente eso: un instrumento para hacer cantar a los presos recalcitrantes- y solo faltaría que la gente que está pasándolas canutas tuviese que estar todo el santo día con esas etiquetas !Ni que esto fuera Versalles! Yo, si tiene el mísmo trabajo que yo, de tú.

Y para alipori de mi amigo austriaco, añadió (en español):

-Y a tomar por culo todo, hombre.

-!Ya salió el comunista! -dijo alguien tratando de rebajar la tensión, y todos nos echamos a reir (habíamos ya tomado unos vinos).

Lo interesante de todo esto fue la reacción del austriaco ante el exabrupto. Él, que pasa por ser una persona librepensadora y, dentro de lo que cabe, hasta irreverente, miró a mi amigo español como si hubiese dicho una cosa descomunal y, pálido, le dijo:

-Si es verdad que piensas todo eso !Por favor, no dejes que se te note!

Yo, que escuchaba con una media sonrisa, me acordé de una cita del actor austriaco Christoph Waltz. Estaba invitado en un programa americano y le preguntaron cómo eran los austriacos (advierto que, en español, la cita pierde algo de gracia, así que la pongo en inglés):

-Ah, the austrians? They are very friendly…but they don´t mean it.

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Un comentario a Los austriacos son muy amables

  1. Jaime dice:

    Cuanto más hacia la izquierda del mapa te mueves, menos importante es el tratamiento, por lo menos a mí me lo parece (tenemos varios clientes en Voralberg, los cuales, lo primero que pregutanron era si nos podíamos “duzear”).

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