Los austriacos son muy amables (el retonno)

Una encuesta realizada por una consultora ha dejado a los austriacos, en lo tocante a la amabilidad, a la altura del betún ¿Hay por qué?

8 de Septiembre.- La globalización ha creado un nuevo tipo de personas: los expatriados. A mí, personalmente, la palabra me parece bastante fea, quizá por ese prefijo ex, que siempre asociamos a cosas que hemos perdido o de las que estamos fuera. En cierto sentido, los expatriados son, personas que no tienen más patria que la multinacional que les da de comer, que les busca un piso en Vladivostok o en Mombasa o que se ocupa de que sus hijos vayan a un colegio internacional, en el que aprendan el inglés bastante como para poder decir que una situación es „tricky“ o que tienen que andar la dichosa „extra mile“ si quieren conservar su estado de ciudadanos del mundo.

Como, generalmente, las estancias de estos expatriados tienen fecha de caducidad (la sepan los interesados o no) estas personas, generalmente, viven como de toda la vida han vivido los diplomáticos y sus familias o antaño vivían los funcionarios coloniales. O sea, en burbujas que se comunican poco con la realidad de los países en los que viven. O sea, que si hay una manifestación por algo de política local, a ellos se la refanfinfla (tampoco van a estar tanto tiempo en el país como para aprender el idioma aborigen lo suficiente para entender los eslóganes, que de todas formas son igual en todas partes). Total: mañana van a estar en Teherán o en la Habana, o sea, que tampoco hay que sulfurarse.

También los expatriados ven las cosas de su país de otra manera, mucho más relajada (el auténtico expatriado ha asimilado perfectamente la evidencia de que cualquier nacionalismo, hoy en día, es totalmente absurdo y ve esas cosas que, por ejemplo, pasan estos días en Cataluña -por los dos lados- como vestigios de una edad de piedra lejanísima, cuando no como paleteces que, al fin y al cabo, no dejan de ser ecos, repeticiones, de las querellas que tienen los mismos politiquillos de siempre en el país al que sus hijos van al colegio internacional).

Los expatriados viven, de hecho, bajo una especie de Gobierno global, cuyas leyes son los juegos entre las empresas. Cualquier patriotismo, como se entendía en el siglo XX, carece de sentido (aunque, de hecho, los Estados nacionales sigan existiendo y la mayoría de la población no se haya enterado aún de que son estructuras provinciales que , para muchas cosas, se han quedado perfectamente obsoletas).

Para esta gente, para los expatriados, se piensa el mundo. Y esas personas, que son, en los países en donde viven, como ese invitado que hay en todas las fiestas que ha venido con alguien, pero no se sabe bien con quién y que está de pie en el salón de casa, con el gin tonic en la mano, sonriendo un poco a todo el mundo, buscando algún banderín de enganche para unirse a la conversación general, a esa gente, una consultora americana les ha hecho una encuesta para que evalúen esa fiesta tan divertida a la que están invitados y de la que se enteran lo que van pudiendo.

¿Qué piensan los expatriados del sitio en donde viven? ¿Qué piensan los expatriados que viven y trabajan en Austria?

Pues piensan que los austriacos son, de todos los pueblos evaluados (sesenta y cinco en total) los penúltimos en cuanto a amabilidad. Piensan -y deben de tener razón- que el no saber alemán constituye un impedimento grave para relacionarse con los austriacos -yo creo que, en esto, los expatriados tienen razón-. Según la encuesta, por lo menos seis de cada diez personas preguntadas se han sentido alguna vez no bienvenidas debido a su acento o a su falta de conocimientos del idioma; como siempre: en esto, como en todo, hay clases: los acentos árabes y del este levantan en los austriacos muchas suspicacias, en tanto que los mediterráneos -también porque somos pocos- suelen ser vistos como sexis o graciosos. También dicen los expatriados que es difícil hacer amigos austriacos -es verdad que cuesta, porque los austriacos suelen ser gente prevenida- y solo Kuwait (esta es la anécdota que han contado los medios con más profusión) queda por debajo de Austria en acogida fría al extranjero.

Ahora bien: si esto es así ¿Por qué razones los trabajadores que trabajan en el extranjero, gente por lo general de un nivel educativo por encima de la media de sus países y con un nivel adquisitivo alto, prefieren Austria para vivir? Pues porque este país también tiene muchas cualidades. Por ejemplo, la seguridad (toquemos madera) o que se dan condiciones muy favorables para que vivan las familias, o el sistema educativo.

Para terminar, quisiera decir una cosa: como es notorio, llevo viviendo en Austria una eternidad. Y nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, he tenido el más mínimo problema. Los austriacos han sido conmigo siempre amabilísimos, y jamás me he sentido desplazado. Por lo que a mí respecta, pues, la encuesta no es aplicable pero yo la pongo aquí, porque luego si no la gente me dice que veo todo de color de rosa

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Un comentario a Los austriacos son muy amables (el retonno)

  1. Nataly dice:

    Hola! Pues a mi me caen muy bien los austriacos. Pero considero que si uno sabe su idioma y demuestra que tiene las ganas de adaptarse, te llevas un plus a la vista de ellos. Y en general creo que en cualquier país siempre cae mejor el que desea integrarse. No creo que todo sea color de rosa en Austria, es más también he visto gente muy intolerable. Lo curioso es que eran extranjeros (europeos). Saludos!

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