El candidato se saca la chorra

Los debates electorales y sus tácticas: a veces, los candidatos no tienen mejor idea que sacarse la chorra.

14 de Septiembre.- Los Verdes austriacos se encuentran, de cara a estas elecciones, en una situación bastante delicada. El rosario de calamidades empezó cuando Eva Glawischnig, la anterior lideresa, perdió a los jóvenes verdes, lo contamos aquí.

Después, los verdes perdieron a la misma Eva Glawischnig. Después, el liderazgo de los verdes se hizo bicéfalo: dos mujeres: Ingrid Felipe y Ulrike Lunacek, en un relevo que resultó de lo más civilizado para lo que se estila en estas cosas. Todo el mundo pensaba que la crisis se había cerrado, pero por debajo de esta fachada de tranquilidad, las cosas ya bullían desde hacía tiempo y las desgracias continuaron, cuando Pilz, una de las caras más populares del partido verde, decidió coger las de Villadiego y establecerse por cuenta propia, haciéndole a los verdes un siete bastante importante por la retaguardia.

Según las encuestas, Pilz se ha llevado, prácticamente, a la mitad de los votantes del partido (son la versión de izquierdas del típico votante gruñón que forma uno de los bancos en los que pesca la ultraderecha, rama lector del Kronen Zeitung y por ahí; los de Pilz son, como él mismo, ese típico cuñado pelma que lo sabe siempre todo mejor que nadie).

En estas apretadas condiciones, la estrategia que los Verdes tienen para no desaparecer del parlamento (tan cruda está la cosa) es ir a por los que ellos consideran que son el núcleo duro de sus votantes: esto es, aquella gente que básicamente teme a la ultraderecha del FPÖ.

Esta semana, empezó la ronda de „duelos“ en la televisión privada Puls 4. Strache hizo doblete: se enfrentó a Mathias Strolz, el jefe de los Neos (ese hombre al que parece que le meten el Red Bull en vena) y contra Ulrike Lunacek.

Personalmente, y casi diría que por interés profesional, estuve viendo mientras cenaba el encuentro Strolz-Strache. Fue relativamente distendido (relativamente) porque Strolz sacó a colación incluso un tema que es tabú normalmente en la política austriaca y es el de los presumibles flujos de fondos entre la Rusia de Putin y los partidos de la ultraderecha europeos. Strache apareció bastante avejentado y se tenía la sensación de que estaba muuuuuuy cansado de decir siempre las mismas cosas que dice. No es de extrañar: de los contendientes, Strache es el político que lleva en activo más tiempo (cuando Strache empezó a decir cosas en contra de los musulmanes, a Sebastian Kurz todavía no le había crecido el vello púbico) y lleva en el cuerpo muchas campañas electorales porque Strache, menos a Miss Austria, se ha presentado a todo durante los últimos quince años.

No presencié pues en directo el agarrón (y fue gordo) entre Ulrike Lunacek y Strache. La Verde venía preparada para matar: y mató todo lo que pudo, mentándole a Strache lo que más podía dolerle (y, además, lo que ella estaba segura que más podían apreciar los votantes que le quedan): esto es, el fantasma nazi y antisemita.

Los correligionarios de Strache le habían dado munición. Lunacek citó además fuentes de diversas organizaciones, como SOS Mitmensch o el comité de Mauthausen, o el Archivo de la Resistencia austriaca, que ha documentado profusamente las actividades ultras del FPÖ. El choque de trenes fue tan fuerte que ambos contendientes salieron a la calle amenazando con empapelar al otro en un pleito.

Pues bien: la semana que viene empiezan los debates en la tele pública y había programado otro encuentro entre Strache y Lunacek.

Al que Strache, por cierto, ha renunciado.

Hoy ha hecho público que no acudirá él, sino que mandará a un comodín, que es un viejo conocido de los lectores de Viena Directo: al candidato tróspido en las últimas elecciones presidenciales: o sea, a Hofer, „la sonrisa del régimen“.

El movimiento resulta completamente comprensible por muchos motivos. Naturalmente, Lunacek representa todo lo que Strache odia: Lunacek es mujer, es lista, es lesbiana y, además, tiene un manejo de la gramática parda de los debates igual que el suyo (con la diferencia de que Lunacek no pierde nunca las formas y a Strache, en cuanto se pone nervioso, le sale el jóven de barrio que fue, en forma de una ronquera característica y ese movimiento de cabeza que se parece al de los perros con muelle que nuestros abuelos llevaban puestos en la luna trasera de los coches). Pero el motivo de renunciar al debate es táctico: es evidente que en el FPÖ quieren evitar que Lunacek utilice al líder ultraderechista para que, rebotando contra él, recupere el favor de uno solo de los posibles votantes. Ya se sabe: al enemigo, ni agua.

Por otro lado, Strache no quiere quemarse (lo cual es muy lógico) y no compareciendo y enviando a su segundo señaliza también otra cosa: que Lunacek es, a sus ojos, también una candidata B.

No hay mejor manera de romper una discusión que rompiendo la baraja.

Como decían en la película aquella „pues ahora, me saco la chorra“. Pues eso.

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