Austria y los pechos de Lola Flores

La campaña electoral austriaca sigue dando quisicosas y sucesos. En contra de lo que pasó en América, a Putin no le ha hecho falta hackearla.

21 de Septiembre.- Jose Luis de Vilallonga fue una persona con una biografía bastante discutible. No se le puede negar el mérito, sin embargo, de haber sido uno de los prosistas más agradables de leer del siglo XX (en lengua española). De ello son prueba sus largas y divertidas memorias, en particular sus primeros tomos, que son una escuela inagotable de amenidad.

Durante mucho tiempo, Vilallonga, que se definía a sí mismo algo pomposamente como „un gentilhombre europeo“ residió en París.

En los setenta del siglo pasado, los médicos le diagnosticaron a Lola Flores un cáncer de pecho (propiciado probablemente por la afición de la Faraona al Winston). Flores era entonces una señora de rompe y rasga que trabajaba como una mula para sacar adelante a su familia. Rehusó la amputación de los pechos, que entonces era lo que se hacía a falta de terapia más efectiva y fue tirando a base de operaciones parciales. En los ochenta, le llegaron noticias de que había un especialista en París que podía ofrecerle ciertas esperanzas de curación y, como no sabía francés, buscó en la ciudad de la luz a un paisano que le hiciera de intérprete. Topó así con Vilallonga.

El aristócrata cuenta en sus memorias que el médico, después de palparle los pechos a la diva y de escuchar los síntomas que sufría, con cara de circunstancias dijo algo en francés. Lola preguntó cuál había sido el veredicto de la ciencia y Vilallonga, haciéndose perfectamente cargo de lo grave del diagnóstico, le dijo a Lola:

-Ha dicho que, si quieres vivir, te vas a tener que operar y que tendrás que dejar de trabajar seis meses o más y someterte a radioterapia.

Lola,entonces, se revolvió como un resorte, miró al gabacho fijamente con esos ojos que habían enamorado a media plantilla de la liga española (Lola siempre tuvo mucha afición por los futbolistas) y le espetó:

-¿Pero usted sabe en qué trabajo yo, mesié?

El „mesié“ levantó una ceja y dijo que no (como es lógico). Por toda respuesta, Lola tiró el visón en una silla, se remangó la falda, sacó el culillo y le bailó al médico unas ruidosas bulerías acompañadas de un vigoroso taconeo, dejándole el parqué de la consulta como si hubiera pasado una manada de caballos desbocados. Terminada la operación, volvió a coger el abrigo y el bolso y le dijo muy seria:

-Mi arte es el pan de mucha gente. No me puedo permitir dejar de trabajar seis meses.

Cogió la puerta, y se marchó a seguir con un rosario de dolores que se prolongó hasta que, a mediados de los noventa, el cáncer pudo por fin con su carácter indomeñable.

Leyendo hoy las noticias me he acordado de esta anécdota, sobre la que vuelvo a menudo.

Entre ayer y hoy (probablemente no por casualidad) han salido a la luz sendas „filtraciones“ que afectan a Sebastian Kurz y a Christian Kern, cabezas del Partido Popular austriaco y del socialista respectivamente.

La primera, fue un conjunto de presuntos documentos del Partido Popular austriaco que ha publicado el semanario izquierdista Falter, en los que se detalla una llamada Operación Balhausplatz. O sea: las medidas a tomar para crear de la nada una figura llamada Sebastian Kurz y que esa figura gane las elecciones (recomiendo a mis lectores que se lean el libro „El poder en la sombra“ o se vean la peli „The Ghostwriter“ basada en él y en la vida de Tony Blair, para que sepan a lo que me refiero y que no es nada nuevo).

Los documentos, de los que no resulta fácil verificar la autenticidad (aunque parece que una parte es auténtica y otra no) no contienen nada feo o delictivo, fuera de la confirmación de lo que cualquier observador perspicaz es capaz de ver por sí mismo. O sea: que ha habido y hay un equipo de gente trabajando para que Lola Kurz salga al escenario todas las noches, baile por las peteneras de una ultraderecha light y luego se vuelva a su casa a jugar con el kit de gran estadista de Playmobil.

El pan de los maquilladores, peluqueros, guionistas (obviamente hay un equipo de spin doctors que le escriben a Kurz las cosas, que si no de qué) ideólogos y demás, depende de que el hombre siga siendo, en palabras de Montesquieu, „la boca muda que pronuncia las palabras de la ley“ o el rostro amable de una serie de ideas que, enunciadas por otro más viejo por ejemplo, igual no tendrían la misma acogida.

La segunda filtración ha sido publicada por el Österreich (gran periódico). Parece ser que el SPÖ contrató a un asesor israelí que se vendía a sí mismo como la última Coca-cola del desierto. El asesor le salió rana a los socialistas y tuvieron que licenciarlo. Sin embargo, mientras tanto, y con el pretexto de poder pensar una estrategia más eficaz para el SPÖ, el israelí pidió informes a propósito del candidato al que tenía que „vender“. Un colaborador de Christian Kern se despachó a gusto diciendo que el que, hasta que fue nombrado canciller, era uno de los directivos más eficientes de Austria, es en realidad un hombre débil, caótico, nervioso y que tolera mal las críticas. Le describe (textual) como „una princesa“ con „la mandíbula de cristal“.

Por el bien de los que dependen de que Christian Flores se marque unas bulerías como Dios manda, esperemos que el colaborador se moviera motivado solamente por la envidia.

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