La honra, los barcos, Kern y el Österreich

Más vale honra sin barcos que barcos sin honra, ha dicho el canciller Kern ¿Habrá muchos que aprecien su gesto?

27 de Septiembre.- Cuando yo iba a la universidad tuve un profesor de marketing muy bueno („manque“ incomprendido por el rectorado, que le dejó ejercer solamente un cuatrimestre). Pese a su fugaz presencia en mi vida, de este hombre aprendí un montón y alguna de sus frases se han convertido para mí en mantras. Por ejemplo, decía:

-Si el producto que ustedes tienen que vender es una boñiga de vaca, el marketing no les valdrá para nada; podrán engañar a los primeros compradores, pero no tendrán una segunda compra que es, al fin y al cabo, el objetivo del marketing, que el que pruebe, repita.

Naturalmente, también puede suceder al contrario. Esto es: que uno tenga un producto resultón pero no no encuentre a nadie que se lo sepa vender. Como le está pasando en estas elecciones al canciller Kern, por ejemplo.

La otra noche quedé con un buen amigo que vive hace ya tiempo fuera de Austria, hombre perspicacísimo. Después de cenar, echamos a andar por esas calles, sumidos en una conversación de las que hacen que la vida merezca la pena.

En esto que paramos en los carteles electorales. Nos detuvimos frente a uno del SPÖ y nos sorprendimos de cómo uno de los partidos más importantes de Austria había podido afrontar la campaña electoral con una estrategia publicitaria no ya mediocre y desganada (que también) sino completamente chapucera.

Es una lástima, porque el producto que tienen, o sea el canciller Kern, es en mi opinión bastante decente, aún descontándole ciertas excursiones al populismo.

En este déficit publicitario puede que esté la raíz de la noticia que hoy nos sirve de tema y que, me temo (tema-temo, madre mía, estoy hoy que lo tiro) también delata que Kern es algo bisoño en esto de la política „profesional“ (en el peor de los sentidos del término „profesional“).

Aún arriesgándose a provocar el „efecto Streisand“ ayer, el todavía jefe de Gobierno austriaco, convocó a los medios para anunciarles que su partido dejaría de comprar espacio publicitario en el periódico gratuito Österreich (ese mismo que un amigo mío tira a la basura en cuanto puede, para que semejante papel no quede al alcance de los niños).

Ello se debe a la relevancia que el citado medio le está dando al presunto correo de un colaborador del SPÖ que analizaba las presuntas debilidades del canciller como candidato resaltando que es incapaz de digerir las críticas, que es flojo de cuerpo y de ánimo y, además, innecesariamente caprichoso, hasta el punto de llamarle „princesa“.

El correo en cuestión ha sido profusamente reproducido por el Österreich, medio que, en general, ya es poco fino en el estilo de dar las noticias (se diría que se dirige a una población de amebas poco alfabetizadas). El canciller, además, ha sido caricaturizado hasta la saciedad.

El Österreich, aunque nos pese mucho a quienes amamos a este país y quisiéramos lo mejor para él, es un medio muy poderoso. Como suelen ser poderosas las vecinas malas que hay en cada bloque, esas que te queman las sábanas si las tiendes un poco por debajo de la raya de su ventana o te echan silicona en la cerradura de tu casa si se te olvida fregar la escalera.

Como el Österreich es gratuito se financia por publicidad y -aquí está la madre del cordero- en estas elecciones el SPÖ ya había decidido antes limitar su presupuesto para anuncios de prensa, considerando que otras acciones son más eficaces. Esto, unido a que ciertas organizaciones afines al partido socialista contactaron hace poco masivamente a los anunciantes del Österreich enviándoles un dossier con recortes del periódico (el cual es, además, el boletín oficioso de lo que podríamos llamar la ultraderecha sociológica, con Andreas Gabalier y Felix Baumgartner a la cabeza) ha desatado la guerra sorda y cruel entre la empresa que edita el Österreich y el SPÖ, guerra cuya víctima mayor ha sido y es el todavía canciller Kern.

Como Kern es una persona civilizada (y como decía, algo ingénua) ha querido afirmar su descontento con el trato recibido sin levantar la voz, pero diciendo claramente que el Österreich se vaya a tomar el viento fresco (que para eso es otoño) que él tirará por otro lado en donde no se lo encuentre. Así actúa, en la vida, la gente decente.

El Österreich ha respondido con un editorial.

Poniéndole a caldo, por cierto.

AVISO PRIMERO:

Una lectora me pide que comparta esta convocatoria y yo, obediente, la comparto. Es una lástima que yo no podré asistir, porque pinta muy bien.

AVISO NÚMERO DOS:

De mañana hasta el domingo, este será un blog en servicios mínimos. O sea, que he dejado programadas un par de cosas, pero para correos y comentarios no estaré !Hasta la vuelta!

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